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Movilización, desinformación y pánico en Colombia: es la hora de la responsabilidad

Durante la última semana, miles de manifestantes han paralizado las calles de las principales ciudades de Colombia. Português

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28 November 2019
Paro Nacional Colombia. Beverly Goldberg.

Durante la última semana, miles de manifestantes han paralizado las calles de las principales ciudades de Colombia. El desencadenante fue en un paro nacional de protesta convocado para el día 21 de noviembre, pero que, ante la inusitada y violenta reacción del Estado, ha continuado intermitentemente y se anuncia nuevamente para hoy.

Muchos analistas y comentaristas vinculan estas protestas a lo que se ha venido a denominar una “tormenta ciudadana”, inspirada en movilizaciones recientes que estallaron en Chile y Ecuador, con resultados diferentes y de las que el gobierno de Duque debería aprender.

El Paro Nacional se convirtió en la movilización ciudadana más grande de las últimas décadas de Colombia, y más de 132.000 personas tomaron las calles solo el día 21, según una declaración de la Policía Nacional. Una cifra que parecería modesta en un país que según la revista Semana, “no es de marchas”, pero que sin embargo es muy significativo.

También es muy significativa la reacción contraria a la violencia que han demostrado los manifestantes. La indignación creció ante la noticia de la muerte en Bogotá del joven estudiante Dylan Cruz, asesinado por un policía anti-disturbios del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios). Se organizó un homenaje permanente en el lugar donde fue alcanzado por el proyectil policial que lo acabó matando, y se han organizando velatones sucesivos en su memoria.

La tolerancia a la violencia en Colombia en el pasado ha sido alta, en una ciudadanía demasiado acostumbrada a las brutalidades de la guerra. Pero eso ya no es así. Los ciudadanos colombianos han demostrado con contundencia estos días que ya no quieren más violencia. Quieren manifestarse y reivindicar sus derechos democráticamente y en paz.

Desinformación y pánico

Pero a pesar de que la inmensa mayoría sale a las calles para marchar pacífica y solidariamente, algunos actos vandálicos y actos criminales aislados por parte individuos que aprovecharon la confusión y el desconcierto, y la sobrereacción del gobierno, consiguieron crear una tóxica atmósfera de pánico en la cual la desinformación prospera.

La controversia sobre el origen y la intención final de estos incidentes, que no implican asaltos a viviendas sino básicamente a panaderías y supermercados, han llenado también el debate público.

Se especuló profusamente sobre si los vándalos eran agentes infiltrados para desacreditar el carácter pacífico del Paro, o venezolanos pagados para desestabilizar la situación

Durante las horas previas al toque de queda que decretó el gobierno, quién sabe si también dejándose llevar por el pánico, se difundieron masivamente mensajes engañosos, sin demostrarse la identidad de los protagonistas de la violencia.

Se especuló profusamente sobre si los vándalos eran agentes infiltrados para desacreditar el carácter pacífico del Paro, o venezolanos pagados para desestabilizar la situación, o incluso elementos radicales vinculados al extremismo político. Se alimentó el racismo, el clasismo, la xenofobia… una atmósfera más que propicia para todo tipo de desinformación.

Así, en medio de imágenes de actos vandálicos, un video que mostraba a un grupo de vándalos entrando a un conjunto residencial en Cali la noche del Paro del 21, se difundió en redes a alta velocidad. Muchos informaron erróneamente de que la entrada de los vándalos ocurrió en Bogotá. Incluso Noticias Caracol, uno de los noticieros de mayor audiencia del país, publicó el video con el titular “Pánico en Hayuelos (Bogotá) por ingreso de vándalos”, usando el mismo video que se había ubicado en Cali minutos antes.

Psicología de la desinformación

Es siempre durante momentos altamente emotivos cuando asistimos a un aumento drástico en la desinformación circula en redes. Algo similar ocurrió recientemente durante los gravísimos incendios en el Amazonas brasileño, que encendieron emociones que algunos medios con fines políticos quisieron aprovechar para imponer su discurso de mentira y miedo trabajando en favor de una agenda política represiva y claramente autoritaria.

Un estudio psicológico publicado en la revista Psychological Science recientemente, organizó sesiones con grupos de ciudadanos que iban a votar en el referéndum sobre la legalización del aborto en Irlanda, meses antes de la votación. Les mostró noticias falsas a favor y en contra del aborto.

El resultado fue que los que estaban a favor de legalizar el aborto mostraron una propensión mayor a creer noticias falsas a favor del aborto, mientras que, de la misma manera, los que estaban en contra creyeron más en noticias falsas contra el aborto.

El estudio también desveló que el 50% de los participantes era susceptible de creer en noticias falsas que confirmaban su posición previa sobre el aborto, declarando que recordaron haber visto antes una noticia que sin embargo había sido totalmente inventada por los psicólogos que diseñaron el estudio.

Este estudio confirma que, cuando se trata de un tema político que enciende las emociones, la probabilidad de que nos creamos una noticia falsa es bastante alta. Y en situaciones de alta tensión, como resultan ser las movilizaciones masivas que se enfrentan a la reacción violenta de las fuerzas de seguridad, la sensación de volatilidad aumenta y los rumores falsos corren como la pólvora.

En estas situaciones resulta difícil para la ciudadanía mantener una mirada crítica ante la desinformación y entender el panorama completo de lo que está pasando. Las noticias falsas proliferan y cada uno tiende a informarse a través de canales informales que a menudo refuerzan nuestra realidad y niegan la del otro, quedando la verdadera realidad totalmente borrosa y desacreditada.

Responsabilidad

Cuando el pánico se apodera de la situación, y las autoridades no contribuyen a disiparlo sino que lo alimentan con medidas totalmente desproporcionadas como declarar un toque de queda, se pierden de vista los motivos reales por los cuales cientos de miles de colombianos por todo el país están tomando las calles.

Que ya no están dispuestos a aceptar a dirigentes que anteponen los intereses de las multinacionales, de la industria de la guerra y de un pequeño grupo de privilegiados por encima de los intereses de la mayor parte del país

Es importante no perder de vista el contexto político en el que surgen estas manifestaciones. El actual gobierno no se ha comprometido suficientemente con los acuerdos de paz, no supo reconocer a tiempo que bombardeó un campamento de disidencias de las FARC y que mató a 18 menores reclutados forzosamente, un gobierno que no actúa frente los asesinatos sistemáticos de decenas de líderes sociales. Un gobierno, en fin, cuya política económica neoliberal empeora las condiciones de vida de sus ciudadanos, de sus jóvenes y pensionistas, y sobre todo de los más vulnerables de la sociedad colombiana.

Los colombianos están manifestando claramente que quieren un cambio de actitud y de agenda en el gobierno. Que ya no están dispuestos a aceptar a dirigentes que anteponen los intereses de las multinacionales, de la industria de la guerra y de un pequeño grupo de privilegiados por encima de los intereses de la mayor parte del país.

El gobierno colombiano debería ser mucho más sensible a las demandas ciudadanas y no entrar en pánico, sacando el ejército a la calle, declarando el toque de queda y alimentando con su sobrerreacción la desconfianza de todos.

Recuperar la credibilidad y poner las instituciones al servicio de la ciudadanía debería ser su prioridad. La tensión puede volver a escalar y la desinformación a ocupar todo el espacio. Duque debería haber aprendido de los errores de compañeros de viaje como Sebastián Piñera en Chile, quien no hizo más que echar gasolina al fuego irresponsablemente y perder el control de la situación.

El tiempo en Colombia se agota y la ciudadanía está perdiendo la paciencia. Es hora de actuar con visión y con responsabilidad.

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