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Tras sufrir amenazas, un ambientalista del Amazonas brasileño planea huir de su casa

Desde 2019 los conflictos por la tierra y la deforestación en la Amazonía han aumentado, y el estado de Pará es ya el más peligroso para los defensores de la selva

Shanna Hanbury
6 julio 2022, 1.28pm

Erasmo y Natalia Theofilo planean abandonar Anapu, Pará, tras la escalada de conflictos y amenazas en la región

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Imagen de Midia Ninja (CC BY-NC 2.0)

Erasmo Theofilo, agroecólogo, fundó una cooperativa de agricultores en uno de los rincones más hostiles del Amazonas para defender a los trabajadores rurales sin tierra y pobres, y promover prácticas agrícolas sostenibles.

Ha sido objeto de amenazas de muerte, emboscadas y atentados contra su vida por su trabajo en el municipio de Anapu, en el estado de Pará, donde la monja estadounidense Dorothy Stang fue asesinada por su activismo en 2005.

Theofilo cree que nunca volverá a estar seguro en Anapu, aunque se resuelvan los conflictos por la tierra, y está planeando marcharse definitivamente con su familia.

Amenazas

El 16 de mayo, Natalia Theofilo llevó a su hijo de un año al hospital público de la carretera transamazónica, en el estado brasileño de Pará. Erasmo Alves Theofilo, su marido, esperaba fuera en su silla de ruedas, acompañado por su padre y dos vecinos. Era la primera vez en meses que la familia salía de su casa desde que las amenazas de muerte comenzaron a intensificarse. Pero Eduardo, su hijo pequeño, tenía una fiebre altísima y necesitaba atención médica urgente.

Mientras el médico les comunicaba su diagnóstico de neumonía, informando a Natalia de que el hospital tendría que mantener a su hijo en la unidad de cuidados intensivos durante la noche, se marcharon. Un amigo acababa de advertirles de que gente peligrosa había notado su presencia en la ciudad, y que debían salir inmediatamente.

Erasmo Theofilo no es un fugitivo ni un criminal. Este hombre de 34 años es un agroecólogo de voz suave con la misión de cambiar el mundo. La poliomielitis, que le paralizó las piernas al principio de su vida, le llevó a una vida de activismo. Cuando se le pregunta por su sueño, si cree que hay que hacer algo, el rechaza la pregunta: simplemente lo hace. A los 16 años se convirtió en el presidente más joven de la Asociación de Discapacitados de Altamira, antes de dedicar sus esfuerzos a la crisis que se desarrolla en la selva amazónica a su alrededor.

Desde hace 12 años, Teófilo lucha en uno de los frentes más sangrientos de Brasil: Anapu. Este pequeño municipio de 29.312 habitantes tiene el mayor número de asesinatos de Pará, según un estudio realizado en 2022 por la Defensoría del Estado de Pará. Hoy, Theofilo lidera la cooperativa de agricultores de Volta Grande do Xingu, formada por más de 300 familias, que defiende sus derechos sobre la tierra y desarrolla explotaciones agrícolas respetuosas con la selva.

A menos de una hora de donde vive Theofilo, la monja Dorothy Stang, de 73 años, sufrió una emboscada por dos hombres en febrero de 2005 en represalia por su propio activismo social y medioambiental. Le dispararon seis veces mientras rezaba. Pereira Galvão, el agricultor que contrató a sus asesinos, fue juzgado y condenado cinco años después. Pero la persecución de los defensores de la tierra en Anapu continúa.

La mayoría de los asesinatos de ecologistas y activistas no se denuncian y, según la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), solo se investiga el 5% de los casos.

Amaro Lopes de Souza, el sacerdote ampliamente reconocido como sucesor de Stang, fue acusado de allanamiento de propiedades, extorsión, lavado de dinero y otros delitos en 2018, todo ello en relación con la creación de asentamientos para trabajadores sin tierra en la región. Según sus partidarios, la acusación no tiene ningún base y fue montado para dañar su reputación y criminalizar su trabajo - Souza nunca fue condenado por esos cargos.

