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El referéndum cubano y las minorías

El 24 de febrero, el 86,8% de los cubanos aprobó en referéndum la nueva constitución del país.

José Zepeda
11 March 2019
Raúl Castro y el presidente cubano Miguel Díaz-Canel asisten a una ceremonia conmemorativa del 60 aniversario de la revolución cubana en Santiago de Cuba, 1 de enero de 2019. PA Images (Xinhua/Stringer). Todos los derechos reservados.

En principio, el primero de los objetivos de una constitución nacional es plasmar el consenso básico para una convivencia sin exclusiones, en la que se respeten mayorías y minorías.

El segundo es dejar sentado que las instituciones del Estado están al servicio del conjunto de la población y son independientes de criterios ideológicos. En este sentido, es fundamental la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. A esto se le llama Estado de Derecho.

Y el tercer principio constitucional básico es garantizar el pluralismo político y la alternancia en el poder.

Es a partir de estos criterios que cabe abordar el contenido de la nueva constitución cubana y el proceso electoral mediante el cual se aprobó.

El rol del Partido Comunista

El artículo quinto de la nueva carta magna establece que “el Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

"Se trata de una traducción libre del viejo lema de Fidel: todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución – en el bien entendido que la revolución se trasunta en el Partido."

El artículo 62 establece que: “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible”.

Se puede hablar, criticar, organizarse, reunirse, pero si el propósito es contradecir la verdad establecida por el poder, entonces los detractores deberán atenerse a las consecuencias. Disentir del socialismo en Cuba es un delito que fija la ley.

Las dos lecturas del referéndum

Como no podía ser de otra forma, hay dos lecturas del referéndum recién celebrado: una, la del gobierno, que lo califica de legitimación popular de una constitución que garantiza y consolida el futuro del país; otra, la de los opositores, que lo definen como un fraude electoral. Entre esas dos lecturas existe un abismo de diferencias aparentemente insalvables.

Según el opositor moderado Manuel Cuesta Murúa, la legitimación que buscaba el gobierno es débil ya que, al no poner a la soberanía como elemento troncal del nuevo orden constitucional – antes al contrario, al pulverizarla estableciendo la autoridad superior del Partido Comunista –, es evidente que una minoría de la población no se ve reflejada en la nueva constitución.

Dice: “Una constitución se hace para representar a todos, y eso significa que todas las partes tienen que reconocerse en el texto. Este no es el caso. De modo que no traza un camino hacia el futuro, a menos que se abra una senda de renovación constitucional continuada, que es la apuesta que estamos haciendo grupos de la sociedad civil”.

Según la Comisión Electoral Nacional, votaron en el referéndum 7.524.318 cubanos, de los que más del 86% dieron su visto bueno al nuevo texto constitucional.

Los disidentes no tuvieron oportunidad de hacer actos de proselitismo político en la calle, salir por la televisión y tener acceso a algunas radioemisoras, ni tampoco organizar actos en lugares públicos. Y cuando trataron de salir a vocear su rechazo, fueron detenidos y multados. Eso explica en parte el 9% que votaron No a la nueva constitución.

Pero sin duda la participación del 81.53% de los electores es una cifra muy importante si la comparamos con la escasa acogida que tienen las democracias latinoamericanos en sus actos electorales de los últimos años.

Manuel Cuesta Murúa lo explica así: “Lo significativo y triste de este proceso es que la constitución habla de derechos humanos para todos y, al mismo tiempo, persisten las prácticas de represión y acoso. Aquí hay una esquizofrenia definitiva, porque el gobierno menciona 56 veces los derechos humanos, pero los viola constantemente. Las prácticas de la policía política siguen considerando la diferencia como contrarrevolución y gusanería - y eso, por supuesto, es inconstitucional. La policía persiste en violar el derecho de los ciudadanos a manifestarse pacíficamente”.

Precisamente fue éste el caso del dirigente opositor Antonio Rodiles, que fue arrestado cuando realizaba una protesta callejera. Una detención con empleo de la fuerza, tanto en la calle como en las dependencias de la policía, cuyo resultado ha sido una lesión lumbar de la que ahora se está recuperando.

En conversación telefónica, Rodiles habla de los condicionantes que caracterizan el proceder permanente del gobierno:

“El condicionante anterior -en el propio texto- era la sociedad socialista. Ahora se eliminó esa frase y se ha puesto “de acuerdo a la ley”. Pero cuando se va a las disposiciones complementarias, existen los mismos candados de siempre.

De hecho, es llamativo que el régimen siga legislando y decretando nuevas leyes con el texto viejo, sabiendo que la nueva constitución debe entrar en funcionamiento. Sin olvidar que hay figuras delictivas, como la propaganda enemiga o el delito predictivo, mediante las que usted puede ir a la cárcel por un delito que ellos presumen que va a cometer".

