
El 2018 ha confirmado la tendencia: las democracias liberales se están debilitando en todo el mundo. Y América Latina no es una excepción.
La fuerte corriente de deterioro y retrocesos que hemos visto acentuarse a lo largo del año que terminó, se produce en un contexto internacional y geopolítico que ha sufrido una gran transformación, que se ha visto acelerada, en buena parte, por la gran recesión que se inició en 2008. Sus consecuencias sociales y políticas no plantean un escenario favorable a la profundización y fortalecimiento de las democracias occidentales. Más bien todo lo contrario.