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La no-Santa Alianza: una cruzada mundial contra la justicia reproductiva

A medida que la ultraderecha se acerca, activistas feministas de todo el mundo necesitamos urgentemente estar juntas y reforzar nuestros lazos. Ya es más que hora.

Kristina Hinz
Kristina Hinz Aline Coutinho Hanna Grześkiewicz Ghadeer Ahmed Alicja Flisak Hadir Barbar
17 February 2021
Protesta contra la liberalización del aborto en Brasil, en la Avenida Paulista de Sao Paolo.
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Photo by Cris Faga/NurPhoto/PA Images

En octubre de 2020, representantes gubernamentales de más de 30 países, entre ellos Brasil, Estados Unidos, Polonia y Egipto, firmaron la llamada Declaración de Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia. Este documento no vinculante, que ha sido duramente criticado como la última ofensiva internacional contra los derechos de la mujer, afirma que "no existe un derecho internacional al aborto" y promueve la familia como "la unidad grupal natural y fundamental de la sociedad".

Con el surgimiento de una nueva derecha política en Estados Unidos, Brasil y Polonia que favorece los tradicionales valores morales cristianos conservadores, incluyendo la defensa de un modelo de familia heterocéntrica y el cuestionamiento de los Derechos Reproductivos y Sexuales, se abrió la posibilidad de nuevas alianzas con fuerzas conservadoras de derecha y políticas islamistas en los países musulmanes.

La similitud en la forma en que ciertas fuerzas cristianas e islámicas emplean la religión para construir un ideal que dice defender la vida humana y la familia se ha convertido en la base de una alianza que se aparta de los conceptos hegemónicos de los Derechos Humanos tal y como se formulan y defienden en los foros multilaterales de la ONU y la OMS.

El objetivo principal es disminuir la autonomía y la agencia de las mujeres para decidir lo que quieren para sus propios cuerpos.

Este nuevo alineamiento en la política exterior expone la creciente influencia de facciones político-religiosas que se están extendiendo internacionalmente, provocando inesperadas alianzas entre moralismos católicos, evangélicos e islámicos en el ámbito de la justicia reproductiva, con un objetivo principal: disminuir la autonomía y la agencia de las mujeres para decidir lo que quieren para sus propios cuerpos.

Brasil: El moralismo evangélico en la política gubernamental

En los últimos años, Brasil ha sido escenario de una fuerte expansión de las fuerzas conservadoras y especialmente neo-pentecostales en la política partidista. La composición del Congreso brasileño favorece el avance de las agendas contra la justicia reproductiva. Actualmente, casi el 40% de los parlamentarios del Congreso brasileño se identifican como miembros del Frente Parlamentario Evangélico. El grupo está formado por políticos de varios partidos -muchos de ellos originalmente pastores, obispos o cantantes de gospel- que se posicionan en contra de la igualdad de género, el aborto y la homosexualidad, entre otros.

Con la elección de Jair Bolsonaro en 2018, políticos neopentecostales llegaron a ocupar cargos importantes en el gobierno, como el pastor evangélico Damares Alves como ministro de la Mujer, Familia y Derechos Humanos. Recientemente, Alves provocó una protesta al interferir personalmente en el caso de una niña de 11 años que buscó el aborto legal tras ser violada por su tío, movilizando a diferentes instituciones estatales para impedir el procedimiento médico.

En política exterior, la elección de Bolsonaro ha provocado un giro de 180 grados en el posicionamiento del país. Hasta ahora mundialmente reconocido como defensor del universalismo de los Derechos Humanos, Brasil ha hecho de la lucha contra la llamada "ideología de género" un proyecto emblemático de su política exterior, reforzando sus lazos con Arabia Saudí, Egipto e Irak.

Polonia: Fundamentalismo religioso católico, contrarrevolución cultural y política

Además de Brasil, Polonia es otro actor importante en el retroceso internacional contra la justicia reproductiva. En 2019-20, la reelección del ultraconservador Andrzej Duda como presidente y la mayoría parlamentaria obtenida por el partido nacional-conservador PiS [Ley y Justicia] solidificaron su control sobre los principales órganos políticos de Polonia. La estrecha y ya consolidada relación entre el gobierno y la Iglesia católica polaca se ha hecho cada vez más evidente en los últimos años.

Organizaciones cristianas de derecha radical se centran en cuestiones como el divorcio, la anticoncepción, el acceso al aborto y la orientación sexual.

Junto al PiS, el grupo de presión legal Ordo Iuris, y Kaja Godek, conocida como "activista antiaborto", que actúa en nombre de la Fundación Vida y Familia, representan los dos principales actores antiabortistas. Algunos expertos de Ordo Iuris ocupan o han ocupado cargos en el gobierno, como en el Tribunal Supremo de Polonia y en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Estas organizaciones cristianas de derecha radical se centran en cuestiones como el divorcio, la anticoncepción, el acceso al aborto y la orientación sexual.

