No faltan ejemplos históricos que ilustran cómo el derecho de acceso a la salud ha permitido un cambio en las relaciones negativas propias de la realpolitik hacia la cooperación solidaria positiva, especialmente cuando el objetivo es superar un enemigo común de salud pública.
La penicilina, producida a gran escala y sin restricciones desde 1943, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sirvió para tratar a los soldados heridos de todas partes involucradas en los enfrentamientos. Más recientemente, durante lo peor de la epidemia del VIH/Sida, el acuerdo que permitió la fabricación de medicamentos genéricos contra el virus superó intereses privados, comerciales y burocráticos, salvando a millones de personas y desarrollándose hoy en sólidos programas de lucha contra el VIH en varios países.
¿Por qué no podemos hacer lo mismo en la lucha contra la Covid-19? Actualmente, el debate sobre la liberalización de las patentes de las vacunas Covid-19 parece superponerse de manera inhumana a la obligación ética de salvar vidas, prevaleciendo los intereses comerciales y la inercia burocrática.