La muerte de Stang es la más notoria en una región que se ha cobrado la vida de al menos 19 trabajadores sin tierra, ecologistas y activistas por el derecho a la tierra desde 2015. La mayoría de los asesinatos no se denuncian y, según la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), afiliada a la iglesia católica, solo se investiga el 5% de los casos.

El Programa de Protección de Defensores de Derechos Humanos de Brasil puso a Erasmo Theofilo bajo su protección después de que Márcio Rodrigues, un amigo cercano y testigo en el juicio de Lopes de Souza, fuera apuñalado en el cuello y asesinado en 2019. Según un funcionario del programa de protección del estado de Pará, que pidió permanecer en el anonimato, Theofilo es la persona con la que la organización tiene un contacto más frecuente. "Hablamos casi todos los días", dijo la fuente a esta periodista.

Teófilo y su esposa, temiendo por la vida de la familia, volvieron a casa tras la visita al hospital del 16 de mayo. Al día siguiente, con escaso apoyo policial, Natalia llevó a Eduardo a un hospital de otra ciudad. "Tomar este tipo de decisión en una situación de emergencia, sabiendo las consecuencias que podría tener en cualquier caso, es la parte más difícil", dijo Natalia por teléfono. "Tuve que firmar un documento en el que decía que si le pasaba algo a mi hijo, sería mi responsabilidad".

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La comunidad de pequeños propietarios del Lote 96 está adoptando técnicas agroforestales bajo la dirección de Erasmo Theofilo para restaurar la biodiversidad.

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Imagen de Midia Ninja (CC BY-NC 2.0

“Nuestra muerte es parte del plan”

Erasmo Theofilo dijo que ha perdido la cuenta de las amenazas de muerte a lo largo de los años. "Había semanas en las que recibía hasta tres amenazas verbales", dijo. "Después de la elección de Bolsonaro, las amenazas ya no eran verbales, sino físicas". Desde 2019, cuando Jair Bolsonaro asumió la presidencia, Erasmo dijo que ha sufrido un intento de emboscada en su coche, un allanamiento de morada y un intento de asesinato.

"Bolsonaro fue elegido con la promesa de que no reconocería ni un solo centímetro de tierra quilombola o indígena, y está haciendo lo que prometió", dijo Natalia, que nació en una comunidad tradicional afrobrasileña conocida como quilombo y se unió a la cooperativa de agricultores de Anapu en 2019, donde conoció a Theofilo. Para ella, la lucha por la selva amazónica tiene que ver tanto con su gente como con en la selva. "Es su plan. Y nuestra muerte es parte de ese plan. Antes de que los árboles caigan, mucha sangre ya ha manchado la tierra".

La deforestación y la violencia en la Amazonia se han disparado desde que Bolsonaro llegó al poder con una agenda descaradamente antiambiental y antiindígena. En Anapu, el 3% de la cubierta forestal total fue talada en 2020, más que en los tres años anteriores juntos, según datos de MapBiomas, una red multidisciplinar que visualiza el uso de la tierra en Brasil a través de imágenes de satélite. En 2021, la Amazonia brasileña fue responsable de casi la mitad de los 1.768 conflictos rurales en el país, y del 80% de las muertes resultantes, según los registros del CPT.

En los últimos meses, según Theofilo, las amenazas de muerte y los intentos de asesinato se han intensificado. "Ha alcanzado un nivel intolerable".

El 17 de abril, un amigo le advirtió de una nueva amenaza de muerte y le envió un mensaje de audio. "Hay que golpear a los invasores, o mejor aún, dispararles", se oye decir a un hombre en el clip tras citar a Teófilo por su nombre. Para los grandes terratenientes de Anapu, los activistas rurales son vistos como "invasores" porque trabajan para reclamar zonas que consideran robadas.

