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Viernes Santo: El frenesí de los penitentes

Tras dos años de suspensión por la Covid-19, más de 250 mil personas estuvieron en la procesión de Jesús del Gran Poder en Ecuador.

Gabriela Ruiz Agila
18 abril 2022, 6.32pm
Cucuruchos en peregrinación por la calle Venezuela. Al fondo se aprecia la imagen de la Virgen del Panecillo Foto: Nando Lagla.

Adoración y adoctrinamiento

La escultura de Jesús de Nazaret, diseñada en el siglo XVII con palo de balsa, es la figura central del evento que empezó en 1961 impulsado por la orden franciscana. Sobre la túnica marrón resaltan la piel del Cristo blanco y el resplandor de las piezas de orfebrería diseñadas en plata con la impronta de la reconocida Escuela Quiteña así: La corona de espinas se clava sobre la piel martirizada que brilla esmaltada con vejigas de borrego y resaltan tres potencias sobre la cabeza del Hijo de Dios.

La imagen de veneración reposa entre arreglos de rosas rojas junto a la Virgen Dolorosa y San Juan Bautista. Más tarde, se llevarán en andas con ayuda de un coche mecánico desde el altar principal recubierto con pan de oro en la iglesia que data entre 1537 y 1680.

Los días previos, se preparan con ensayos y rezos. El miércoles santo se lleva a cabo el Arrastre de Caudas y el jueves santo se celebra el lavatorio de pies para conmemorar la última cena. Por costumbre, los creyentes católicos recorrían este día las siete iglesias de la calle García Moreno para recoger agua bendita, instrumento imbatible para limpiar casas, curar espantos y combatir malos espíritus.

A las 6:00 de la mañana, inicia la congregación de los devotos. La luz del día ilumina una larga fila de cruces acomodadas a lo largo de la calle Bolívar y arrimadas en el extenso muro conventual. En los predios del colegio San Andrés disponen el orden de los personajes en bloques: cucuruchos y verónicas, penitentes, almas santas, saumeriantes. Aunque una vez en las calles, otros personajes como diablos y danzantes del carnaval puedan emerger para irrumpir en la parsimonia de los beatos, producto del sincretismo cultural.

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Cruces en fila y numeradas en la calle Bolívar. Quito. Foto: Nando Lagla.

Los altoparlantes al interior del recinto educativo se hacen eco de la transmisión en vivo de la programación especial de Radio Francisco Stereo y Radio Jesús del Gran Poder y se replica hasta los exteriores donde las tiendas y radios portátiles hacen lo mismo. El Centro Histórico de Quito se alza como un solo convento que reúne 24 iglesias, tal fuera la observación del explorador Alexander Von Humboldt en su visita de 1802.

Otro peregrinaje, otros lienzos

Pero a las 6:00 también inicia un peregrinaje paralelo, el de comerciantes informales. El 13,90% de la Población Económicamente Activa (PEA) en Quito se ocupa en el mercado informal. La pandemia acentuó el desempleo y personas en situación de calle. Siete de cada diez ecuatorianos no tiene un empleo formal según las encuestas del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC) y la Encuesta Nacional Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU).

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Canchas del colegio San Andrés de los franciscanos. Foto: Nando Lagla

En la calle Imbabura se agita un surtido comercio de comida popular, manjares exquisitos del surtido callejero: espumilla, helados, jugos de frutas tropicales y frutas troceadas, frituras y platillos exóticos preparados con el hervor de menudencias y caldos contundentes. Alimentos necesarios para recabar energía que permita sostener el alma y el cuerpo en la jornada.

Los trajes tradicionales de cucuruchos y mantillas para Verónicas se ofertan en 10 dólares cada uno, en colores púrpuras. También se rentan por las organizaciones religiosas a cinco dólares. El traje se sostiene con un cordón blanco que lleva tres nudos que aluden a los tres votos de Pobreza, Obediencia y Castidad.

Las canchas deportivas del colegio se convierten en un confesionario público y al aire libre. Los cuerpos abatidos por la conciencia, entregan en secreto de confesión lo que consideran son sus pecados. ¿Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza? Los imaginarios sociales de los quiteños sobre el infierno están representados en la pintura de Hernando de la Cruz de 1629.

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Penitente con el torso desnudo. Foto: Nando Lagla

Mientras esperan la orden de salida, los hombres exhiben sus torsos desnudos y cubren sus rostros bajo el anonimato de las capuchas de los cucuruchos donde solo se dejan ver los ojos. Los cuerpos de los penitentes son los otros lienzos marcados. Abundan los tatuajes de corazones atravesados por flechas, coronados por espinas y alados, igual que el cuerpo de Cristo.

El “divino rostro” del Maestro, y las representaciones del señor de la Justicia y la Virgen de Guadalupe se repiten con tintas burdas que solo son superadas por dolorosas cicatrices. Los hermanos Mauricio de 28 y Wilson Cayancela de 31 años, se ayudan el uno al otro a colocarse cruces de cactus espinosos sobre la espalda que lesionan previamente con golpes de ortiga fresca. Las sostienen con cordones blancos y estampillas religiosas. La autoflagelación y el martirio son sanciones que se imponen algunos penitentes para expiar culpas o alcanzar un milagro.

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Los hermanos Mauricio de 28 y Wilson Cayancela de 31 años, se ayudan el uno al otro a colocarse cruces de cactus espinosos. Foto: Nando Lagla

Para acentuar el dramatismo, los penitentes escriben sobre su piel. “Dios nos bendice” se lee en el pecho de un muchacho que tiene cuatro o cinco cortes en el cuero cabelludo y otras tantas en su cara. La piel puede contar lo que no alcanza a decir una lengua de piedra endurecida por las condiciones de pobreza y violencia. En Ecuador, las masacres carcelarias se han vuelto recurrentes entre 2021 y 2022 sin que el gobierno de Guillermo Lasso logre asumir el control.

