José Zepeda: La mayoría del mundo, no sólo de los nicaragüenses, han vivido con asombro esta conversión del presidente Daniel Ortega, de un revolucionario que libera al país junto con sus compañeros de la dictadura de Somoza, a convertirse on el pasar de los años también en un tirano com o el que derrocó. Me consta que la explicación más socorrida es el amor por el poder. Pero ¿alcanza a explicar eso toda la importancia que tiene esta conversión?
Juan Carlos Arce: Por más de 10 años, Ortega se mantuvo en Nicaragua una estabilidad económica y política importante. Esa estabilidad estuvo marcada por una alianza con el gran capital del país.
En Nicaragua hemos soportado dictaduras por gobiernos que responden a un modelo que va más allá de Ortega, aunque él tiene una responsabilidad individual en lo que pasa y en la crueldad con la que se implementan las decisiones de Estado. Como colectivo de derechos humanos, hemos documentado más de 100 casos de tortura desde el 2018. Vemos un sentido muy claro de venganza, con acciones crueles como política de Estado.