
Manifestantes bloquean la entrada principal del Ministerio de Educación en protesta por la represión de los maestros en Oaxaca. Ciudad de México, junio 2016. (AP Photo/Marco Ugarte). Todos los derechos reservados
La parte que más me hiela la sangre de 1984 es cuando O’Brien tiene a Winston a su merced y le pregunta: “¿cómo afirma un hombre su poder sobre otro?”. Después de horas de tortura en la habitación 101, la respuesta de Winston debería parecernos obvia: “haciéndole sufrir”. Esa es precisamente la finalidad de la represión: lastimar, humillar, atemorizar, desmovilizar, dividir, silenciar.
Si hubiera unos Oscar que premiaran la represión, el gobierno mexicano se llevaría uno por cincuenta años de trayectoria. En el discurso de entrega se podría mencionar como primer hito la represión contra los líderes campesinos que se llevó a cabo después del fallido intento de toma del Cuartel Madera en 1965, o bien la participación del ejército mexicano para apaciguar las revueltas estudiantiles en la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo en 1966. La última gesta del gobierno mexicano sería, sin lugar a dudas, la actuación policial en Nochixtlán llevada a cabo el 19 de junio de 2016 para liberar un bloqueo carretero que tenían instalado los simpatizantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en el que fueron asesinadas 8 personas y resultaron heridas más de 100.