Durante la dictadura militar brasileña, apoyada por Estados Unidos, entre los años 60 y 80, el gobierno distribuyó terrenos municipales a posibles inversores con una serie de condiciones, la mayoría de las cuales no se cumplieron, dijo João Batista Uchôa, coordinador general de la Fundación Vivir, Producir y Conservar y candidato del Partido de los Trabajadores a la vicealcaldía en las últimas elecciones de Anapu.

"Piensan que eliminando a estos líderes políticos, silenciarán la voz del pueblo"

Los acaparadores ilegales de tierras suelen reproducir el papeleo de aquella época o sobornar a los funcionarios locales para que lo hagan, mientras que los pequeños propietarios ocupan las tierras, en gran parte abandonadas, y presentan reclamaciones contrapuestas en virtud de las leyes de redistribución de tierras, dijo Uchôa. "El conflicto por la tierra es una característica permanente aquí".

En un informe policial que Erasmo presentó sobre la amenaza de muerte grabada, obtenido por Mongabay, identificó la voz como la de Jurandir Plínio, el director regional del programa de Bolsonaro para legalizar parcelas de tierra, Titula Brasil, nombrado por el alcalde de Anapu. Los críticos del programa dicen que ha facilitado el acaparamiento de tierras en la Amazonía al transferir la autoridad para otorgar títulos a los consejos municipales. El 27 de mayo, Plínio fue suspendido formalmente de su cargo durante 60 días. La policía local dijo a Mongabay que el caso sigue siendo investigado.

"Jurandir es uno de los principales articuladores del acaparamiento de tierras aquí. Forma parte de un grupo increíblemente peligroso que quiere tener a un jefe de policía de su lado", dijo Uchôa. "Piensan que eliminando a estos líderes políticos, silenciarán la voz del pueblo".

Nos pusimos en contacto con Plínio para que nos comentara algo, pero no pudimos contactar con él. Un antiguo colega, Walter Alves, nos dijo en un mensaje que Plínio había cambiado recientemente su número de teléfono. Según un funcionario del Ministerio Público Federal que pidió permanecer en el anonimato por temor a represalias, los fiscales citaron recientemente a Plínio en el marco de una investigación sobre acaparamiento de tierras y corrupción -un caso que, según dicen, aún está en su fase inicial-, pero no se presentó para ser interrogado.

Para Theofilo y su familia, la protección que recibe actualmente del gobierno equivale a dos rondas policiales a la semana, nos dijo. A menudo es menos que eso, añadió.

"La falta de protección es realmente dura. Tengo una discapacidad física, pero puedo moverme muy bien", dijo. "Para ponerlo en contexto, la Fiscalía Federal pidió una licencia de armas para mí. Si nadie era capaz de protegerme, dijeron, debería ser capaz de protegerme a mí mismo. Pasé la formación y todas las pruebas, pero la licencia me fue denegada porque "defensor de los derechos humanos" no estaba aceptada como profesión."

Puestos en contacto con el departamento estatal de Derechos Humanos y Justicia, responsable del programa de protección, para pedirle comentarios, no recibimos respuesta en el momento de la publicación.

Lote 96: El último frente de batalla en Anapu

Theofilo lucha para que se reconozcan oficialmente las zonas federales como parte del mecanismo de reforma agraria de Brasil. A lo largo de los años, ha frustrado con éxito al menos siete intentos de recuperación y desalojo por parte de grandes terratenientes y acaparadores de tierras, ganándose poderosos enemigos por el camino, según declaró.

La primera vez que visitó una parcela llamada Lote 96 fue hace siete años, acompañando a un grupo de trabajadores sin tierra con un pequeño burro. Treinta familias vivían allí en casas improvisadas, sin carreteras ni acceso a la electricidad. Para llegar al lote, los residentes tenían que caminar 15 kilómetros desde la carretera más cercana, nos contó Theofilo.

El 11 de mayo, 10 hombres enmascarados y armados con pistolas y escopetas se presentaron en el asentamiento en tres coches.

