Los desafíos que enfrenta el gobierno de Alberto Fernández pueden sintetizarse en una dimensión estructural de la política argentina: las restricciones institucionales, que explican gran parte del precario crecimiento del país durante la segunda mitad del siglo XX.
En efecto, entre 1950 y 2000 la tasa de crecimiento promedio de ingreso por habitante fue de 1,5%. Durante ese período, Argentina experimentó inestabilidades de diferente tino: golpes de estado, crisis de deuda, violencia política, en fin, serias fragilidades institucionales.
El ciclo que inicia en 2002 con la salida de la convertibilidad y la devaluación dio lugar a un proceso que, favorecido por el aumento de la demanda de los commodities, el ascenso de China y las crecientes exportaciones a Brasil, arrojó un crecimiento en torno del 7% anual entre 2003 y 2010.