democraciaAbierta

Con Bolsonaro, Brasil renuncia al liderazgo mundial

Con la cancelación de eventos y recortes en políticas medioambientales, el país se queda al margen de las negociaciones multilaterales. English. Portuguese.

Letícia Casado
12 June 2019
El presidente argentino Mauricio Macri recibe al presidente brasileño Jair Bolsonaro en la Casa Rosada, Buenos Aires, Argentina, el 6 de junio de 2019. Foto: Jose Dias/DPA/PA Imágenes. Todos los derechos reservados.

En lo que se refiere al medio ambiente, el presidente brasileño Jair Bolsonaro cree que está llevando a cabo un ajuste de cuentas.

“Brasil no le debe nada al mundo en cuanto a la conservación del medio ambiente”, declaró durante su visita a Chile, inmediatamente después de que Brasil hubiese decidido rechazar la invitación para ser sede de la COP25, la más importante cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático. “A nosotros lo que nos preocupa es el desarrollo”, añadió.

Pero más allá de los círculos gubernamentales, tanto ambientalistas como funcionarios del Ministerio del Medio Ambiente y otros observadores opinan que el presidente está renunciando a la única área en la que Brasil ejercía liderazgo a nivel mundial.

Desde 1992, cuando fue sede de la Eco-92, la buena reputación de Brasil en temas medioambientales fue en ascenso, llevando al país a actuar como portavoz de otros, especialmente de los países en vías de desarrollo que cuentan con selvas tropicales y de los países vecinos con los que comparte la selva amazónica.

“En el escenario de la diplomacia internacional, es un hecho que Brasil ha liderado las negociaciones en estos temas. En cuestiones medioambientales, de biodiversidad y clima, todo el mundo ha esperado a ver qué tenía que decir Brasil para, a partir de eso, tomar posición”, afirma Adriana Ramos, del Instituto Socio-Ambiental (ISA). “Al ser una potencia medioambiental, Brasil poseía hasta ahora la prerrogativa de fijar la agenda y establecer normas”.

A pesar de que no ha seguido adelante con algunas de sus propuestas más polémicas, entre las cuales la de salirse del Acuerdo de París y hasta de la propia ONU, el gobierno de Bolsonaro ha movido otras fichas polémicas más allá de la cancelación de la COP25 en Brasil.

Que Brasil se inhiba de participar en las negociaciones multilaterales sobre el medio ambiente podría acarrear consecuencias muy negativas para la economía del país.

Brasil no envió representantes a una conferencia sobre gestión forestal y agricultura organizada por el PNUD, organismo que también pertenece a la ONU, celebrada en Perú en el mes de mayo. También se retiró de la sesión de Revisión Nacional Voluntaria de la ONU del mes de julio para evaluar el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y canceló la Semana del Clima de América Latina y el Caribe, otro evento de la ONU previsto para agosto y que debía realizarse en Salvador de Bahía.

Antonio Carlos Magalhães Neto, alcalde de la ciudad - cuyo partido forma parte de la coalición de gobierno de Bolsonaro - se opuso a la cancelación. Unos días más tarde, el Ministerio del Medio Ambiente rectificó y dio de nuevo su apoyo a la conferencia.

Consecuencias económicas

Que Brasil se inhiba de participar en las negociaciones multilaterales sobre el medio ambiente podría acarrear consecuencias muy negativas para la economía del país en el medio y largo plazo.

Estos encuentros sirven de guía para el desarrollo de las políticas económicas de los distintos países. Por ejemplo: si avanzan las discusiones sobre la necesidad de evitar la construcción de centrales termoeléctricas para reducir los gases de efecto invernadero, la matriz energética de los países signatarios del acuerdo debe planearse descartando ese tipo de fuente de energía.

El posible incremento de las restricciones a la exportación debido a cuestiones medioambientales está en el radar de los grandes empresarios brasileños.

Lo mismo ocurre con las normas que afectan a la agroindustria, dado que varios países, en particular de la Unión Europea, se han marcado como objetivo importar alimentos cuya cadena productiva tenga un bajo impacto medioambiental.

La vinculación de cuestiones medioambientales con el comercio es hoy una tendencia mundial que se concreta en los estándares que adoptan empresas privadas exigiendo productos con sellos de certificación ambientales y de origen. Estas normas guían las compras que realizan los países y hasta las cadenas de supermercados.

Por consiguiente, al salirse de las convenciones internacionales sobre el medio ambiente, lo que hace Brasil es permitir que sean otros países los que definan normas a las que deberá ceñirse para la exportación de sus productos.