La agencia federal para la reforma agraria, Incra, está ahora en las últimas fases administrativas para otorgar derechos sobre la tierra a los trabajadores, tras la decisión del 16 de mayo de un tribunal federal. Sin embargo, esta tierra también es reclamada por los herederos de Antonio Borges Peixoto, un terrateniente e industrial de São Paulo que murió en abril de 2022. La finca, de 2.248 hectáreas, ha vivido una escalada de violencia este año.

El 11 de mayo, 10 hombres enmascarados y armados con pistolas y escopetas se presentaron en el asentamiento en tres coches. Decían ser policías, con un aviso de desalojo. Los hombres quemaron las casas de dos familias y amenazaron a otras, según la información contenida en una sentencia del 9 de junio, que ordenaba aumentar la protección policial para los residentes del Lote 96.

"Le pregunté si tenía una notificación de desahucio o una orden judicial. Me enseñó su pistola y me dijo: 'Aquí está el documento'", dijo una mujer llamada Selma en una declaración en vídeo al día siguiente. "Mi hija estaba a mi lado llorando y mi casa estaba en llamas. No pudimos sacar nuestras pertenencias".

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En mayo, hombres armados quemaron dos casas de familias y amenazaron a varias más. La violencia se ha recrudecido en vísperas de la decisión legal que se espera otorgue los derechos sobre la tierra a la comunidad

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Imagen de Midia Ninja (CC BY-NC 2.0)

El 6 de junio, dos familias del Lote 96 informaron de que habían oído disparos cerca de sus casas a las 3:30 de la madrugada. Ambas familias huyeron de sus casas y se escondieron en el bosque hasta el amanecer.

La abogada de la familia Peixoto, Rutileia Emiliano de Freitas Tozetti, dijo que sus clientes no están involucrados en los recientes disturbios. "Nos sorprendió tanto como a los demás la noticia. Peixoto se preocupaba por el bienestar de las familias y los niños y nunca se tomó la justicia por su mano, como hacen muchos otros. Confiaba en el sistema judicial", nos dijo Tozetti por teléfono. "Sus herederos, una viuda de 78 años y un hijo de 56 con problemas de salud, no quisieron faltar a su deseo de querer resolver esto legalmente y no a través de la violencia". La Unidad de Policía Agraria del estado de Pará nos dijo que está investigando el caso y que los detalles son confidenciales.

En la actualidad, en el Lote 96 viven 57 familias que cultivan cacahttps://news.mongabay.com/2022/06/amazon-rainforest-activist-under-threat-in-brazil-plans-to-flee-his-home/o, plátanos y otros frutos autóctonos con las técnicas agroecológicas que les enseñó Teófilo. A mediados de julio, las autoridades locales deben presentar una evaluación sobre el Lote 96. Si la evaluación es favorable, las familias obtendrán el derecho a vivir y trabajar en la tierra. Theofilo dice que se siente optimista sobre su futuro, pero no sobre el suyo.

Él, Natalia y sus cinco hijos planean ahora abandonar Anapu para siempre, dejando atrás su hogar, su vida y su granja. Theofilo dice que cree que siempre será un objetivo.

"Ganas el caso, la cobertura mediática desaparece, la protección del Estado se retira. Entonces, un día, salgo a comprar el pan y me matan. Ya ha ocurrido antes, y la situación no era tan grave como ahora", dijo solemnemente. "No importa dónde vaya, nunca tendré lo que tengo aquí. Mi vida está aquí. Cada árbol que planté es como un hijo para mí". La voz melosa de Erasmo Alves Theofilo se quiebra un poco. "Pero tengo que conservar mi vida".

Erasmo y Natalia iniciaron una campaña de crowdfunding para cubrir los gastos de traslado a una ciudad más segura. Se pueden hacer donaciones aquí.

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Este articulo fue publicado previamente en inglés en Mongabay. Léalo aquí

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