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#NoOlvidemos Brasil no debe perdonar su dictadura

Brasil vive una fuerte polarización exacerbada por la conmemoración del golpe militar de 1964 celebrada por militares y ultraderechistas e impulsada por el presidente Bolsonaro. English

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4 April 2019
Manifestantes en contra de Bolsonaro con pancartas de víctimas de la dictadura. Wikimedia Commons.

Brasil vive una fuerte polarización exacerbada por la conmemoración del golpe militar de 1964 celebrada por militares y ultraderechistas e impulsada por el presidente Bolsonaro.

La dictadura que vivió Brasil desde 1964 hasta 1985 dejó cifras escalofriantes como 20,000 personas torturadas y 434 asesinadas o desaparecidas.

Por ello, el pasado 31 de marzo, en medio de protestas en favor y en contra, Brasil se enfrentó a una polémica sin precedentes por el intento de conmemoración del 55º aniversario desde que se inició la dictadura.

La evaluación de la dureza de la dictadura está siendo sometida a un revisionismo intolerable. Ya en 2017, una encuesta del Instituto Paraná de Pesquisas , ponía en evidencia la complejidad de esta polarización, revelando que el 43% de los brasileños apoyaría una eventual intervención militar, frente a un 51% de la población que estaría en contra, y un 5% de indecisos. La corriente a favor de la mano dura viene de lejos en Brasil, un país castigado por la violencia y acostumbrado a una policía militariizada.

Desde Enero de 2019, Brasil está siendo dirigido por simpatizantes de una dictadura que reprimió a sus ciudadanos y que vulneró los derechos humanos. El presidente Bolsonaro, con sus declaraciones que llaman a conmemorar el golpe de Estado militar, insultó gravemente a los familiares de los muertos y desaparecidos, y a los 25.000 presos políticos que sufrieron en sus carnes la dureza de la represión dictatorial.

Militarismo en Brasil, Beverly Goldberg.None

Los hechos alternativos de Bolsonaro

El nuevo presidente brasileño no considera que el episodio de 1964 que acabó con la democracia en Brasil sea un golpe militar. Al contrario, señala que fue una victoria de las Fuerzas Armadas, que supuestamente habrían salvado al país de una tiranía comunista.

Un portavoz de la presidencia recalcó que "la sociedad reunida y percibiendo el peligro que el país estaba viviendo en aquel momento, se juntó a los civiles y militares" para "recuperar y reubicar" Brasil.

Estos provocadores comentarios desconocen el intenso trabajo que han realizado cientos de víctimas y organizaciones de derechos humanos, y siguen empujando a Brasil y la política regional a caer en una dinámica de hechos alternativos y reescritura de la historia.

Este escenario crea confusión y desinformación con el objetivo de deslegitimar la verdad con propósitos políticos de tergiversación de la opinión pública. Su efecto último es seguir polarizando a una sociedad en la que la verdad empieza a convertirse en sospechosa de sesgo ideológico, y se levantan cortinas de humo para dejar a Brasil al acecho del aumento al militarismo autoritario gracias al apoyo popular a una dictadura “blanqueada”.

Se han documentado al menos 19 niños y adolescentes, que fueron secuestrados por agentes de la represión.

La promovida nostalgia militar del pasado 31 de marzo fue contrarrestada fuertemente en las calles bajo la consigna, ‘Dictadura nunca más’. Una protesta en las que miles de brasileños de diferentes ciudades decidieron repudiar la celebración de ese episodio negro para la historia de la democracia en Brasil y para las libertades de sus ciudadanos.

Hechos de la dictadura: secuestro de bebés

En medio de esta la polémica, distintos medios publicaron y recordaron perversos hechos de la dictadura de los que pocos ciudadanos tenían conocimiento en Brasil y en la región como los casos de secuestro de bebés durante la dictadura.

Se han documentado al menos 19 niños y adolescentes, que fueron secuestrados por agentes de la represión, según una investigación del periodista brasileño Eduardo Reina quien, en su libro ‘Cautiverio sin Fin’, revela los detalles de este macabro suceso.

El modus operandi fue apropiarse de hijos de activistas de izquierda para convertirlos en botines de guerra y destruir la identidad de estos grupos opositores a la dictadura.

Estas 19 víctimas fueron secuestradas y apropiadas militarmente. Ejemplos como el de Lia Cecilia que, siendo bebé, fue arrancada de los brazos de su madre y llevada a un orfanato creado por un militar, reflejan esta olvidada y oscura parte de la historia de la dictadura.

Al final este suceso muestra cómo la realidad es que en Brasil, la dictadura fue responsabilidad fundamentalmente de los militares, pero también de algunos sectores de la sociedad civil incluidos, empresarios y de la iglesia.

Falsear la historia es la actividad preferida del fascismo.

Estas prácticas de terrorismo de Estado como son los secuestros de bebés, encarnan la violación de los derechos humanos llevada a cabo durante ese periodo oscuro, y aún como estas historias siguen siendo invisibilizadas por las autoridades y los medios oficialistas.

La intención de Bolsonaro de conmemorar la dictadura no deben lograr perdonarla. La sociedad va a seguir exigiendo justicia en las calles para que los crímenes y la violación de derechos humanos cometidos durante estos períodos sean castigados y la memoria colectiva sirva para reparar los daños cometidos contra las víctimas.

Falsear la historia es la actividad preferida del fascismo. Bolsonaro y sus amigos militares y civiles, están dispuestos a reforzar el mito de un pasado glorioso y negar sus aspectos más negativos.

El objetivo no es otro que construir una irrealidad sobre la que levantar su nuevo orden y acabar con el progreso.

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