
Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU y Rafael Correa, Presidente de Ecuador, durante la apertura de Habitat III en Quito, Ecuador. 17 octubre 2016.Dolores Ochoa AP/Press Association Images. Todos los derechos reservados.
John Lennon escribió que la "vida es lo que ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes". En el siglo XXI, tiempos en los que laciudadanía toma la iniciativa en casi todos los ámbitos, el derecho a la ciudad podría ser lo que ocurre en la sociedad civil mientras los expertos se ponen de acuerdo en su definición. Las revueltas globales del año 2011 sacudieron de forma contundente el "derecho a la ciudad". No con redefiniciones teóricas, sino con un icono (la acampada en el espacio público) y un método (acción colectiva que conectaba lo local y lo global en tiempo real). Las ocupaciones de la Primavera Árabe, el 15M / Indignados en España o Occupy Wall Street visibilizaron de forma casi performática prácticas ciudadanas, formas de organizarse, maneras de construir ciudad. Y esa cautivante visión de las plazas tomadas acabó provocando un alud de revisiones académicas del "derecho a la ciudad". La práctica, eso sí, precedió a la teoría.
Henry Lefebvre, que formuló el derecho a la ciudad en 1967, escribió que la ciudad "no es un libro acabado, sino el lenguaje de la gente", poetizando la oposición social a la ciudad moderna. La publicación del libro Ciudades Rebeldes, de David Harvey, al calor de Occupy Wall Street, transformó el derecho a la ciudad en el "derecho a modificar la ciudad de forma colectiva", ni siempre al rebufo de las instituciones. Para Harvey, el derecho a la ciudad implica "la recuperación del comando y gestión del excedente urbano por parte de la clase trabajadora, que es la que produce la ciudad". Las geógrafas Selene López y Natalia Lerena niegan que el derecho a la ciudad baje desde la academia hacia los movimientos sociales, "sino que por el contrario cristaliza un ida y vuelta entre las reflexiones académicas y la acción política" y es también una "consigna política". Por otro lado, la influyente Global Platform for the Right to the City, surgida en la ciudad de São Paulo en el año 2014, amplia el horizonte del concepto hacia el procomún, tan presente en los dilemas de nuestra época: "El derecho de todos los habitantes, presente y futuro, permanente y temporal a usar, ocupar y producir ciudades justas, inclusivas y sostenibles, definidas como bien común esencial para una vida plena y decente".