Además del lobby interno, estos grupos forman parte de la red mundial de organizaciones cristianas fundamentalistas. En particular, Ordo Iuris mantiene estrechos vínculos con el movimiento brasileño Tradición, Familia, Propiedad (TFP). Este vínculo también implica el movimiento secreto de enormes sumas de dinero entre países clave como Brasil, Polonia, Estados Unidos y Francia.

El acceso al aborto está en el punto de mira de las actividades de estos grupos y es uno de los principales problemas actuales de la sociedad civil en Polonia. En el centro de estas controversias figura el llamado "aborto eugenésico" por motivos de malformaciones fetales, que actualmente representa el 98% de todos los abortos legales en Polonia. En octubre de 2020, el Tribunal Constitucional polaco se pronunció sobre la prohibición de facto del aborto al considerar inconstitucional esta exención.

Egipto: El aborto entre la regulación estatal y la moral pública

En cuanto a Egipto, la influencia de las perspectivas conservadoras y religiosas en materia sexual y reproductiva ha aumentado desde la época poscolonial. Al constituir la familia heterosexual como la "unidad básica de la sociedad", se ha inducido un pánico a las llamadas "moralidades públicas", haciendo del cuerpo una responsabilidad del Estado, más que de los individuos.

Diferentes regímenes, entre ellos los de Abdel Nasser (1954-70), Sadat (1970-81) y Mubarak (1981-2011), mantuvieron esta concepción, junto con la ley islámica Shariaa como fuente de las legislaciones en materia matrimonial y privada, sin dejar espacio a otras trayectorias no heterosexuales.

El actual presidente, Abdel Fattah El-Sisi, antiguo general y director de la Inteligencia Militar, dirigió un golpe militar contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes (2012-2013). El régimen de Al-Sisi se presenta como un sustituto "virtuoso" de los Hermanos Musulmanes, conservando la moral y practicando las tendencias religiosas, con el objetivo de complacer a la mayoría conservadora.

Hasta la fecha, el aborto constituye un delito en el Código Penal egipcio. Sólo se hace una excepción si el embarazo constituye un riesgo para la vida de la persona embarazada. Esto ha hecho que el aborto sea inaccesible e inseguro, dejando a las personas embarazadas sin más opciones que arriesgar su vida en lugares insalubres, donde pueden ser sometidas a la explotación sexual y financiera por parte de médicos y farmacéuticos.

Al depender de los fondos externos para varios campos de desarrollo, Egipto ha tratado de fortalecer sus relaciones con Estados Unidos, convirtiéndose así en parte activa de la ofensiva mundial contra la justicia reproductiva. Además, el régimen de El-Sisi ha reforzado sus lazos con aliados conservadores como Brasil mediante la promoción del comercio exterior, el turismo y las inversiones financieras.

No-Santa Alianza contra la justicia reproductiva: Declaración del Consenso de Ginebra

La Declaración del Consenso de Ginebra, ratificada el 22 de octubre de 2020 por 35 países -entre ellos Polonia y encabezados por Estados Unidos, Brasil y Egipto- es la expresión más fuerte de un movimiento ultraconservador contra la justicia reproductiva en las últimas décadas.

Con la salida de Estados Unidos del Consenso de Ginebra en enero de 2021, la "no-Santa Alianza" contra la Justicia Sexual y Reproductiva recibió un primer y duro golpe.

El convencimiento de que la familia tradicional está bajo ataque permanente, que la interrupción voluntaria del embarazo no debe considerarse parte de la planificación familiar y que el derecho al aborto no existe, muestra el claro desafío que plantean estos gobiernos a las directrices sobre justicia reproductiva elaboradas por las entidades internacionales.

Con el nuevo gobierno de Joe Biden y la salida de Estados Unidos del Consenso de Ginebra en enero de 2021, la "no-Santa Alianza" contra la Justicia Sexual y Reproductiva recibió un primer y duro golpe. Sin embargo, la continuidad en el poder de los gobernantes de Brasil, Polonia y Egipto y su aún existente respaldo político interno, así como sus amplias redes de apoyo ideológico y financiero, hacen que sus posibilidades de colapso sean bastante reducidas.

Nosotras, activistas feministas de todo el mundo, nos levantamos contra este ataque global a la justicia reproductiva, defendiendo nuestra autonomía corporal y nuestro derecho a elegir. Y a medida que la ultraderecha se acerca, también necesitamos urgentemente estar juntas y reforzar nuestros lazos. Ya es más que hora.

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