Print Friendly and PDF
only search openDemocracy.net

Xenofobia y populismo: armas electorales en Italia

El discurso del odio hacia el inmigrante está protagonizando la campaña. Pero las iniciativas dedicadas a la contrainformación también siguen en pie de guerra. English

CasaPound manifestación. source- Noticas Piceno 24. Todos los derechos reservados.

El 3 de febrero, en la ciudad de Macerata, un hombre de 28 años abrió fuego contra un grupo de inmigrantes de raza negra, hirió a seis de ellos e hizo el saludo fascista momentos antes de ser arrestado. 

Este suceso, que ha impactado a Italia, no es del todo nuevo: recuerda a otros ataques contra población inmigrante, como el asesinato del nigeriano Emmanuel Chidi Nnamdi en 2016 por un extremista de derechas en la ciudad de Fermo, o la masacre de Florencia de 2011, en la que un miembro del grupo neonazi CasaPound asesinó a dos senegaleses e hirió a un tercero, quitándose después la vida. 

Muchos creen que esta violencia racista es la punta de un iceberg que está siendo construido día a día con palabras. Al crimen de Macerata no le han faltado personas justificándolo (muchos lo ven como una venganza por el asesinato de la joven Pamela Mastropietro, del que se ha detenido a un hombre nigeriano). 

Entre esas personas está Matteo Salvini, el líder del grupo de extrema derecha Liga Norte, para quien la culpa de sucesos como éste la tiene el Gobierno por haber permitido "que cientos de miles de inmigrantes ilegales vengan aquí sin ningún límite”, ya que “la inmigración fuera de control conduce al conflicto social”. 

En su técnica de la búsqueda del enemigo común, la Liga Norte, que se dedicó en su día a sembrar divisiones entre el norte y el sur del país, se centra ahora en la inmigración y llama a la defensa de la raza blanca (supuestamente "en peligro", argumentario que comparten la mayoría de grupos fascistas europeos), siendo el partido por el que casualmente –o no- el presunto asesino de Macerata fue candidato el año pasado en la ciudad de Corridonia.   

La Liga es la gran maestra en crear hostilidad hacia el extranjero al estilo Le Pen para ganar votos, especialmente en el clima prelectoral que antecede a las elecciones italianas del 4 de marzo, pero no es la única: también juegan esa baza sus hermanos de ideología y de coalición.

Solo el 5% de los que están en Italia, alrededor de 30.000, tienen derecho a permanecer como refugiados. Los otros 600.000 representan una bomba social lista para explotar.

Se trata de partidos de extrema derecha populistas, agresivos y admiradores de Mussolini, que cada vez consiguen más apoyos y conquistan nuevos ayuntamientos e incluso el Parlamento italiano. Y que son, por encima de todo, xenófobos.

Entre ellos está Forza Nuova, grupo católico en guerra contra la inmigración y el aborto, o los Fratelli d’Italia, cuya candidata, Georgia Meloni, declaró que los barcos que salen de Libia con inmigrantes hacia Europa “deberían ser detenidos nada más zarpar”. 

También el ya mencionado CasaPound, el partido neonazi surgido de un movimiento social okupa en 2003, con vínculos con Amanecer Dorado en Grecia y Hogar Social en España, que ha empapelado varias ciudades con miles de carteles llamando a frenar la "invasión" de inmigrantes y proclamando que "aquéllos que huyen de la guerra no merecen respeto", y cuyo líder, Simone di Stefano, ha insuniado que existen "falsos refugiados" que "no tienen derecho a permanecer" en el país.  

La coalición derechista la completa Forza Italia, el partido de Berlusconi. Quien fuera cuatro veces primer ministro de Italia se ha unido a Trump en la postura enemiga más acérrima de la migración con la promesa de las deportaciones masivas de inmigrantes "ilegales", y se ha mostrado partidario del acuerdo de Libia y opuesto al ius soli, la ley que concede la nacionalidad a los inmigrantes que nacen en Italia. 

Según el muy mediático Cavaliere, “solo el 5% de los que están en Italia, alrededor de 30.000, tienen derecho a permanecer como refugiados. Los otros 600.000 representan una bomba social lista para explotar que solo el gobierno de centro derecha lograría desactivar”.  

