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Prosperando a pesar de la represión

Activistas de todo el mundo están repensando sus estrategias y fortaleciendo la colaboración entre movimientos como respuesta a la represión a nivel global. English Português

Semanur Karaman Ana Cernov
7 September 2016
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Cartel en apoyo a la comunidad LGBTQ en Turquía después de represión llevada a cabo por el gobierno Turco em junio de 2016. Berlin, 2016. Todos os derechos reservados.

A pesar de que nuestros movimientos y luchas colectivas carecen de recursos suficientes para analizar en profundidad el estado actual de nuestro entorno operativo, disponemos de diversas investigaciones que apuntan a un hecho preocupante: los espacios democráticos se están convirtiendo en el blanco de la represión de los gobiernos y de los actores no estatales violentos. Y lo peor de todo es que hay muy poca rendición de cuentas en relación a los riesgos, las amenazas y la violencia a la que se enfrentan aquellas personas, inspiradas y comprometidas, que alrededor del mundo luchan por un objetivo común: vivir en sociedades libres, igualitarias y justas, y en comunidades donde nuestras identidades no sólo sean aceptadas, sino también, celebradas.

Las restricciones y amenazas a las libertades civiles pasaron a ser de dominio público cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU nombró un Relator Especial para la Libertad de Reunión y Asociación en 2010 y 2013, dejando bien claro que las libertades reconocidas y garantizadas internacionalmente, las mismas que permiten a todos los ciudadanos participar en los procesos democráticos, están en peligro. Además, el año pasado, Freedom House declaró que 2015 fue el décimo año consecutivo en el que se produjo una disminución de la libertad global en lo que a las libertades civiles se refiere. Este análisis fue respaldado por CIVICUS, que identificó una lista de 96 países – una lista que no para de crecer – en los que existen “serias amenazas" para la sociedad civil.

Los dos somos activistas y venimos de Turquía y Brasil respectivamente. Ambos países han lanzado ataques contra aquellos que exigen a su gobierno rendir cuentas por las violaciones de los derechos humanos y los que trabajan activamente desde movimientos para lograr un mundo libre de violencia y discriminación. Sin embargo, la resistencia de los movimientos en nuestros países nos permite no ser tan pesimistas acerca de nuestra capacidad colectiva para alcanzar cambios significativos.

Dándonos cuenta de cómo los movimientos alrededor mundo están repensando sus estrategias y conectando con las luchas de diversas regiones en distintas cuestiones, estamos revisando ligeramente nuestra perspectiva del marco de represión al que diversas formas de activismo en todo el mundo están siendo expuestos. Movimientos de todo el mundo están reclamando espacios democráticos y están contrarrestando.

Por desgracia, los estados más poderosos del mundo, desde los Estados Unidos a China, pasando por Rusia y Sudáfrica - con inmensos recursos económicos, sofisticados equipos tecnológicos y poderosos ejércitos a su disposición – temen algo por encima de todo lo demás: las personas, organizaciones y movimientos que documentan las violaciones de derechos humanos y la incapacidad de sus gobiernos para hacer valer la justicia y la igualdad. El activismo se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional. A los ojos de los gobiernos, nosotros somos unos vándalos que traemos con nosotros el indeseable disenso que cuestiona su legitimidad y les obliga a rendir cuentas.

En Estados Unidos, el movimiento #BlackLivesMatter desafía el racismo enraizado, mientras exige responsabilidades a las fuerzas de seguridad por los ataques sistemáticos contra la vida de los ciudadanos negros. En Rusia, la represión contra el activismo LGBT es un patético intento de mantener una narrativa hetero-normativa y patriarcal, necesaria para mantener de pie el régimen despiadado y machista de Putin. El activismo homosexual es percibido como una amenaza inminente al status quo. En China, a pesar de la inmensa vigilancia e intimidación, las organizaciones de derechos de las mujeres desafían la discriminación y la violencia de género y defensan colectivamente la existencia de un espacio público libre de acoso sexual. En Sudáfrica, un fuerte activismo indígena en defensa de la tierra, del territorio y de la vida se resiste a las asociaciones público-privadas que se dedican sobre todo al extractivismo. Pese a la aparición de nuevas fuerzas de opresión, crecen las grietas en los viejos sistemas de poder debido a los esfuerzos de aquellos que luchan por recuperar los espacios democráticos.

