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Antipopulismo y el regreso a la "normalidad": de Grecia a Chile

“No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema.” English

Antonis Galanopoulos
10 February 2020
Encuentro entre manifestantes y la policía antidisturbios en la Plaza Dignidad | Santiago, Chile | 23 enero 2020
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Fernando Lavoz/NurPhoto/PA Images

Este mensaje estaba escrito en el muro de un edificio de Santiago durante las protestas que todavía se están desarrollando en el país y que pronto se hizo viral en las redes sociales alrededor del mundo:

"No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema”

Normalidad fue la palabra que eligió el presidente chileno y los principales medios de comunicación como discurso político para expresar su esfuerzo por hacer avanzar al país, alejándolo del conflicto social. Cuando el presidente Piñera anunció su decisión de suspender el estado de emergencia, declaró su intención de restablecer la normalidad institucional o recuperar la plena normalidad constitucional, de acuerdo con otro comunicado.

Las referencias a la normalidad han aparecido a un ritmo acelerado desde los primeros días de los disturbios. El Washington Post predijo que volver a la normalidad en Chile podría tomar mucho más tiempo. Otro funcionario argumentaba que " hoy, todos los chilenos están preocupados por recuperar la normalidad".

Tanto los manifestantes como la oposición criticaron y desestimaron este llamado a volver a la normalidad. Un joven manifestante sostenía un cartel que decía: "No podemos volver a la normalidad, aún no hemos logrado nada" mientras que Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista en la Cámara de Diputados, afirmó: "no permitiremos que se imponga una supuesta normalidad que abra el camino a la impunidad".

El movimiento chileno está tratando de debilitar de manera efectiva el punto central del discurso político contrario. Este intento, a través de carteles y murales, de responder al llamamiento presidencial y resistir el " regreso a la normalidad", guarda semejanza con la producción de carteles durante el movimiento de mayo de 1968 en Francia. De hecho, un cartel en particular resulta muy pertinente: filas de ovejas que se desplazan en una dirección bajo el lema "Retour A La Normale"... (Regreso a la normalidad).

Justo un día antes de que estallaran las protestas, el Financial Times publicó un retrato del presidente chileno, Sebastián Piñera, presentándolo como un " luchador comprometido contra el populismo":

Pero el Sr. Piñera está firme, invocando el mito clásico en su lucha contra los demagogos. "Ulises se ató al mástil de un barco y se puso trozos de cera en los oídos para evitar caer ante los... cantos de sirena", afirma el mandatario de 69 años y cabello plateado al Financial Times durante una conversación en el palacio presidencial de Santiago. "Estamos dispuestos a hacer todo lo posible para no caer en el populismo, en la demagogia".

Hace casi tres meses, en julio, Sebastián Piñera compartió el escenario con Mauricio Macri en la cumbre del Mercosur para discutir los peligros del populismo. El tipo de Estado en el que los populistas creen, según dijo, "podría funcionar en el cielo, donde nadie necesita nada; o en el infierno, donde lo tienen todo". Este tipo de sistema produce un tipo de demagogia que puede engañar a ciertos países durante largos períodos de tiempo."

El profundo antipopulismo del presidente chileno y su llamado a "volver a la normalidad" hacen eco del discurso político dominante muy parecido al de Grecia durante los años de crisis y austeridad.

La implementación de políticas de austeridad en Grecia estaba relacionado con un llamado a hacer de Grecia un país "normal". La primera aparición de este repertorio discursivo tuvo su origen en el discurso de la coalición de gobierno de Nueva Democracia y Pasok (2012-2015). El significado de "normalidad" evolucionó como el punto central del discurso dominante pro-memoria, pro-austeridad y la idea de un "retorno a la normalidad" se convirtió en el mensaje central de la época.

El profundo antipopulismo del presidente chileno y su llamado a "volver a la normalidad" hacen eco del discurso político dominante muy parecido al de Grecia durante los años de crisis y austeridad.

Lo curioso es que el mismo repertorio discursivo de la normalidad reapareció en el discurso de SYRIZA, especialmente después de que el gobierno de SYRIZA-ANEL (2015-2019) firmó un nuevo acuerdo con las instituciones de la Unión Europea. La reciente victoria electoral de Nueva Democracia en julio fue elogiada por los políticos y los creadores de opinión una vez más como un paso hacia el deseado " egreso a la normalidad". De esta forma, la normalidad adquirió, en los tres períodos mencionados, un significado diferente y varias connotaciones (políticas, económicas, culturales y estéticas).

La crisis griega se construyó discursivamente no sólo como una crisis económica sino también como una crisis moral y cultural. Esquemáticamente, la crisis fue el resultado de la anomalía de Grecia, un fracaso económico, político y cultural de múltiples niveles y la principal fuente de esta anomalía fue el populismo; el populismo como práctica política y el populismo como cultura política generalizada que supuestamente es predominante en Grecia. En consecuencia, el populismo apareció en el discurso principal como la condensación de todos los males de la política griega: irresponsabilidad, demagogia, inmoralidad, corrupción, irracionalismo, estatismo.

