El desafío de Trump a los resultados del proceso electoral es el último de sus actos de deslegitimación de la democracia. Meses atrás anunció que aceptaría la validez de las elecciones sólo en el caso de que resultase victorioso. Este tipo de afirmaciones, repetidas por el presidente de Estados Unidos, desgastan el sistema democrático.
Más aún, desde su campaña electoral en 2016 instauró formas de actuar hacia sus contrincantes políticos (especialmente la burla y la difamación) y hacia los medios de comunicación (presentándolos como sesgados adversarios políticos) que rompían con las normas del respeto entre adversarios y hacia la libertad de expresión.
Las mentiras y distorsiones de la realidad (como hablar de éxito contra la pandemia el día que los contagios en su país alcanzaron los 11 millones y los 251.000 fallecidos) fueron tomadas por muchos analistas políticos como anécdotas o excentricidades. Inclusive, los conceptos mismos de fake news (noticias falsas) y “realidades alternativas” se han vuelto casi normales.