Luego de las manifestaciones anti-gobierno en todo Brasil el último fin de semana de mayo, los partidarios del presidente Jair Bolsonaro concentraron sus críticas en una figura: Luiz Inácio Lula da Silva. Los ataques al expresidente no sorprenden, puesto que las encuestas lo sitúan como candidato favorito en las elecciones presidenciales de octubre de 2022, 18 puntos porcentuales por encima del actual presidente.
Lula recuperó sus derechos políticos y su derecho a postularse a la elección hace menos de tres meses, lo que se vio reflejado rápidamente en las encuestas. En la semana en que el ministro del Supremo Tribunal Federal anuló las condenas que le impedían postularse, Lula ya aparecía solo 6 puntos porcentuales detrás de Bolsonaro. Desde entonces, y gracias a su probada capacidad de conectar con los brasileños, se ha disparado en las encuestas.
El expresidente no participó de las manifestaciones ni se pronunció al respecto. Pero, al parecer, los bolsonaristas interpretaron las demostraciones callejeras del último sábado, 29 de mayo, como una amenaza inminente de empoderamiento de la izquierda brasileña a través de la figura de Lula. A pesar de ser una figura controvertida, que conserva diversas investigaciones por corrupción en contra suyo en el ámbito de la operación Lava Jato más allá de las recientes condenas judiciales anuladas, el popular político ofrece un punto de unión entre los distintos movimientos de izquierda, que se han ido polarizando y fragmentando en los últimos años desde la oposición.