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España: #Hablemos? #Parlem?

"Hay que optar por el diálogo, el respeto y la comprensión. Somos muchos, somos diversos, respetuosos y, sobre todo, queremos un país mejor y no uno infinitamente peor". English

Una multitud se manifiesta a favor del diálogo en Madrid, el 7 de octubre e 2017, bajo el lema 'Hablamos?' Carola Frentzen / Asociación de Prensa. Todos los derechos reservados.

Algo muy notable está pasando en España. No, no me refiero a la amenaza de que se rompa España. Ni a la movilización organizada por la Fundación para la Defensa de la Nación Española (ENAES) que llenó la Plaza de Colón de Madrid con miles de personas agitando banderas españolas (algunas con la bandera pre-democrática franquista), coreando "Soy español", y que se sienten bien representadas por los partidos de derecha (PP, Ciudadanos e incluso Vox). Ni me refiero tampoco a las protestas masivas y a la huelga general en Cataluña contra la represión estatal y a favor de la independencia (pero no siempre ambas a la vez).

“Somos una nación mejor”

A lo que me refiero es a la organización de ciudadanos de base de todo el país que se niegan a tomar partido y que, en lugar de esto, deciden movilizarse para que las partes en litigio sepan que "España es un país mejor que los que lo gobiernan". Han pedido a los ciudadanos que se concentren ante los ayuntamientos de sus municipios para hablar y, así, demostrar lo que quieren que hagan los independentistas catalanes y los responsables del gobierno de España: entablar un diálogo para resolver sus diferencias.

Ante la escalada de tensión y la intransigencia tras la represión, por parte del gobierno, del referéndum ilegal en Cataluña el pasado 1 de octubre (en el que unas 840 personas requirieron atención médica tras sufrir ataques policiales en forma de golpes, patadas, empujones escaleras abajo y disparos con balas de goma), mucha gente en España ha decidido decir basta y negarse a verse forzada a elegir bando en un conflicto en el que no se identifican con ninguna de las partes.

Sea cual sea su punto de vista sobre la independencia de Cataluña, muchos quedaron horrorizados por la brutalidad policial y la actitud autoritaria que adoptó el Partido Popular contra personas pacíficas que manifestaban su derecho a expresarse mediante una votación. El aumento de la represión en España contra las protestas pacíficas, sobre todo a partir de las movilizaciones masivas del 15-M, no se ha limitado por desgracia a las recientes manifestaciones en Cataluña, sino que lleva ya tiempo siendo motivo de preocupación para los observadores y activistas de los derechos humanos movilizados contra la Ley para la Protección de la Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, de 2015. Pero, por si esto fuera poco, tras el fiasco del 1 de octubre ninguna de las partes ha mostrado intención alguna de sentarse y dialogar: el presidente catalán, Carles Puigdemont, amenazando con llevar a cabo una declaración unilateral de independencia (DUI) tras el resultado favorable en el referéndum , a pesar de que la participación se quedó en sólo el 43% del censo electoral, en condiciones que no garantizan la validez de los resultados (lo que contrasta con el 75% de participación en las elecciones catalanas de 2015); y el gobierno del PP, por su parte, amenazando con aplicar el artículo 155 de la Constitución Española, que no se ha utilizado nunca hasta la fecha, que autoriza al Estado a anular por la fuerza, si es necesario, las competencias de una comunidad autónoma en caso de amenaza para el interés general de España.

Y el rey añadió leña al fuego con un discurso progubernamental de línea dura, sin nada que promoviera un acercamiento entre las partes y sin mencionar la brutalidad policial, perfectamente documentada, contra sus súbditos en Cataluña. Con lo cual el escenario para la preservación de la paz y el bienestar de los ciudadanos catalanes no es nada halagüeño. Si el 1 de octubre más de 2 millones de personas estuvieron dispuestas a desafiar la prohibición del referéndum ilegal y a expresar su voluntad de votar, y ello antes de presenciar la brutalidad policial contra sus conciudadanos, ¿cuántas más estarían dispuestas a defender su parlamento si las cosas llegaran a ese extremo? Mientras una encuesta reciente reflejaba el hecho de que sólo el 41,1% de los catalanes desean la independencia (49,4% respondieron “no” en esa encuesta, realizada entre junio y julio de 2017, o sea antes de la represión contra el referéndum), otra encuesta de Metroscopia para el periódico El País daba que un 82% desean poder ejercer su derecho a voto en un referéndum negociado y legal y consideran que esta es la mejor vía para resolver la cuestión. Un 82% respondió también “sí” a la pregunta de si la gestión de Rajoy ha contribuido a aumentar el apoyo a la independencia de Cataluña.

