democraciaAbierta: Opinion

Liberar las patentes de las vacunas Covid-19: ¿una panacea para la desesperación mundial?

El debate sobre la liberalización de las patentes de las vacunas contra la Covid-19 parece superponerse de manera inhumana a la obligación ética de salvar vidas

Luis Filipe de Souza Porto
Luis Filipe de Souza Porto
27 abril 2021, 12.00am
Campaña de vacunación contra la Covid-19 en São Paulo, Brasil
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Fepesil/TheNEWS2/ZUMA Press, Inc. / Alamy Stock Photo

No faltan ejemplos históricos que ilustran cómo el derecho de acceso a la salud ha permitido un cambio en las relaciones negativas propias de la realpolitik hacia la cooperación solidaria positiva, especialmente cuando el objetivo es superar un enemigo común de salud pública.

La penicilina, producida a gran escala y sin restricciones desde 1943, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, sirvió para tratar a los soldados heridos de todas partes involucradas en los enfrentamientos. Más recientemente, durante lo peor de la epidemia del VIH/Sida, el acuerdo que permitió la fabricación de medicamentos genéricos contra el virus superó intereses privados, comerciales y burocráticos, salvando a millones de personas y desarrollándose hoy en sólidos programas de lucha contra el VIH en varios países.

¿Por qué no podemos hacer lo mismo en la lucha contra la Covid-19? Actualmente, el debate sobre la liberalización de las patentes de las vacunas Covid-19 parece superponerse de manera inhumana a la obligación ética de salvar vidas, prevaleciendo los intereses comerciales y la inercia burocrática.

Más de tres millones de vidas se cobraron en aproximadamente año y medio de pandemia de Covid-19, tantos muertos como las batallas de Verdún y Stalingrado combinadas. Sabemos que solo hay una forma de superar esta crisis: la vacunación universal. Sin embargo, gran parte del mundo se enfrenta actualmente a una escasez de vacunas, como si la historia no ofreciera, de manera casi exhaustiva, ejemplos de mecanismos y acciones para enfrentar las crisis de salud de manera más rápida y menos burocrática.

Brasil, al igual que otros países emergentes como India, se ha dado cuenta a lo largo de la historia reciente de que la política exterior y el acceso a una salud decente son las dos caras de la misma moneda. Multiplicó sus esfuerzos de cooperación con diferentes países – muchos en el hemisferio sur –, caracterizando lo que se conoce en Relaciones Internacionales como "Cooperación Sur-Sur", adoptando una actitud exigente hacia la comunidad internacional en su conjunto de manera activa y construyendo eficaz herramientas de soft power en la política exterior.

El acceso a las vacunas no debe estar determinado por el poder adquisitivo de cada país, ni por los intereses privados de los laboratorios farmacéuticos

En las organizaciones internacionales, la actitud altiva no es diferente y ha sido una constante en la política exterior brasileña desde la creación de la Sociedad de las Naciones. La exigencia de facilitar el acceso a la atención sanitaria, en general, es un tema constante en los alegatos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPAS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y varios otros.

Esta implicación global refleja tanto el interés del mundo exterior por el potencial de los países emergentes en diversos campos como la expresión cada vez más latente de estos países de proyectarse más activamente en la escena internacional. Refleja la necesidad de abordar la salud de forma solidaria y colectiva. Así fue cómo abrimos las puertas a una política global eficaz contra el Sida en varios países, superando diversas barreras. ¿Podría ser diferente ahora?

Las patentes no pueden ser un obstáculo para la vacunación universal y rápida. La situación es de extraordinaria emergencia global y requiere una solución extraordinaria y de emergencia. El acceso a las vacunas no debe estar determinado por el poder adquisitivo de cada país, ni por los intereses privados de los laboratorios farmacéuticos. No es lógico que hayamos sido capaces de superar diversas crisis sanitarias a lo largo de la historia de esta manera; no tiene sentido que hayamos desarrollado una serie de vacunas seguras y eficaces en tan poco tiempo, pero con un acceso dificultado por obstáculos comerciales, políticos y burocráticos.

Sabemos que es un proceso complejo, incómodo y quizás lento. Pero, ¿cuál es la alternativa? ¿Esperar? Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que esto no es una opción.

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