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El Banco de desarrollo de los BRICS necesita una estrategia para el desarrollo sostenible

El NBD ha funcionado hasta ahora en la oscuridad, con poca o ninguna transparencia sobre los proyectos propuestos o un compromiso real con la sociedad civil. English Português

Cumbre Brics 16 de Julio 2014.Presidente de Rusia Vladimir Putin, Primer Ministro de India Narendra Modi, Ex-Presidente de Brasil Dilma Rousseff, Presidente de China Xi Jinping, Presidente de Sudáfrica Jacob Zuma. Créditos: www.kremlin.ru/Wikimedia Commons.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS realizó este mes su 2ª reunión anual, que escogió como tema “Construyendo un Futuro Sostenible”. Ahora que el NBD está funcionando y concediendo financiamiento para proyectos de desarrollo, una pregunta clave permanece en la cabeza de aquellos que acompañan los movimientos de la institución: ¿cuál es la estrategia del NBD para el desarrollo sostenible?

El Banco, creado por los gobiernos de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica en 2015, empezó su actividad dando pequeños pasos y de forma prudente, con algunos proyectos de energía en cada uno de los países del bloque. La institución está ahora centrándose en inversiones en infraestructuras mayores, mientras establece objetivos ambiciosos para expandir el número de miembros, avanzar hacia el sector privado y doblar su volumen anual de préstamos.

En el momento en el que NBD finaliza su estrategia de cinco años con el objetivo de dibujar su futuro, la institución aún es percibida como “el nuevo chico del barrio”, con apenas US$ 10 mil millones de capital disponible – en comparación, su hermano mayor, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, tiene 57 miembros fundadores y un capital suscrito de US$ 100 mil millones. Si el NBD quiere dejar su marca, por lo tanto, deberá ser a través de la forma como financia o desarrolla, y no a través del tamaño de sus inversiones.

El Nuevo Banco de Desarrollo fue creado con la aspiración de promover infraestructuras transformativas y un desarrollo sostenible a través de la cooperación Sur-Sur. Con este objetivo en mente, adoptó algunas innovaciones interesantes, como los préstamos en moneda local. En su Política Socio Ambiental, el NBD estipula principios importantes, incluyendo el desarrollo sostenible e inclusivo, cambios climáticos e igualdad de género. Aun así, hacer realidad dicha visión requiere una estrategia clara, que contemple objetivos de inversión ambiciosos y criterios claros de sostenibilidad para la selección e evaluación de los proyectos.

El desarrollo sostenible no es un objetivo sencillo y no se produce de forma espontánea. El NBD necesita dar pasos conscientes para evitar la trampa en la que cayeron los bancos de desarrollo que lo precedieron, como la financiación de megaproyectos de infraestructuras o de energía extractiva mal concebidos, que pueden ser ventajosos para las élites corporativas, pero no favorecen el desarrollo nacional. En muchos casos sucede lo contrario, ya que dichos proyectos exacerban el “subdesarrollo” del Sur Global al despojar los países de sus recursos productivos y de su capital natural, y al mismo tiempo, aumentar la pobreza.

Nacido juntamente con el Acuerdo Climático de París, el NBD debe usar dicho pacto como principio orientador. En este sentido, para ser verdaderamente sostenible, el Banco debe asumir como compromiso priorizar las tecnologías limpias, de baja emisión de carbono y eficientes en tema de recursos, que limitan la contaminación, contribuyen para la mitigación del cambio climático y protejan la biodiversidad y los hábitats en riesgo. La institución debería priorizar, también, inversiones a larga escala adecuada y proyectos de energía renovable, como la energía solar y la eólica, que normalmente disponen de menor acceso a financiación. Debería también evitar inversiones en combustibles fósiles o hidroeléctricas de gran porte, que suponen impactos adversos significativos para el clima y para la salud y para la subsistencia de las comunidades locales.

De esta forma, el NBD se podría posicionarse estratégicamente como una referencia para los países en desarrollo en lo que se refiere al acceso a financiaciones significativas para contrarrestar las cuestiones climáticas y como solución para los desafíos advenidos del calentamiento global y de una economía descarbonizada.

En relación con la sostenibilidad social, el Banco debe adoptar estándares robustos y llevar a cabo diligencias internas para evitar impactos adversos, como remociones forzadas y violaciones laborales, que muchas veces acompañan el desarrollo tradicional centrado en las infraestructuras. Para ser de verdad un motor del desarrollo, el NBD tendrá que priorizar explícitamente las inversiones transformativas que beneficien los pobres y que se enfrentan a la desigualdad y a la exclusión.

Los proyectos deben ser sensibles a la cuestión de género, además de aportar soluciones en la escala adecuada que amplíen el acceso a servicios y productos accesibles y de calidad, especialmente para las personas que viven en la pobreza extrema y para los grupos de la población más marginalizados. Esto significa mirar hacia las innovaciones en infraestructuras sociales, como la vivienda, la educación, la salud y las instalaciones sanitarias, más allá de soluciones off-grid que garanticen el acceso a la energía para las poblaciones que no son atendidas de forma aceptable por la red de servicios públicos. 

Y, más importante, el NBD necesita de un modus operandi sostenible, o sea, debe promover la participación pública en los procesos de desarrollo y asumir sus responsabilidades ante aquellos que son afectados por su financiación – y que idealmente deberían ser los beneficiarios de dicho desarrollo. Hasta ahora, en gran medida, el Banco ha operado en la oscuridad, con poca o ninguna transparencia en relación con los proyectos propuestos y sin una asociación real con la sociedad civil. 

Para operar de forma sostenible y garantizar que los proyectos realmente atienden las necesidades locales de desarrollo, la institución debe crear mecanismos formales para garantizar consultas efectivas con la participación de las comunidades afectadas y grupos de la sociedad civil sobre el desarrollo y la implementación de los proyectos, así como sobre sus políticas y estrategias. EL NBD también necesitará de un mecanismo real de rendición de cuentas para responder a las exigencias de las comunidades locales.

Trazar una dirección para un banco de desarrollo que se realmente nuevo y sostenible no es una tarea sencilla. Exigirá que el NBD sea firme en su compromiso con la sostenibilidad ambiental e inclusivo en su ejecución.  

About the authors

Juana Kweitel é diretora Executiva da Conectas Direitos Humanos, Brasil.

Juana Kweitel is Executive Director, Conectas Human Rights, Brazil.

Ana Toni é diretora Executiva do Instituto Clima e Sociedade, Brasil. 

Ana Toni is Executive Director of Instituto Clima e Sociedade, Brazil.

Gretchen Gordon is the Coordinator of the Coalition for Human Rights in Development.

Gretchen Gordon es la coordinadora de la Coalición para los Derechos Humanos en el Desarrollo.

Gretchen Gordon est coordonnatrice de la Coalition pour les droits humains dans le développement.


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