A la vez que reaparecían vestigios del franquismo en forma de pequeños grupos de personas envueltas en banderas españolas cantando el himno fascista Cara al Sol y coreando "¡A por ellos!" (refiriéndose a ir tras los independentistas), muchos españoles más salieron a la calle el pasado 2 de octubre para expresar su repulsa ante la violencia policial y la violación de los derechos y libertades democráticas que se verificó en los ataques a ciudadanos pacíficos. Miembros de la intelectualidad y de las artes pidieron diálogo, políticos como Ada Colau apelaron a Europa y a la comunidad internacional para que condenasen la violencia, y Podemos exigió un diálogo que condujera a un referéndum real, con garantías y con pregunta negociada.

Cuando nada de todo esto cambió las cosas, un pequeño grupo de investigadores universitarios se reunió con otro grupo de diseñadores gráficos, investigadores y publicistas que ya habían colaborado creando una página similar de Facebook en Madrid, decidieron que había llegado la hora de que se escuchara la voz del pueblo y lanzaron un manifiesto y una convocatoria para el diálogo con el lema ¿Hablemos? Parlem?, en español y catalán. A través de las extensas redes de activistas existentes en España, el manifiesto y la llamada han recogido 20.000 expresiones de interés en la página de Facebook y se han extendido por las redes a través de Twitter. En un proceso conocido como desbordamiento, la convocatoria ha generado un flujo de mensajes y contribuciones de artistas gráficos similar al que se produjo durante las campañas que llevaron a Ada Colau y Manuela Carmena a las alcaldías de Barcelona y Madrid respectivamente, mediante plataformas que surgieron de las movilizaciones de los Indignados del 15-M, pero en un tiempo mucho más corto.

Los mensajes con los hashtags #parlem y #hablemos están llenos de imágenes y juegos de palabras. Uno de ellos muestra, por ejemplo, que en Google Translate la palabra "amor" es la misma en español y en catalán; otra convierte la palabra odio en oído; otra muestra un corazón multicolor con las palabras, en catalán: "Tengo el corazón roto, ¿hablemos?". El auge de esta movilización ciudadana de base no sólo recuerda la campaña para las elecciones municipales en las que el Movimiento de Liberación Gráfica de Barcelona y Madrid desempeñó un papel crucial, sino también las protestas del 15M en 2011, cuyo lema era "¡Democracia Real Ya!”.

"No somos ninguna mercancía en manos de políticos y banqueros". Entonces, como ahora, el manifiesto hace un claro llamamiento a la participación no partidista. Las "reglas" son: sin banderas, sin partidos políticos e ir de blanco, el color de la paz. El manifiesto recoge también el lenguaje de las consignas del 15-M: señala la brecha que existe entre un gobierno que se niega a escuchar y un pueblo que pide ser oído, y repite el famoso lema del 15-M: "¡No nos representan!". Dice así:

 "Ha llegado la hora de decir que España es un país mejor que sus gobernantes. 


Han extendido el odio, nos enfrentan y nos dividen. Si no intervenimos como sociedad, van a convertir este país en un lugar difícil para vivir. Es por eso que ha llegado la hora de que los ciudadanos den un paso adelante y salgan a la calle el próximo sábado, con ropa blanca o cintas y banderas blancas y pancartas, para mostrarles que no queremos que nos usen, que nos dividan, que nos mientan, y que somos muchos más y que esto no es algo que deban resolver ellos, sino el pueblo, a través del diálogo y la convivencia. 


En los últimos días hemos experimentado rabia y, sobre todo, una gran tristeza. Hemos sido testigos de cosas que no queríamos ver nunca, que nos duelen profundamente y que están sucediendo a resultas de las acciones de unos líderes irresponsables que ni escuchan ni hablan. Como ciudadanos, nos negamos a que nos obliguen a meternos en un callejón sin salida. No en nuestro nombre.


Sabemos que la coexistencia es posible. España es mejor que sus gobernantes y lo ha demostrado en muchas ocasiones. Es hora de unirnos para mostrarles que han sido unos incapaces y unos irresponsables, y que hay otra manera de hacer las cosas. Sin bloques ni bloqueos. Es preciso optar por el diálogo, el respeto y la comprensión. Somos muchos, somos diversos, somos respetuosos y, sobre todo, queremos un país mejor y no uno infinitamente peor.


La convivencia nace a través del diálogo y las leyes deben servir para ese diálogo. Las leyes no pueden ser usadas como un obstáculo ni, mucho menos, como un medio para generar conflictos civiles. Hay que decir basta con esta espiral, debemos detenernos, sentarnos y pensar en nuestro país. Es a través de la democracia, de escucharnos y dialogar que llegaremos a acuerdos sociales sólidos y duraderos (pactos/contratos).