"El caso cubano es muy distinto. Aquellos que no nos vemos representados no tenemos espacio"

Según Rodiles, el punto clave, a partir de ahora, es preguntar a las autoridades si va a seguir existiendo un cuerpo represivo dependiente del Ministerio del Interior que se sitúa por encima de la constitución.

Para él, si el gobierno cubano realizó este referendo es porque está convencido que su resultado, más allá de las interpretaciones, calará en la conciencia colectiva – “y al resto, lo suyo: represión y acoso selectivo, que es lo que ha hecho durante décadas”.

No obstante, Rodiles señala que el libreto del gobierno no resultó como estaba previsto: “Ellos mismos reconocieron que el estudio del nuevo texto comenzó en mayo del 2013, coincidiendo con el inicio del proceso de conversaciones con el presidente Obama. O sea que todo esto hay que verlo en un contexto en donde el régimen, y en especial Raúl Castro, querían dejar una especie de legado a sus herederos, que son los que detentan el poder.

Ya no estaba la dirigencia respaldada por la épica revolucionaria, por lo que había que generar una nueva legitimidad. Lo que ocurre es que, gracias a Dios, se ha desenfocado el guión planificado, y no solo en el ámbito exterior.

Dentro de la isla, los cubanos reaccionan de forma muy distinta. Lo hemos constatado en la calle, conversando con la gente, y en la protesta del 23 de febrero muchas personas asentaban con la cabeza, firmaron, nos acompañaron e incluso, en un momento, decenas de ellos gritaron libertad".

Cuesta Murúa sabe que el gobierno intentará utilizar la cifra de participación del 81% para resaltar el contraste con la que se registra en las democracias latinoamericanas.

Pero la pregunta aquí es si Cuba es realmente una democracia: “Porque no es lo mismo comparar el grado de participación en las democracias que hacerlo en regímenes que se niegan a dejar de ser totalitarios. No es lo mismo una participación en un plebiscito que en unas elecciones en el que pueden hacer uso del derecho de expresión todas las minorías.

El nivel de participación en democracia siempre es más tenso, más crítico y propenso a verse afectado por lo que se conoce como escepticismo ciudadano frente a procesos políticos en los que los electores no se ven representados. El caso cubano es muy distinto. Aquellos que no nos vemos representados no tenemos espacio".

"Para Cuesta Murúa Venezuela es la expresión adelantada de un nuevo modelo, a través del cual las revoluciones pretenden imponer un sistema totalitario mediante procesos electorales".

La crisis venezolana

Algo que ha estado siempre presente durante estos últimos tiempos es la crisis venezolana y las consecuencias que de ella pueden derivarse para el gobierno de Cuba. En el plano económico, un eventual cese de la venta de petróleo venezolano a precios especiales puede incidir en el frágil equilibrio económico de la isla. De hecho, las autoridades cubanas andan buscando otros países en sustitución.

Para Cuesta Murúa, sin embargo, lo más importante son las consecuencias geopolíticas, porque Venezuela es la expresión adelantada de un nuevo modelo, a través del cual las revoluciones pretenden imponer un sistema totalitario mediante procesos electorales: “Y ese modelo de construir una sociedad totalitaria desde las urnas parece que va a morir en Venezuela, lo que tendría su impacto en Cuba en la medida que deslegitima aquellos modelos que no generan elecciones libres, democráticas, plurales y justas. Por eso el gobierno cubano es uno de los pocos que defiende el régimen casi genocida de Nicolás Maduro”.

El camino de la oposición

Hay dos grandes corrientes de oposición: la moderada busca recurrir a la propia legislación del gobierno para conquistar espacios de libertad; en paralelo, una tendencia más radical pide llamar a las cosas por su nombre y enfrentar al poder como lo que es - una dictadura. Rodiles, que representa ésta última, está convencido de que en el futuro será posible acercar posiciones:

“El régimen usa todo su poder para presionar, para que algunos lleguen a la conclusión de que el fin del castrismo es casi imposible y busquen entonces conquistar algunos espacios. No comparto esa línea, pero la entiendo.

En la medida que haya más apoyo de la comunidad internacional, podremos confluir, ya que ese sector se sentirá más respaldado para afrontar una confrontación más directa.”

“Yo no creo que nadie quiera que el castrismo sobreviva. Es un sistema decadente que ha ocasionado demasiado daño en todos los sentidos. No se trata de posiciones más a la izquierda o a la derecha: el castrismo es un desastre.”

“La indefensión de los cubanos y la impunidad con la que el régimen se maneja hace que muchas veces ocurran discrepancias en cuanto a la manera de plantear la lucha. Pero estoy convencido de que, en unos meses, vamos a presenciar un escenario político y social un tanto distinto.

No lo digo como lisonja de alguien que está en política y tiene que decirlo, sino porque lo siento y porque lo hemos palpado en la calle. Soy optimista, aunque no dejo de reconocer que el camino va a ser duro, con mucha represión y que, lamentablemente, el régimen va a hacer lo que siempre ha hecho: manejarse con violencia”.

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