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Democracia, autoritarismo y emergencia climática

La ola populista y autoritaria que viene conquistando el mundo no es responsabilidad directa de la emergencia climática que vivimos. Pero sí es responsable del colapso de las pocas medidas que se han implementado para manejar la crisis. Português, English

DemocraciaAbierta
18 September 2019

La ola populista y autoritaria que viene conquistando al mundo no es responsabilidad directa de la emergencia climática que vivimos. Pero sí es responsabilidad del colapso de las pocas medidas que se han implementado para manejar la crisis, algo que es más evidente en el caso de América Latina.

El surgimiento de líderes ultraconservadores en países clave como Brasil, que tiene soberanía sobre más del 60% de la selva amazónica, y Estados Unidos, como el segundo mayor contribuyente global a las emisiones contaminantes.

Pero, ¿en qué medida la actual ola antidemocrática es uno de los grandes enemigos para la lucha contra el cambio climático?

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, dijo recientemente que solo a los "veganos que solo comen vegetales" les importa el problema ambiental.

El presidente estadounidense Donald Trump no es muy diferente. Algunas de las medidas que ha tomado incluyen la derogación de regulaciones para reducir las emisiones de dióxido de carbono mientras aboga por el uso de más carbón.

Durante las últimas dos décadas, a pesar de que el mundo ha experimentado una amplia consolidación de los sistemas democráticos, diversos expertos e investigadores han llegado a la conclusión de que las instituciones democráticas, por su componente intrínsecamente deliberativo, carecen de la fuerza y ​​la velocidad necesarias para enfrentar esta crisis.

El historiador marxista británico Eric Hobsbawm, por ejemplo, en su libro Globalización, democracia y terrorismo, publicado en 2008, desprecia la idea de democracia, argumentando que esta forma de gobierno es inadecuada para hacer frente a los problemas globales, particularmente la emergencia climática.

Hobsbawm no está necesariamente equivocado en su análisis. Sin embargo, ejemplos más recientes muestran que, si bien la democracia es muy lenta para contrarrestar los efectos de la crisis climática, los líderes autoritarios actúan con una voracidad acelerada para desmontar los mecanismos de control y regulación establecidos.

Es por eso que hoy, en nuestra columna editorial semanal, analizaremos el vínculo entre democracia y emergencia climática.

Diversos expertos e investigadores han llegado a la conclusión de que las instituciones democráticas, por su componente intrínsecamente deliberativo, carecen de la fuerza y ​​la velocidad necesarias para enfrentar esta crisis.

Democracia y el Amazonas

La destrucción de las selvas tropicales del Amazonas en Brasil, así como la Chiquitanía en Bolivia y los humedales del Paraguay, ha agravado catastróficamente los índices de deforestación, con consecuencias catastróficas para el clima.

Brasil tuvo al menos 72,000 brotes de incendios en lo que va de año, la mitad de los cuales ocurren en la Amazonía. El Instituto Nacional de Investigación Espacial (Inpe) informó que sus datos satelitales mostraron un aumento del 84% durante el mismo período en 2018. Los últimos datos del Inpe también muestran que desde principios de 2019 hasta julio, la tasa de deforestación en la Amazonía brasileña aumentó en un 278%. Siendo esto así, es difícil argumentar que Bolsonaro y sus políticas no juegan ningún papel en lo que está sucediendo en el Amazonas.

Como argumenta Juan Manuel Crespo desde Ecuador, Bolsonaro y otros líderes regionales de distinto color político, como Evo Morales o hasta hace poco Rafael Correa, niegan la emergencia climática, y promueven políticas anti-ambientales. Y no lo hacen simplemente por capricho o por querer ver los bosques en llamas. No. Según Crespo, actúan en nombre de las empresas que se benefician del “ecocidio”, y que son quienes realmente marcan la agenda en su afán extractivo y depredador sin límite.

Así, venimos asistiendo a una degradación de las democracias representativas, cooptadas por intereses privados a corto plazo, reforzando el sistema que hace prevalecer el voto y la voluntad de aquellos que pueden pagar más.

En consecuencia, ¿no estaremos viviendo en democracias representativas ilusorias, puesto que en verdad "representan" a los poderes fácticos de un sistema-mundo que camina hacia la aniquilación de sí mismo y de todos nosotros?

