El pueblo cubano sale a las calles en no menos de cincuenta ciudades y pueblos a pedir libertad y, una vez más, la historia crea caminos insospechados. Una vez más, los acontecimientos contradicen y sorprenden a políticos y analistas.
No es sorprendente que el gobierno de La Habana culpe de todo al imperialismo norteamericano y acuse a su propia gente de delincuentes, alborotadores, asalariados en dólares y, en el mejor de los casos, revolucionarios engañados.
Susanne Gratius, profesora del departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, tiene un acercamiento opuesto acerca de las razones de la explosión social: