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Conservar los manglares frente a la crisis climática: ¿un modelo centroamericano?

La conservación de los manglares por parte de mujeres y pescadores salvadoreños tiene un impacto significativo en la resiliencia ambiental y económica de la costa

Hombre sostiene cangrejos azules recogidos en los manglares de la cuenca del río Paz en El Salvador
Francisco Pineda sostiene cangrejos azules recogidos en los manglares de la cuenca del río Paz en El Salvador
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Cerca de la frontera con Guatemala, a dos horas en automóvil desde la capital de El Salvador, se encuentra una costa tropical de bosques de manglares donde prosperan cocodrilos, corales y pesquerías. La Barra De Santiago es un hábitat para numerosas especies amenazadas y en peligro de extinción, incluidas cuatro especies de tortugas marinas: la tortuga carey, la tortuga golfina, la tortuga laúd y la tortuga verde, y la cotorra de nuca amarilla, que se encuentra gravemente amenazada debido a su valor comercial en el comercio de mascotas.

Los manglares funcionan como barrera contra las tormentas tropicales, y previenen el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático en El Salvador, un país que está en alto riesgo de desastres naturales. A pesar del daño que el huracán Julia causó en todo el país en 2022, las fuertes lluvias alrededor del bosque de manglares de Barra de Santiago solo provocaron inundaciones limitadas.

Pero desde hace 30 años, la urbanización y la ganadería sin restricciones, la expansión de la industria de la caña de azúcar y la creciente demanda de madera, han provocado deforestación y alteraciones en la hidrología de la zona. Aunque está designado como sitio Ramsar, un humedal cuya conservación y uso sostenible se rigen por un tratado internacional, el bosque de manglares se ha reducido en un 50% según estimaciones de 2018.