
Tomada el 8 de julio de 2015. European Union 2015 - European Parliament. Flickr. Some rights reserved.
La coincidencia en la Argentina de elecciones municipales y provinciales / regionales en varios puntos del país, incluyendo la capital, Buenos Aires, con la celebración del #Greferendum en Grecia ha mostrado hasta qué punto los acontecimientos de finales del 2001, que desembocan en el “default” de la deuda extranjera, condicionan aún hoy muy fuertemente el debate político argentino. Y no sólo en el nivel de la retórica. Haberse resistido a las recetas del Consenso de Washington, haber desafiado al FMI y haber buscado una vía económica alternativa constituye una mezcla de fiereza patria, determinación política y capacidad de resistencia, que infunde sentido a la épica nacional de todos estos años.
En un ejercicio clásico, que tiende a repetirse con regularidad en el ámbito político latino, ninguno de los candidatos concedió un asomo de derrota en la noche electoral. Según la interpretación de cada uno, y a la vista los porcentajes obtenidos, todos ganan. Así, los candidatos hicieron un ejercicio de capitalización a su favor de los resultados que encendió debates muy vivos entre los analistas televisivos, independientemente de cuál fuera la tendencia ideológica de la cadena que estuviese emitiendo su programa especial. Pasada la gran decepción de la derrota –esta sí indiscutible- de la selección nacional en la Copa América la noche anterior, había que pasar la veda (esto es, la prohibición que rige en Argentina de vender bebidas alcohólicas desde la víspera de las elecciones hasta horas después de la publicación de los resultados) ejerciendo con efusión el otro deporte nacional favorito: la controversia política.