Ambientalistas y economistas señalan que las metas de conservación van a utilizarse cada vez más para imponer restricciones comerciales a los países que no cumplan con los objetivos multilaterales de contención del calentamiento global, sobre todo si la temperatura del planeta continúa subiendo en los próximos años.

“En el mundo actual, las represalias se toman por vía comercial”, afirma Fabiana Alves, especialista en cambio climático de Greenpeace.

El posible incremento de las restricciones a la exportación debido a cuestiones medioambientales está en el radar de los grandes empresarios brasileños. Desde octubre de 2018, en plena campaña electoral, Coalición Brasil ya se posicionó a favor del Acuerdo de París y de desarrollar una economía baja en carbono.

También manifestó públicamente su oposición a la eliminación del Ministerio de Medio Ambiente - otra iniciativa en la que Bolsonaro se vio obligado a dar marcha atrás - y a realizar cambios legislativos en el Código Forestal, que sanciona duramente a los deforestadores. En Coalición Brasil figuran 190 representantes de la industria agraria, académicos y ambientalistas, e incluye a algunos de los exportadores de commodities más importantes de Brasil.

En otro frente, el gobierno brasileño criticó la gestión del Fondo Amazonia y despidió a su gerente. El Fondo, que desde 2009 viene aportando la mayor parte de los recursos que se dedican a combatir la deforestación de la Amazonia, lo financian los gobiernos de Noruega y Alemania, dos de los países con un índice de sostenibilidad más alto del mundo.

La embajada de Noruega en Brasil se posicionó en contra de las críticas recibidas hechas por el equipo de Bolsonaro y confirmó su plena satisfacción con el trabajo de la gerente del Fondo.

El discurso nacionalista contra el multilateralismo, propio de un pasado de bipolaridad y Guerra Fría, ya no tiene cabida en la sociedad actual.

Entrevistado por el periódico O Estado de São Paulo, el Ministro del Medio Ambiente de Bolsonaro, Ricardo Salles, culpó a los gobiernos anteriores y dijo que todavía no ha transcurrido tiempo suficiente para que sus políticas surtan efecto.

Deconstrucción de las políticas públicas

En sus primeros cinco meses de gobierno, Bolsonaro no se ha limitado a retirar a Brasil del escenario de las negociaciones globales. También ha interferido en políticas internas, bloqueando recursos dedicados a la lucha contra el cambio climático y recortando la financiación del IBAMA, la principal agencia de control medioambiental del país.

Mientras, la velocidad de la deforestación de la Amazonia registrada en el último mes es la peor en diez años: 19 campos de fútbol por hora.

En el Ministerio del Medio Ambiente, reina un clima de incomodidad. Un funcionario, que pide mantener su anonimato para evitar represalias, afirma que mientras Brasil renuncia a ejercer liderazgo en este terreno, China está invirtiendo para convertirse en referencia del sector y alcanzar los objetivos de reducción de las emisiones de carbono y de contaminación del aire fijados para el año 2030.

China acogerá la Convención de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad en 2020. El país cuenta con grandes instalaciones de energía solar y se ha propuesto reducir el uso de carbón, financiar proyectos de economía verde e implementar zonas urbanas de desarrollo sostenible en consonancia con los objetivos de la agenda de la ONU para el año 2030.

“China ya es líder global en tecnología limpia”, indica un informe de febrero de 2019 de la IEA, la agencia internacional de energía. El informe destaca que la acelerada transformación del país está en línea con las metas del Acuerdo de París para frenar el cambio climático y que las soluciones implementadas por China pueden beneficiar a “países de todo el mundo, incluyendo los países en fase de desarrollo, que van a experimentar un rápido aumento de la demanda de energía durante los próximos años”.

Según Alves, de Greenpeace Brasil, el discurso nacionalista contra el multilateralismo, propio de un pasado de bipolaridad y Guerra Fría, ya no tiene cabida en la sociedad actual.

“Bolsonaro ganó las elecciones con este discurso, pero no tiene ningún sentido puertas afuera”, comenta. “Se está apartando de la agenda internacional, y eso significa alejarse del comercio internacional”.

Este artículo fue publicado previamente por Diálogo Chino.

Comentarios

Animamos a todo el mundo a que haga comentarios, Por favor, consulte las intrucciones de openDemocracy para comentarios
Audio available Bookmark Check Language Close Comments Download Facebook Link Email Newsletter Newsletter Play Print Share Twitter Youtube Search Instagram