Jair Bolsonaro ganó en segunda vuelta las elecciones de 2018 con casi 58 millones de votos, más de 10 millones por encima de su oponente, pero, aun así, el presidente de Brasil afirma que hubo fraude electoral.
El tema es uno de los más antiguos de la agenda de Bolsonaro, que se remonta a sus tiempos como parlamentario. En Brasil, el sistema de voto electrónico fue introducido en 1996. Hoy, Bolsonaro promueve una enmienda constitucional que obligaría a que las urnas electrónicas fueran equipadas con una impresora que permita el voto en papel, el cual sería depositado en una caja inviolable. La propuesta también prevé conteo público de los votos.
En 2015, el entonces diputado federal encabezó la mini-reforma que introducía el voto impreso como forma de auditar las elecciones. En septiembre de 2020, el Supremo Tribunal Federal (STF) declaró la medida inconstitucional, argumentando que el voto impreso violaría el sigilo y la libertad de voto. En 2018, el STF ya había suspendido la decisión de forma provisoria, por lo que no hubo la impresión física de votos en esas elecciones.