Brasil es un país fuertemente emocional y ha vivido el resultado electoral casi como una final de campeonato de futbol entre dos equipos irreconciliables. La tensión que ha presidido la campaña se ha trasladado a la calle, y el bloqueo de centenares de carreteras por parte de grupos radicales bolsonaristas en clara actitud golpista ha puesto en jaque al país entero. Pero finalmente, y después de más de dos día de tenso silencio, Bolsonaro habló unos instantes para decir que actuaría según la constitución, aunque no tuvo la dignidad democrática de reconocer explícitamente su derrota.
Pero el resultado de la elección fue incontestable. Al final, fueron 2.148.645 (el los votos que decantaron la victoria de Lula, que obtuvo un 50,90% frente al Bolsonaro 49,10% de Bolsonaro. Este resultado, aunque representa una divergencia en votos mucho menor que el de la primera vuelta, donde la diferencia a favor de Lula fue de 6.187.159 votos, resultó lo suficientemente amplia como para ser incontestable.
Ciertamente, recortar más de 4 millones de votos en el mes que separa la primera de la segunda vuelta es un gran resultado para la agresiva campaña de desinformación de Bolsonaro, que puso todos los medios, lícitos e ilícitos, y el peso de la maquinaria del gobierno a su favor, pero que al final no logró el objetivo de sobrepasar a Lula.