Así, venimos asistiendo a una degradación de las democracias representativas, cooptadas por intereses privados a corto plazo, reforzando el sistema que hace prevalecer el voto y la voluntad de aquellos que pueden pagar más.

Cambio climático y machismo

Otra forma en que la emergencia climática está intrínsecamente relacionada con la democracia y los derechos humanos se aprecia en el perfil de quienes niegan la existencia de esta realidad.

La relación entre la ola ultraconservadora y el negacionismo se ilustra perfectamente en aquellos que usan toda su fuerza para burlarse de Greta Thunberg, activista sueca y ambientalista de 16 años. Como Matt Gelin argumenta, la noticia de que Greta cruzaría el Atlántico en un velero sostenible fue recibida con una oleada de ira masculina.

Estas actitudes no provienen de los trolls de internet, que no tienen rostro ni nombre. Vienen de políticos y periodistas, incluido el activista británico pro-Brexit Arron Banks; el ex funcionario del gobierno de Trump, Steve Milloy; y el periodista australiano Andrew Bolt, entre muchos otros.

¿Es solo coincidencia que estos personajes sean hombres y blancos?

Estudios recientes muestran que no. Los investigadores de la Universidad Técnica Chalmers en Suecia estudian el vínculo entre el negacionismo climático y la extrema derecha antifeminista hace años.

Los autores argumentan que este grupo de personas no ve la emergencia climática como una amenaza para el planeta. Ven el activismo ambiental como una amenaza al status quo; al sistema y las políticas que mantienen a su clase, raza y género – media alta, blanco y masculino – situado en la parte superior de la pirámide.

Por lo tanto, para ellos la amenaza de esta emergencia climática es menor que la de un mundo más igualitario en el que tendrían que competir, en pie de igualdad, con personas que consideran inferiores.

¿Es de extrañar que esta actitud sea reproducida por líderes como Trump y Bolsonaro?

Ven el activismo ambiental como una amenaza al status quo; al sistema y las políticas que mantienen a su clase, raza y género – media alta, blanco y masculino – situado en la parte superior de la pirámide.

Cambio climático y crisis inmigratoria

Las crisis internas generan crisis externas. No es nada nuevo que la guerra civil siria haya exacerbado la llamada crisis migratoria en Europa, lo que ha impulsado movimientos de extrema derecha en todo el continente.

Pero no se habla tanto de que la guerra civil en el país árabe fue causada en parte por el cambio climático. Un estudio de 2015 publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences analiza el vínculo directo entre la sequía que azotó la Media Luna Fértil de 2007 a 2010 y la guerra civil. Según los autores, la sequía fue la peor que se haya visto en la región desde que se empezó a compilar los datos.

Esto es consistente con la constatación científica de que el clima está cambiando en buena parte debido a la acción humana. La sequía ha desestabilizado la región. Para Siria, un país marcado por una gobernanza deficiente y políticas agrícolas y medioambientales insostenibles, la sequía ha tenido un efecto catalizador, contribuyendo a la agitación política.

El resultado de esta mala gobernanza y políticas que no actúan para controlar el clima, lleva a millones de sirios a buscar refugio en Europa y en otras partes, proporcionando munición para las facciones nacionalistas de países europeos, que han ganado espacio en política con discursos xenófobos y radicales. De esa forma, el radicalismo y el autoritarismo de una región del mundo conduce al radicalismo y al autoritarismo en las regiones más democráticas. Lo mismo ocurre, en parte, con la crisis migratoria centroamericana y la reacción xenófoba de Trump y los suyos.

Estamos permitiendo que líderes antidemocráticos tomen las riendas de nuestras instituciones democráticas. Entre las amenazas que esta ola radical representa para nuestras poblaciones incluye la pérdida de ecosistemas, que están llegando al punto de no retorno.

Como lo demuestra Bolsonaro en Brasil, el poder destructivo de un líder antidemocrático es abrumador. El Amazonas, con su inmensa capacidad para atemperar el clima de la tierra, contempla impotente su destrucción frente a este autoritarismo despiadado, al que habrá que frenar con acciones concretas, a pesar de que quizás ya esté siendo demasiado tarde.

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