El mundo se ha alarmado en estas semanas por los devastadores incendios que acechan principalmente los bosques amazónicos de Brasil, la Chiquitanía boliviana y los pantanales paraguayos. Aproximadamente 1.000.000 de hectáreas de bosques biodiversos han sido afectadas en las últimas semanas por impresionantes y recurrentes incendios, evidentemente provocados y sin control.
Nos encontramos ante una desgracia de magnitudes nunca antes vistas, cuyas consecuencias son impredecibles. La única aparente certeza que nos dan los expertos es que regenerar estos bosques a condiciones similares podría tomar más de 200 años. Ante estos sucesos, Noam Chomsky ha catalogado lo que está ocurriendo como un “crimen de lesa humanidad”.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, aparece hoy como el gran culpable de este evento catastrófico ya que, desde su campaña para presidente, ha mantenido un discurso de odio hacia los pueblos indígenas y sus territorios, tildándolos de un “estorbo para el desarrollo”. También ha atacado las políticas conservacionistas apoyadas en organizaciones no gubernamentales y en legislaciones existentes contra la expansión de las limitaciones agrícolas y ganaderas, así como también de la extracción minera y la explotación petrolera.