Los esfuerzos de los diversos movimientos en repensar las estrategias y aprender de las experiencias de otros se utilizan como táctica deliberada para fortalecer las respuestas a las amenazas, riesgos y violaciones. Un ejemplo reciente es la creación, en marzo de 2015, de la WHRD MENA Coalition (Coalición de Mujeres Defensoras de los Derechos Humanos en Oriente Medio y el Norte de África), fruto de un esfuerzo formal por reunir a las WHRDs (Mujeres Defensoras de los Derechos Humanos) de distintos movimientos para elaborar una estrategia común, desarrollar nuevas ideas y aprender unos de otros. El resultado es una estructura coherente que permite fortalecer las respuestas regionales. Cabe recordar que la coalición fue creada en un momento en el que la región estaba sacudida hasta sus cimientos por guerras, violencia sectaria e intereses antagónicos y altamente polarizados. 

En diciembre de 2015, la Coalición MENA unió esfuerzos con la iniciativa IM-Defensoras - una red WHRD que opera desde Ciudad de México y Oaxaca - para aprender de sus experiencias y compartir estrategias. Hablando del valor de este intercambio, Sara Abughazal, de WHRD-MENA, decía que la colaboración fue una experiencia de aprendizaje única, una vez que se dieron cuenta de que “las redes pueden proporcionar un apoyo vital y, lo que es más importante, desmitificar la idea de que la WHRD está sola. Al aportar un sentido de permanencia y funcionar como puente hacia movimientos mayores, nos dimos cuenta que ninguna WHRD es una isla.” Ana María Hernández, del Consorcio Oaxaca, respalda esta idea: “este tipo de experiencias nos hacen más fuertes y amplían nuestra perspectiva sobre las múltiples formas de trabajar. Estamos repletas de energía para continuar trabajando en una nueva forma de convivencia social.”

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Protestas en Sao Paulo 22 mayo, 2014, exigendo mejores casas e políticas. Laura Daudén. Todos los derechos reservados.

El valor de la colaboración entre movimientos es incalculable en un mundo donde los estados recurren constantemente a estrategias que intentan deliberadamente aislar y desmoralizar a los activistas. En 2012, en Turquía, una amplia alianza entre los defensores de los derechos de las mujeres, los movimientos LGBT y de otras minorías presionó al gobierno y participó activamente en determinar el contenido de una de las leyes más progresistas contra la violencia en la región, y en el mundo, pese a los problemas que existen a la hora de aplicarla.  Nadie puede negar que Turquía no es un país libre de violencia y discriminación de género. Sin embargo, también hay que reconocer las contribuciones significativas por parte de las alianzas entre movimientos que lograron contrarrestar la represión contra las identidades y las luchas. En Brasil, por ejemplo, la colaboración entre movimientos fue crucial para reducir el daño provocado por una draconiana legislación anti-terrorista. La intrincada alianza de movimientos y organizaciones, de todos los tamaños y sectores sociales, logró presionar al gobierno, haciendo con que varias restricciones arbitrarias y desproporcionadas – que de haber sido mantenidas hubiesen afectado el activismo – fuesen retiradas.

En noviembre de 2015, durante un debate sobre la sociedad civil global, Maina Kiai, la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la libertad de reunión pacífica y de asociación, dijo: "Los viejos métodos no están funcionando. Quizás haya llegado la hora de que pensemos en nuevas maneras de impulsar esta agenda. Tenemos que pensar de forma innovadora.” Lo estamos haciendo. Por esta razón en especial, el Forum AWID en Bahía, Brasil, este mes de septiembre, reúne a diversos componentes de los espacios democráticos para reevaluar colectivamente nuestros métodos y proporcionar respuestas y estrategias innovadoras para recuperarlo.

Para hacer frente a la represión y ampliar nuestros espacios de acción, debemos internalizar la cultura democrática en nuestros movimientos. No debemos dejar espacio a los obstáculos que impidan la absoluta aceptación y celebración de nuestras distintas identidades y luchas. Los movimientos de distintas regiones y que luchan por distintas cuestiones y demandas se complementan entre sí gracias a la gran cantidad de experiencias y estrategias distintas. Solamente proporcionando espacio y recursos para que los movimientos se conozcan, colaboren y aprendan unos de otros seremos capaces de ofrecer respuestas de manera creativa e innovadora. En nuestro camino hacia la construcción de estrategias nuevas y eficaces, todos debemos aprovechar las experiencias de los activistas y los movimientos que nos precedieron. Y que resistieron a ataques violentos muy similares a aquellos con los que nos enfrentamos actualmente. 

Este artículo fue publicado por primera vez en openDemocracy 50.50 como parte de la serie: AWID Foro Feminista Futuros: La construcción de poder colectivo de los derechos y la justicia.  Bahía, Brasil 8-11 septiembre. 

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