Aquellos de nosotros que queremos un país basado en el respeto, en el diálogo fraternal y en la convivencia democrática frente a la violencia colguemos sábanas blancas en los balcones. En lugar de erigir muros, tomemos una hoja en blanco para construir un país en el que quepamos todos. 


España es un país mejor que sus gobernantes. ¿Hablemos?

Día: sábado 7 de octubre a las 12

Lugar: Frente al ayuntamiento de tu ciudad 


#¿Hablemos?

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Twitter anda ya lleno de acusaciones de que #Hablemos es una iniciativa de 'Podemos en la sombra', del mismo modo que a las protestas masivas contra el PP en 2004 tras los atentados de Madrid se les acusó de haber sido orquestadas por el PSOE. Hay una teoría de la conspiración que funde los hashtags #Parlem y #Hablemos y los convierte en "Pablemos", un apodo de Podemos que se originó en los sectores del movimiento 15-M que no daban su apoyo a la iniciativa electoral e implicaba una crítica a la política de liderazgo en contraposición a la política horizontalista, pero que ahora está siendo utilizado por los ultranacionalistas españoles pro-unidad.

Tales son los caprichos de la esfera Twitter. Aunque Podemos y Barcelona en Comú, así como otros partidos políticos, han apoyado la iniciativa y la han promovido activamente (para bien y para mal) el evento en Twitter, no lo han orquestado en absoluto. Otros preguntan: "¿Hablar de qué?" o "¿Qué hay que hablar?", lo que sugiere ingenuidad o equivocada equidistancia. Twitter no es en absoluto un fiel reflejo del mundo, pero sí da una idea de cierto sector ya politizado y a menudo polarizado de la población. Más reveladoras son las fotografías de las plazas de toda España donde se reúne la gente.

Madrid y Barcelona se han llenado de blanco, y no sólo de rojo y amarillo. Se vea esto como una movilización popular ingenua que ignora la realpolitik de la cuestión catalana, o como una expresión de una imaginación política creativa que se niega a tomar partido en un juego de suma cero, esta iniciativa demuestra el poder de las redes de base en España, capaces de movilizar a la gente a corto plazo ante crisis políticas concretas.

De hecho, fueron estas redes las responsables de organizar el referéndum ilegal del 1 de octubre en circunstancias muy difíciles. Apoyaron ese esfuerzo muchos activistas que no necesariamente toman partido en la cuestión catalana, pero que, como Xnet, defienden activamente los derechos democráticos y luchan contra el control estatal de internet con fines políticos. Estas redes, tanto digitales como offline, se han ido construyendo a través de muchas campañas en las últimas décadas pero, sobre todo, desde el movimiento 15-M.

También expresan un sentimiento que se extiende más allá de las fronteras de España y más allá de situaciones particulares. Como tantas otras protestas masivas que han tenido lugar en España y en Europa desde la crisis financiera mundial, ilustran la gran paradoja de la democracia contemporánea: nunca antes la gente se había mostrado tan descontenta con la democracia existente y nunca antes habían expresado masivamente y con tanta pasión su deseo de “¡Democracia Real Ya!”. Lo que quiere la gente es democracia y convivir en paz, y simplemente no quiere esta democracia, con gobernantes que no escuchan y que no actúan en el interés de los ciudadanos.

La Plaza de Colón de Madrid se ha llenado de ciudadanos agitando banderas españolas y pidiendo la unidad de España, quizás a cualquier precio. Pero todo eso ya lo tenemos visto de antes, de un lado u otro de la cuestión catalana. Lo notable es que los medios de comunicación españoles han estado contrastando la imagen de Colón a favor de la unidad de España no con imágenes de una contra-protesta en Cataluña, sino con la imagen de los miles de personas que se niegan a tomar partido y piden diálogo ante los ayuntamientos de toda España luciendo el color blanco en lugar del rojo y amarillo. ¡Qué idea más loca! ¿Hablemos?

About the author

Cristina Flesher Fominaya (PhD, Sociology, University of California, Berkeley) is Senior Lecturer (associate professor) at the University of Aberdeen, UK and Senior Marie Curie Fellow at the National University of Ireland, Maynooth. She is a founding editor of the global social movements journal Interface and an editor of the journal Social Movement Studies. She is also founder and co-chair of the Council for European Studies Social Movement Research Network. Her new book “Social Movements and Globalization: How Protests, Occupations and Uprisings are Changing the World" is available from Palgrave Macmillan (May 2014). Cristina Flesher Fominaya’s blog is http://austerityprotests.
wordpress.com/
and Twitter @flesherfominaya


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