Nosotros, Cristos de las calles

La familia de don Geovanny Maldonado trae su propia imagen de Cristo a la procesión desde hace 20 años que inició con la devoción de sus abuelos Maruja y José Francisco. Son comerciantes en el mercado de San Roque y vienen este año a dar las gracias por la salud de la familia extendida: hijos, hermanos, tíos, primos, sobrinos que vienen a cargar a su santo.

José Eduardo Velasco, el Cristo que llevará la cruz número tres, explica que hace esta penitencia en favor de su familia. Lleva en su mano izquierda un anillo de tres aros con su nombre y los pies descalzos. Su cruz está hecha de bambú.

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Retrato de la familia Maldonado junto a la imagen del Jesús del Gran Poder que lleva más de 20 años en la procesión. Foto: Nando Lagla.

¿Dónde trabaja? Pregunto a Luis Guanagua de 38 años viendo sus manos hinchadas y uñas llenas de tierras. “En el camal” al sur de Quito. Esta es la primera vez que participa.

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Luis Guanagua de 38 años. Trabajador en el Camal al sur de Quito. Foto: Nando Lagla.

A las 10:00 de la mañana del viernes 15 de abril, se abren las puertas de la Iglesia de San Francisco. Se conduce a la multitud de performáticos entre los pasadizos del colegio Santa Andrés hasta los patios del convento y de ahí a la nave central de la Iglesia. La leyenda afirma que fue construida por Cantuña con la ayuda del diablo. Entre las piedras grises traídas de las canteras del Pichincha sobresale el cielo celeste y las bandadas de palomas, y ahora, un río púrpura que se abre camino entre la multitud para correr desde las entrañas del convento y vertirse entre los mortales.

La solemnidad de la procesión se marca por la música fúnebre de bandas de pueblo, artesanos y priostes de barrios populares a lo largo de 3,3 kilómetros. Se embanderan las calles para marcar las doce estaciones del Vía Crucis en las calles Bolívar, Benalcázar, Venezuela, Manabí, Vargas, Riofrío hasta retornar a la plaza de San Francisco.

La procesión permite el encuentro de todas las clases sociales, políticos, autoridades eclesiales y militares, hasta quienes desprovistos de toda posibilidad material, guardan la esperanza de encontrar las riquezas de un paraíso prometido. El platillo tradicional que se prepara en Semana Santa necesita para su preparación 12 granos, bacalao entre otros ingredientes, su precio oscila entre los cinco a 15 dólares americanos. Inalcanzable para 32 de cada 100 ecuatorianos que sobreviven con 2,80 dólares al día. El pan cuesta actualmente 22 centavos de dólar y no hay subsidios a los combustibles.

Gonzalo Chisaguano lleva 24 años de sus 38 años, tradición que inició su padre José y ahora comparte con su hijo Leonardo de 20 años a quien heredó las pesadas cadenas que cargó ocho años. “He pedido y me ha cumplido el Jesús del Gran Poder” expresa con voz suave el padre de familia que ruega por conservar su empleo en el sector de la limpieza. “A veces la gente dice: ¿será ladrón? No me importa.” Gonzalo hará el Vía Crucis acompañado de sus primos y compañeros que vienen del barrio La Colmena.

Cuesta arriba

A las 12:00 del día, el sol de la Mitad del Mundo no hace sombra en Quito. El calor agobiante se vuelve el látigo inclemente de los asistentes. Los rasgos se marcan con mayor dureza en los rostros de los afligidos y expuestos dolientes.

Este año el chagrillo fue casi inexistente. Desde los balcones adornados con gardenias, era costumbre lanzar pétalos de rosas para bañar al Jesús del Gran Poder y acompañar su transitar. Las otras imágenes ausentes fueron las de las esculturas antiguas paseándose por los feligreses. Encontré un Niño Dios de unos 50 centímetros adornado con sandalias de plata y piedras preciosas con un diminuto anillo de oro en el dedo índice.

Al doblar de la calle Manabí a la Vargas, encuentro a la familia Maldonado de San Roque llevando a su Cristo en andas. Y el espectáculo doliente y solidario de 12 y 14 hombres incluido uno en silla de ruedas que ayudaban a Luis a cargar una cruz. Cuesta arriba en la calle empinada, el tronco de un árbol embadurnado de pintura verde se volvía más pesado.

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Escena frontal del grupo de penitentes del barrio La Ferroviaria. Foto: Nando Lagla.

Imaginen la escena icónica de los cinco marines izando la bandera en Iwo Jima pero en Quito, todos son hombres latinos del barrio La Ferroviaria. Hicieron una pausa, tomaron aire y empujaron un propósito común contra todo pronóstico: el desempleo, la pandemia, la violencia, la pobreza. Algunos analistas consideran que Ecuador vive un retroceso al país de los noventa, cuando las condiciones empujaron una crisis financiera, una gran ola migratoria y la dolarización de la economía.

Una niña de unos nueve años intenta taparse los ojos con sus manos. Deja entreabiertos sus dedos para ver con asombro el dolor de los demás. Su hermana de unos diez años, le presta atención. El padre se acerca y la consuela. El dolor colectivo llega a catarsis colectiva.

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Retrato de penitentes en los patios del colegio San Andrés antes de iniciar la procesión del Jesús del Gran Poder. Foto: Nando Lagla.

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