Aunque la elección del líder sindical, Pedro Castillo, para la presidencia de Perú pueda significar una contundente derrota para la extrema derecha en América Latina, también es indicativa de una fragmentación política que asola la región en los últimos años.
Tras un recuento que tardó más de dos días, el candidato del partido socialista Perú Libre superó a la candidata derechista Keiko Fujimori, hija y heredera política del exdictador Alberto Fujimori, con un ajustadísimo 50,2% de los votos.
Castillo, a pesar de ser un candidato de la izquierda, es también un político de ideas muy conservadoras en lo social. Él es un outsider de provincias que carece de experiencia política, y encarna una creciente opción política entre latinoamericanos, que tienden cada vez más a votar no por un partido o una ideología específica, sino en contra de la política tradicional o contra el establishment.