 

No sólo la extrema derecha 

¿Y qué hay del resto del espectro político? Sorprendentemente, este discurso antinmigración no es una herramienta de caza de votos exclusiva de unos minoritarios y radicalizados grupos de ultraderecha. 

El colectivo Cronache di ordinari razzismo advierte de que todo el debate político "está atravesado profundamente por el odio, la intolerancia y la xenofobia". En un país donde no para de crecer la desigualdad y la pobreza, es sin embargo la inmigración quien está protagonizando la campaña electoral.  

Recordemos que Italia cuenta con un 10% de población inmigrante y que, a pesar de que las llegadas han descendido en los últimos años (en parte gracias al muy criticado acuerdo con Libia), sigue siendo uno de los principales receptores de los refugiados que llegan a Europa, situación que hace que muchos partidos políticos aprovechen para fomentar ese sentimiento antinmigración en una sucia guerra por los votos indecisos (como sucede en países como Hungría o República Checa).  

De hecho, un informe de la española Fundación porCausa, que ha analizado el discurso político de 13 países europeos y del Parlamento poniendo el foco en qué dicen los políticos sobre el tema migratorio, alerta sobre el auge imparable de la xenofobia y demuestra además algo sorprendente y preocupante: no sólo los partidos de extrema derecha o conservadores usan el discurso xenófobo y populista, sino que también los partidos de centro o centro-izquierda se han ido "contagiando" de esta retórica en busca de un beneficio electoral fácil.  

Aunque a la izquierda podemos encontrar algunas voces defensoras de un sistema de asilo digno y de garantizar vías seguras y legales (en la Alianza de Centro-Izquierda y partidos como Piú Europa, Insieme, la Lista Cívica Popular o Liberi e Uguali), los demás partidos de centro y demócratas se unen a la defensa de las políticas migratorias restrictivas y a los mensajes que asocian inmigración con inseguridad.  

De los 555 crímenes de odio reportados en 2015 en Italia, 369 tuvieron motivaciones raciales o xenófobas.

Un ejemplo es el gobierno del Partido Democrático de Renzi, padre del polémico Decreto de Minniti aprobado en 2017 (un decreto-ley que entre otras cosas aumenta los centros de detención y prohíbe la apelación de los inmigrantes rechazados) y partidario de la externalización de fronteras, cuya postura hacia la inmigración hizo incluso que uno de sus fundadores, Gad Lerner, abandonara el partido. 

Y otro ejemplo que ilustra bien la tesis de porCausa es el del Movimento 5 Stelle (M5S), el favorito en los comicios según sondeos recientes. 

El partido dirigido por Luigi Di Maio también ha llamado a la deportación de los irregulares, ha difundido teorías sobre la conexión entre ONGs y traficantes de personas y uno de sus fundadores, Beppe Grillo, se llevó críticas por comparar en Twitter a los inmigrantes con ratas y por bromear con la posibilidad de que el alcalde de Londres, Sadiq Khan, pusiera una bomba en Westminster.  

En definitiva, se trata de un discurso contra el extranjero que tiene recompensa en votos (según una encuesta de enero de la Swg, una “línea dura contra los inmigrantes” en campaña podría suponer un 30% del apoyo electoral), pero que lógicamente afecta de forma negativa a la percepción de la población respecto a la inmigración. Ilvo Diamanti, profesor en la Universidad de Urbino, explica que "el miedo hacia la inmigración está creciendo hasta límites récord.

Casi uno de cada dos italianos lo tiene", algo que achaca más a las declaraciones de los políticos y sus representaciones en los medios que a los propios inmigrantes. 

En efecto, aunque el constante mensaje de que a mayor inmigración, mayor inseguridad y delincuencia cala más y más cada día (un 33% de los italianos consideran que la inmigración es uno de los problemas más importantes del país según un estudio del 2017, mientras que en 2013 sólo le preocupaba a un 4%), la realidad es distinta: así lo demuestran estos gráficos creados por Donato di Carlo, investigador italiano que vive en Alemania, que muestran cómo la delincuencia en Italia ha disminuido en los últimos años, "a pesar" de que la población extranjera sí ha aumentado.  

