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Sin acuerdo sobre el futuro de la Antártida

Los países miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos de la Antártida (CCRVMA), reunidos a finales de noviembre aplazaron otra vez la firma de un nuevo acuerdo internacional para la protección de áreas marinas en el Océano Antártico.

Miguel González Palacios
9 diciembre 2020, 4.17pm
Una vista general de la recién construida estación de investigación brasileña Comandante Ferraz en la Antártida, que fue inaugurada luego de que un incendio destruyera la base original hace nueve años.
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-/Brasilianische Marine/dpa/PA Images

La noticia de la falta de acuerdo es preocupante, pues el océano antártico alberga algunos de los ecosistemas más importantes y vulnerables del planeta y sus corrientes son responsables de mantener la biodiversidad marina en todo el mundo.

Un bien colectivo internacional

La Antártida es el cuarto continente más extenso del mundo. Sin embargo, las difíciles condiciones climáticas y de acceso hacen que este lugar esté prácticamente deshabitado - con excepción del personal que trabaja en las bases científicas en la zona - y que sea una de las últimas zonas inexploradas del planeta.

La competencia mundial por el control de la Antártida comenzó en 1904, cuando Argentina instaló la primera estación científica permanente en el continente austral. Poco tiempo después Chile, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Francia y Noruega también empezaron a reclamar soberanía sobre partes de la Antártida, lo cual ha contribuido a agudizar otros diferendos territoriales como el que mantienen Argentina y el Reino Unido sobre las Islas Malvinas (o Falklands, según la denominación británica) en el vecino Océano Atlántico Sur.

El creciente interés geopolítico y científico por la Antártida llevó a que estos 7 países firmaran junto a Bélgica, Estados Unidos, Japón, Sudáfrica y la Unión Soviética, el Tratado Antártico en 1959. El objetivo era garantizar el uso pacífico y exclusivamente científico de la Antártida y evitar que la región se convirtiera en otro escenario más de la Guerra Fría, por lo cual el Tratado estableció que las disputas territoriales quedarían suspendidas mientras se encuentre vigente.

Al día de hoy, 54 países en total han ratificado el Tratado Antártico, aunque sólo 27 de ellos tienen derecho a participar con voz y voto en la toma de decisiones sobre el continente por haber demostrado que realizan actividad científica sustancial y regularmente en él. Adicionalmente, otros acuerdos internacionales se han firmado para complementar el tratado, como la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, que entró en vigor en 1982.

Un escenario clave para la vida en la Tierra

Entre las numerosas especies marinas que habitan el mar austral, hay una que reviste una particular importancia: el krill antártico. Este crustáceo es la base de alimentación de muchas especies de aves, mamíferos y peces, y es particularmente apetecido por la industria pesquera. Pero además, el krill cumple una función fundamental para el equilibrio climático en el planeta, pues en sus desplazamientos transporta carbono de la atmósfera desde la superficie hasta las profundidades del océano.

Pingüinos emperador con polluelos, glaciar Dawson-Lambton, Antártida
Pingüinos emperador con polluelos, glaciar Dawson-Lambton, Antártida | Poelking, F./DPA/PA Images

Regular la pesca de krill fue el principal motivo para que la CCRVMA acordara en 2002 la meta de crear una red de áreas marinas protegidas que cubra el 10% del Océano Antártico, en concordancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Los avances más importantes se alcanzaron en 2009, cuando se logró la protección de 94.000 km2 debajo de las Islas Orcadas del Sur, y en 2016, cuando se creó la reserva marina más grande del mundo en el Mar de Ross, con una extensión de 1,55 millones de km2.

Aunque actualmente se ha logrado proteger un poco más del 7,5% del océano a través de iniciativas multilaterales y bilaterales, las cifras aún distan mucho de la meta del 30% para 2030 promovida por un importante sector de activistas y expertos conservacionistas para garantizar la sostenibilidad de la vida en la Tierra.

El principal obstáculo para avanzar en la protección del Océano Antártico han sido los intereses económicos y geopolíticos de algunos países que buscan mantener e incluso aumentar sus derechos de pesca y de explotación de minerales de cara a 2048, año en que deberá ser revisado el Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente en el Océano Antártico, conocido como Protocolo de Madrid, que prohíbe la explotación de recursos naturales para todo fin diferente al científico.

Está en juego el acceso al agua del continente antártico, donde se encuentra aproximadamente el 90% del hielo y el 70% del agua dulce del mundo.

Y aunque la fecha puede parecer lejana, una regulación más débil podría permitir la minería y la extracción de combustibles fósiles en la zona, considerada la tercera reserva de petróleo y gas natural más grande del planeta. También está en juego el acceso al agua del continente antártico, donde se encuentra aproximadamente el 90% del hielo y el 70% del agua dulce del mundo.

Multilateralismo: una cuestión de supervivencia

El caso más ilustrativo es China, país que viene haciendo grandes inversiones para aumentar su presencia en el continente y reforzar su capacidad de investigación con la instalación de cinco bases científicas. El gigante asiático también ocupa actualmente el primer lugar en número de buques de pesca en la zona y se ha resistido en los últimos años al aumento de las áreas marinas protegidas.

En este sentido, el regreso de Estados Unidos al multilateralismo prometido por el presidente electo Joe Biden podría contribuir al avance de la protección del Océano Antártico, pues la gestión bilateral entre la administración del ex presidente Obama y el presidente Xi Jinping fue fundamental para la declaratoria de la reserva del Mar de Ross en 2016.

El regreso de Estado Unidos al Acuerdo de París y a la agenda medioambieltal es también importante dado rol que la Antártida juega en la regulación del clima del planeta y cuyo deshielo contribuye peligrosamente al aumento del nivel del mar..

La Antártida es un bien colectivo esencial para la supervivencia de la humanidad, sin distinción de nacionalidad, así como de muchas otras especies en el planeta Tierra. Es por esto que es urgente redoblar los esfuerzos orientados a proteger tanto sus áreas marinas como continentales.

En este escenario, las acciones multilaterales resultan indispensables, pues además de preservar la biodiversidad frente a las ambiciones de los Estados y las empresas privadas, también contribuyen a mantener a la Antártida como un lugar pacífico, reservado para la ciencia y la vida salvaje, sobre la base de la libertad de investigación y la cooperación internacional.

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