democraciaAbierta: Opinion

Plebiscito constitucional en Chile: ¿otra vez fracasó la izquierda?

Ante el fracaso de la nueva Constitución, capitalizada por la izquierda, el autor propone escuchar a los pueblos primordiales que plantean otras vías y formas, las que provienen de otras racionalidades

Atawallpa Oviedo Freire
8 septiembre 2022, 8.48am

Monumento a los pueblos originarios en la Plaza de las armas en Santiago de Chile

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Alamy Stock

Al parecer, muchos chilenos no votaron por la nueva o vieja Constitución, sino en contra de Boric. No rechazaron el plebiscito para mantener la Constitución de Pinochet, sino en contra de lo que representa la izquierda ahora en el poder. No creemos, como dice Petro, que en Chile “revivió Pinochet”. La izquierda de Boric les prometió grandes cambios, y muchos chilenos ven que les ha fallado.

Incluso la mayoría de los Mapuches rechazaron la nueva Constitución, no porque estuvieran de acuerdo con la Constitución de Pinochet, sino porque, igual que hicieron otros, Boric les ha militarizado su territorio. Porque la izquierda no les apoya en su declaración de autonomía del Estado chileno. Porque la nueva Constitución les sigue atando a la República de Chile. Porque la convencional Elisa Loncon no surgió del consenso de los Mapuches, sino del movimiento de la izquierda.

También ganó el miedo. En el show de la democracia es posible, mediante la publicidad, encender o apagar ideas. La democracia no recoge la verdadera esencia de un pueblo, pues éste puede ser fácilmente manipulado por propagandas malintencionadas.

De ahí que, desde la visión del “Buen Vivir”, se plantean otras formas alternativas, concretas y directas, como la sociocracia y la comuncracia. Si practicara esto en Chile, se hubiera buscado la participación de distintos grupos, tratando de consensuar con todos ellos desde abajo, y no dejarlo en manos de unos cuantos iluminados, que lo resuelven todo desde arriba.

El proceso constituyente y su resultado representa un golpe a la izquierda, que cree que los cambios se producen mediante leyes (antes por las armas), y principalmente, a través del orden y pensamiento liberal constituido. Es necesaria una reflexión para buscar el cambio desde abajo, generando transformaciones vitales profundas, y más allá del Estado, de la Democracia y del Partido, forjando vías pos-estatalistas. En caso contrario, se estará en el eterno péndulo: hace poco ganó Boric, ahora la derecha. Y así, por los siglos de los siglos.

La izquierda genera muchas ilusiones y esperanzas, que luego generan desencanto o desazón cuando no se cumplen, o no se ve lo que prometieron. ¿Por qué no pueden hacer lo que prometen? El sistema no se puede revertir con leyes, ni desde el Estado y el propio sistema. Hay que trabajar creando conciencia y una nueva vida para que sea verdadero, para que el pueblo no deposite su esperanza en el Estado ni esté esperando que los gobiernos resuelvan sus problemas, sino en crear las condiciones y las proyecciones para que el pueblo lo haga por sí mismo en cada acto y en cada día de su vida. En realidad, esto la derecha lo sabe y actúa más allá del Estado, buscando y generando sus propias formas de beneficio a sus intereses y de consolidación a sus aspiraciones particulares.

Derrotar a la derecha y al sistema con sus propias armas, es una inmolación

Eso mismo puede pasar en Colombia, pues el recién elegido presidente Petro tampoco busca otra forma de cambio que no dependa de las formas convencionales, de las ya utilizadas repetidamente. Derrotar a la derecha y al sistema con sus propias armas, es una inmolación. Es como creer que el pensamiento que ha generado la crisis climática, la podrá resolver. Para que se produzca un cambio verdadero, todo tiene que venir de afuera de lo oficial o institucionalizado. Por ello, para el pueblo, la izquierda es un peligro porque genera desilusión y porque le da argumentos a la derecha para reposicionarse.

El aventurismo o el salto al vacío de la izquierda, le ha costado caro al pueblo. Sus experimentos no han funcionado, pero siguen rechazando otros medios y concepciones. Y a quienes lo promueven, los califican de romanticismo y pachamamismo.

Muchos pueblos milenarios ven que los representantes de la izquierda no son sus aliados sino sus enemigos, o al menos sus adversarios, pues, ninguno de ellos se dirige por sus ontologías y epistemologías. Al igual que la derecha, también consideran a sus paradigmas como atrasados, simplistas y obsoletos. Los marxistas (aunque no Marx) y los leninistas deben ser desenmascarados, pues retrasan los cambios que se promueven desde las filosofías de los pueblos ancestrales.

Hace 30 años que los zapatistas abrieron el debate sobre el Estado y el sistema constituido, pero muy pocos han entendido y aceptado su propuesta. La izquierda es institucionalista y eurocéntrica, no va a cambiar de estrategia, ni tampoco de horizonte. No quieren trabajar por afuera del Estado, sino deificarlo. Basta que el expresidente boliviano Álvaro García Linera asesore a Boric, para que se produzca otro fracaso como el boliviano. Si no se prioriza la acción por fuera del orden establecido, pasarán 100 años más.

En fin, existe mucha experiencia del fracaso de la izquierda, y parece que nadie aprende nada. Es tiempo de escuchar a los pueblos primordiales que plantean otras vías y formas, las que provienen de otras racionalidades

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