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El Güegüense: estrategias para la erupción en Nicaragua

Concluimos el repaso de este importante año electoral en Nicaragua examinando la estrategia de la principal coalición opositora. ¿Qué posibilidades tiene de insuflar vida a una conciencia democrática adormecida? English

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Un manifestante contrario al gobierno del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en 2015 en Managua, Nicaragua . AP Photo / Esteban Felix.

En 1989, diez años después de la revolución sandinista, una destartalada coalición de catorce partidos distintos se lanzó a aprovechar la oportunidad que ofrecía la celebración de las segundas elecciones libres en Nicaragua. Se improvisó para oponerse al entonces revolucionario presidente Daniel Ortega, debilitado por una década de guerra ideada en los pasillos de Washington. Era una coalición débil y dividida y se enfrentaba a toda la fuerza de la maquinaria electoral del gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), así como a varios otros grupos de "oposición" que figuraban en las papeletas. Pero se unió en torno a la simbólica figura de Violeta Chamorro, viuda del editor de La Prensa Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuyo asesinato en 1978 había encendido la mecha de la revolución que acabó con la dictadura de Anastasio Somoza. Se forzó a una población cansada de la guerra a escoger bando, e incluso los más acérrimos sandinistas votaron, en masa, para poner fin a los años ochenta. También en 2011, con un Partido Liberal Constitucionalista (PLC) prácticamente en ruinas, desmoronándose junto a la reputación de El Gordo, las elecciones de aquel año se convirtieron en una carrera de sólo dos caballos. Los que se apartaron de Ortega tuvieron una alternativa clara y respetada en don Fabio Gadea, una institución radiofónica. En ambas ocasiones, la polarización pasó por delante de la unidad. La prioridad era clarificar las opciones y forzar una decisión, convirtiendo las elecciones en un referéndum.

Este año, la principal coalición opositora, liderada por el Partido Liberal Independiente (PLI), cree que sólo el fraude absoluto le negó la victoria en 2011. Apuesta a que en 2016 no se repetirá lo acontecido en 2011 y que la misma estrategia de polarización tiene ahora otra oportunidad. Sin embargo, dos acontecimientos recientes ponen en entredicho el posible éxito de este plan.