
El General Jorge Rafael Videla en 1978. AP/Eduardo Di Baia. Todos los derechos reservados.
1977 fue, desde muchos puntos de vista, el peor año de la dictadura militar de Rafael Videla. El “Proceso de Reorganización Nacional” fue el término que eligieron los apologistas del régimen para nombrar su campaña de terror de Estado y de reorganización económica. En ese año, el periodista de investigación argentino Rodolfo Walsh utilizó medios alternativos clandestinos para publicar su Carta Abierta a la Junta Militar. La Argentina que describe, pintando con datos y cifras un infierno a lo Hieronymus Bosch, es una casa de los horrores. La disidencia era algo intolerable para el régimen, y muchos argentinos que intentaron pasar desapercibidos como empleados públicos o como trabajadores en el sector privado hoy pueden dar cuenta de que la policía militar les supervisaba para que cumplieran con la “productividad”.
En su carta a la Junta, antes de pasar a los asuntos económicos, Walsh resume brevemente el programa de desapariciones y violaciones constitucionales y de derechos humanos del gobierno. "La censura de prensa, la persecución de intelectuales, el allanamiento de mi casa en Tigre, el asesinato de amigos queridos, y la pérdida de mi hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.” Y prosigue a decirle a la Junta que “lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes, y lo que omiten son calamidades". La interpretación que hace Walsh del régimen de la Junta es que se trata de una abrupta consolidación de un mecanismo de Estado injusto y represivo puesto en marcha bajo el gobierno de la viuda de Perón, Isabel Martínez, a la que los señores de la Junta destituyeron en marzo de 1976. Las consecuencias del primer año de ese golpe de Estado fueron devastadoras, como pone al descubierto Walsh con cifras inapelables: "(...) 15.000 personas desaparecidas, 10.000 prisioneros, 4.000 muertos, muchas decenas de miles expropiados, estas son las cifras desnudas del terror”. Y denuncia la construcción de innumerables prisiones improvisadas, los juicios secretos, y los "campos de concentración donde no puede entrar ningún juez, abogado, periodista u observador internacional”.