Desde muchos años antes a su asesinato en 2016, Berta Cáceres venía defendiendo el medio ambiente y su territorio indígena Lenca, en Honduras. Hija de una partera y activista social, que recibía a refugiados de El Salvador durante la época de violencia en Centroamérica en los años 80, Berta siempre tuvo una cercanía con la lucha por los derechos humanos.
Es por esto que en 1993, cofundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras - COPINH, una organización Lenca para velar por los derechos de la comunidad, oponiéndose a proyectos extractivistas y defendiendo el territorio. Su nombre siempre fue y será sinónimo de fuerza y resistencia.
Berta se consideraba una defensora más de los derechos humanos. Una luchadora que se oponía a los proyectos de multinacionales que llegaban a Honduras a hacer “coloniaje” y violentar sin escrúpulos los derechos de comunidades indígenas como la suya. Hablaba con convicción y dureza sobre las condiciones que los intereses económicos y la élites políticas corruptas estaban imponiendo sobre sus pueblos. Pero también daba cuenta de lo desprotegida y vulnerable que era su situación: en su carrera como lideresa social, recibió amenazas de muerte y violencia sexual. Fue detenida y golpeada por la policía.