Al observar los patrones comunes del discurso político dominante en Grecia y Chile, vale la pena reflexionar sobre el surgimiento tanto del discurso antipopulista como del significante de "normalidad" en los dos países y enriquecer, a través de esta mirada comparativa, nuestra comprensión de la división entre populismo y antipopulismo y los usos discursivos de "normalidad" en la política.

En efecto, los dos casos no son idénticos pero presentan similitudes significativas. El estudio comparativo entre Grecia y los países de América Latina, por extraño que parezca, es un estudio totalmente legítimo. Como ha demostrado Nicos Mouzelis en su obra Politics in the semi-periphery (1986): "A pesar de la distancia geográfica y de las evidentes diferencias en los antecedentes culturales e históricos, Grecia y (en menor medida) las principales sociedades de los Balcanes del Norte antes de su colectivización en la posguerra muestran similitudes marcadas y significativas con los países más 'avanzados' del cono sur de América Latina". Mucho más interesante para el propósito de este artículo es que Mouzelis eligió centrarse en tres sociedades a las que llamó "semi-periferia parlamentaria": Grecia, Argentina y Chile.

Un evento de crisis puede llevar a la desarticulación del espacio social, al desmantelamiento de las identidades sociales y políticas previamente establecidas, y a la alteración del antiguo orden hegemónico. En medio de un espacio social desarticulado, las narraciones conflictivas compiten en la esfera pública tratando de dar sentido a la crisis, proponer posibles soluciones, formular nuevas identidades sociales y crear temas políticos colectivos que invadan la esfera política. Esta es una precondición crucial para el surgimiento de una movilización populista exitosa.

El populismo, entendido como una lógica política que pretende alterar la norma establecida, provoca una reacción antipopulista que promueve su propia narrativa de la crisis, generalmente culpando al propio populismo de la crisis. Esto es especialmente notable en países con un fuerte historial populista como Grecia y Chile.

Ante el desafío populista, frente a la alteración del orden, la clase política recurre a una cruzada antipopulista, tratando de defender las normas establecidas o incluso de adelantarse a su cuestionamiento naturalizándolas. Por lo tanto, el antipopulismo debe entenderse como una lógica política concreta que pretende defender y reproducir el orden establecido desacreditando los reclamos formulados en nombre del "pueblo". El objetivo último de la lógica política antipopulista es la defensa del orden, la preservación del status quo y la reproducción normal e ininterrumpida del sistema.

Un discurso político articulado alrededor del término de la " normalidad ", trata de esconder la verdad de que todas las cosas que hoy se perciben como normales y como realidad objetiva, son sobre todo ... producto de una intervención hegemónica, por imposición radical

Los diferentes discursos políticos, entre ellos el populista y el antipopulista, tratan de impulsar propuestas conflictivas para responder al campo político y social desarticulado. En este punto es donde el concepto de lo " normal " aparece en el escenario. Al describir el orden establecido como la "normalidad" que debe ser restaurada después de una crisis o que debe ser defendida frente a un proyecto contra-hegemónico que intente alterarla, se asume que esta es la única forma en que las cosas debieron haber sido y deben volver a ser.

Un discurso político articulado alrededor del término de la " normalidad ", trata de esconder la verdad de que todas las cosas que hoy se perciben como normales y como realidad objetiva, son sobre todo contingentes y por lo tanto producto de una intervención hegemónica, por imposición radical. Al hacer referencia a un orden dominante y establecido como "normal", uno intenta salvaguardar el orden hegemónico de cualquier desafío. Este tipo de discurso suprime de forma efectiva cualquier alternativa que surja en la esfera pública, al deslegitimarla de antemano como anormales e irracionales. Por eso el levantamiento social, como el de Chile, se ve como una fuerza que trastorna la "normalidad" y por eso el populismo se ve como monstruoso y anormal.

Para comprender completamente la fuerza y el alcance de este discurso sobre la "normalidad", debemos ir de nuevo a las obras de Foucault. El regreso a la normalidad no significa simplemente restablecer la situación anterior, sino establecer un nuevo orden que se perciba como normal. Tenemos que entender todas las apelaciones a la "normalidad" como una expresión de la normatividad del poder que, según Foucault, no se refiere a la descripción o identificación de la normalidad sino a su elaboración mediante el poder productivo de las reglas.

Para concluir, este discurso en particular sobre la normalidad no es una peculiaridad nacional, no se puede explicar a partir de un contexto o trasfondo hermenéutico basado en una nación. Forma parte inherente de la propia lógica de la gobernanza y puede entenderse mejor en el marco conceptual del realismo capitalista. Puede verse así como una expresión discursiva de la gobernabilidad de nuestra época, propia de la hegemonía neoliberal revitalizada después de la crisis.

Hoy en día, la política radical incluye la subversión de la normalidad. O como ha dicho Mark Fisher: " Las políticas emancipatorias deben destruir siempre la apariencia de un 'orden natural', deben revelar lo que se presenta como necesario e inevitable como una simple contingencia, de la misma manera que deben hacer que lo que antes se consideraba imposible sea alcanzable".

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