democraciaAbierta: Opinion

¿Por qué la elección de la presidencia del BID debe se aplazada?

La mejor alternativa para las Américas ahora es posponer la elección del presidente del BID para principios de 2021.

Juan Gabriel Tokatlian
20 August 2020
Basura flotando en la Favela Vila Barca, en el estado de Pará, Brasil
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Werer Rudhart/DPA/PA Images

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fue fundado en 1959 y ha sido el principal proveedor de apoyo financiero para América Latina y el Caribe. Desde entonces, el Presidente de la institución ha sido un latinoamericano.

Hay varios candidatos para dirigirla. Entre ellos, y por primera vez en la historia, uno de los Estados Unidos: Mauricio Claver-Carone, actualmente Director Principal de la Dirección de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Ha habido mucha incomodidad y debate en América Latina y el Caribe en torno a la decisión del presidente Donald Trump de proponerlo.

En la actualidad no hay necesidad de profundizar en lo que respecta a la ideología. El argumento debe ser pragmático: por el bien de los intereses de América Latina y el Caribe, por el futuro bienestar de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, incluso en beneficio de Estados Unidos, y con el fin de evitar un nuevo motivo para la creciente influencia de China en la región es mucho mejor posponer la elección del presidente del BID. Varios motivos justifican el aplazamiento.

La pregunta crucial es qué tipo de banco interamericano necesitamos en la post-pandemia. El debate sigue ausente; especialmente en lo que se refiere a lo que se entiende y se entenderá por "desarrollo" después de la Covid-19.

Empecemos por analizar la actual pandemia. La principal preocupación es tener en cuenta que aunque la Covid-19 es idéntica en sus efectos dañinos sobre las personas, se manifiesta de diferentes maneras en el Norte desarrollado y en el Sur global.

En el Sur, el grado y la extensión de la desigualdad son más agudos; los niveles de densidad demográfica en las principales ciudades son muy elevados; la capacidad del Estado es generalmente baja; la infraestructura sanitaria es muy insuficiente; la fragilidad económica es considerable; las condiciones de vulnerabilidad de determinadas minorías son ostensibles; las desventajas materiales, jurídicas y políticas para las mujeres son flagrantes; y varias naciones ya están siendo testigos de dramáticos conflictos que obstaculizan la eficacia de las políticas sanitarias de mitigación.

En América Latina y el Caribe muchas de estas características, con ligeras variaciones por país, están presentes en toda la región. En resumen, la Covid-19 entre nosotros es realmente mortal.

Por lo tanto, la pregunta crucial es qué tipo de banco interamericano necesitamos en la post-pandemia. El debate sigue ausente; especialmente en lo que se refiere a lo que se entiende y se entenderá por "desarrollo" después de la Covid-19. En este contexto puede ser útil evaluar una especie de mega Plan Marshall para América Latina y el Caribe por el cual el BID, el Banco de Desarrollo de América Latina, el Banco de Desarrollo del Caribe, el Banco Centroamericano de Integración Económica y el Banco Mundial unen esfuerzos, iniciativas y recursos para responder a las necesidades críticas de una región gravemente dañada por la pandemia. La elección apresurada y contenciosa del presidente del BID no contribuye ni facilita esta urgente tarea.

Además, hay una consideración diplomática. Las relaciones entre EE.UU. y América Latina están en el punto más bajo en décadas. Ha habido tensiones recurrentes con diferentes países. Hay una falta de puntos de vista comunes sobre temas como el medio ambiente, los aranceles, las drogas ilegales, la migración, los derechos humanos, el derecho internacional, las regulaciones de armas de fuego, entre otros.

¿Por qué añadir una nueva fuente de controversia en las Américas? ¿Por qué Washington se obsesiona tanto con hacer que América Latina sea más atractiva para la proyección del poder chino?

El uso de palos sin zanahorias por parte de Washington ha sido la realidad de la agenda interamericana en los últimos cuatro años. Sin embargo, el historial de fracasos de los Estados Unidos en la región no tiene precedentes. ¿Por qué añadir una nueva fuente de controversia en las Américas? ¿Por qué Washington se obsesiona tanto con hacer que América Latina sea más atractiva para la proyección del poder chino?

Un presidente americano en el BID es una receta para las fricciones y las frustraciones. Estados Unidos tiene el control total de su Banco de Importación y Exportación y de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, junto con las mayores instalaciones de preparación de proyectos que operan en América Latina y el Caribe a través de la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos.

La relativa falta de éxito de la atracción comercial y de inversiones de los Estados Unidos en la región durante la última década no tiene nada que ver con el BID o China: refleja que algo está sucediendo con la comunidad empresarial de los Estados Unidos y el énfasis de Washington en involucrar a los militares en el orden público interno en toda América Latina y el Caribe.

Finalmente, un argumento político. De acuerdo con las reglas de votación del BID, la participación de los EE.UU. es del 30%. América Latina y el Caribe tienen el 50%; Canadá, el 4%; y los miembros no regionales (en su mayoría europeos más Japón, entre otros), el 16%. Washington puede creer que ya tiene la mayoría absoluta de los votos para su candidato.

Pero puede haber sorpresas. Con el 25% de los votos no puede haber quórum para deliberar: una postura muy fuerte pero muy probable que exige una coalición de países para alcanzar ese número. Hay que tener en cuenta que debido a su 30% de votos Washington puede afectar unilateralmente el quórum y nadie ha dicho nunca que el uso de esta opción política sea una demostración de hostilidad.

Por primera vez, varios gobiernos latinoamericanos, de diferentes tendencias políticas, están dispuestos a llegar tan lejos. Con el 50% de los votos, varios países pueden convocar una nueva jornada electoral: una coalición más amplia debería movilizarse y alcanzar ese porcentaje.

Esto es algo muy difícil de lograr, pero los aliados tradicionales de los Estados Unidos, como Canadá y muchos países europeos, pueden creer que ha llegado el momento de mostrar su malestar con la Casa Blanca. ¿Está el presidente Trump dispuesto a apostar por una u otra posibilidad? Todavía hay tiempo para arreglar una nueva fecha para la elección del presidente del BID.

La mejor alternativa para las Américas ahora es posponer la elección del presidente del BID para principios de 2021.Se requieren tres elementos cruciales. Primero, los líderes de América Latina deben hacer el llamado. Es ahora o nunca. Segundo, personalidades americanas tanto del partido democrático como del republicano deberían apoyar tal demanda de la región. Tercero, la administración debe darse cuenta de que es mejor negociar en lugar de imponer un candidato para el banco. Estos tres factores son razonables, no aventureros.

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