Como cabe imaginar, este odio se traduce en discriminación y violencia: En 2016, la UNAR abrió 2.939 investigaciones por casos denunciados de discriminación, de los cuales 2.652 fueron pertinentes y el 69% se refirió a hechos discriminatorios por razones étnico-raciales. 

Por otro lado, según la ODIHR (Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos) de la OCDE, de los 555 crímenes de odio reportados en 2015 en Italia, 369 tuvieron motivaciones raciales o xenófobas. 

Se trata de "un racismo que se construye y reproduce a diario", no sólo con palabras sino también con "las leyes de migración, las directivas europeas, las malas prácticas de la jefatura de policía local, la precariedad del trabajo y el permiso de residencia", aclaran desde el grupo Coordinamento Migranti Bologna. Y en el extremo de todo este maremágnum de odio, discriminación y desinformación se producen crímenes como el de Macerata.  

 

Haciendo un pulso al odio 

Aunque algunos inmigrantes reconocen sentir miedo y sentirse "un objetivo" debido a su color de piel después del ataque, hay muchas voces de resistencia contra este racismo de partidos e instituciones, que se materializaron en la gran manifestación que reunió a unas 20.000 personas en Macerata: un encuentro que demostró la importancia que está adquiriendo este tema en la sociedad italiana, pero al que han precedido muchas otras iniciativas llevadas a cabo por personas que trabajan día a día por construir un país más tolerante, informado y libre de prejuicios xenófobos.   

A principios de los años noventa, cuando empezó el fenómeno de la inmigración en la sociedad italiana, comenzaron su actividad asociaciones como Stop Racism, hasta llegar a la actualidad y la crisis económica y de escasez de trabajo y el nacimiento de muchas otras iniciativas herederas. 

Por ejemplo La Casa dei diritti sociali, una red de ONGs creada en 1984 por los trabajadores voluntarios que se unieron en solidaridad para ayudar tras un incendio, y que hoy, más de treinta años después, proporciona asilo, orientación legal y cultural a inmigrantes y refugiados.  

Por otro lado, la ya mencionada Cronache di ordinari razzismo es una plataforma creada en 2011 que se dedica a documentar y denunciar el fenómeno del racismo mediante una base de datos donde recogen más de 5.000 casos de racismo y xenofobia en el mundo de la información, la sociedad, la política y las instituciones.  

Existen también iniciativas que trabajan por el fin de los CIE (Centros de identificación y expulsión) y en el C.A.R.A. (Centros de acogida para solicitantes de asilo), como ODA - Centro di Osservazione sulla Detenzione Amministrativa, o la campaña "LasciateCIEntrare", que nació a raíz de la prohibición de acceso a prensa dentro de los CIE expresada en la circular 1305 del 1 de abril de 2011, y junto con otras organizaciones lograron que se retirara la circular en mayo del 2011.   

Las fronteras más transitadas también son caldo de cultivo de iniciativas de solidaridad. Progetto20k es un grupo de hombres y mujeres que monitorean la situación en Ventimiglia, ciudad cercana a la frontera con Francia y que se ha convertido en campamento para los inmigrantes de paso, informado a las personas que la cruzan de sus derechos y de la forma más segura de realizar su viaje y denunciando los abusos hacia ellas. 

Por otro lado, el Campamento No Borders de Ventimiglia nació en junio de 2015 cuando un grupo de migrantes trató de resistir el desalojo policial, y, según cuentan, desde ese día han seguido trabajando en formato de redes de solidaridad y en diferentes lugares para construir "un laboratorio permanente de resistencia a la política represiva".  

Y el grupo Baobab Experiencie, colectivo de voluntarios surgido en 2015, ofrece información, asilo, comida, clases de idiomas, asistencia psicológica y sanitaria, etc. a inmigrantes en tránsito. Son sólo unos pocos ejemplos de que el poder mediático y el populismo no logra evitar que la tolerancia y el respeto sigan existiendo a pesar de todo.

About the author

Diana Moreno is a Spanish journalist who focuses on human rights, workers rights and migration issues. She contributes to many newspapers and magazines including Diagonal, Eldiario.es, Global Voices and El Mundo. Follow her on twitter @_diana_moreno_.


We encourage anyone to comment, please consult the
oD commenting guidelines if you have any questions.