El 23 de enero, los venezolanos iniciaron un nuevo intento en su lucha por recuperar la democracia. Su nuevo líder, Juan Guaidó, quien ha logrado unir nuevamente a la oposición, podría ser el hombre que lleve al país a la democratización.
Por ahora, han sorprendido los niveles de organización y de profesionalización de la nueva política opositora y por ello podemos pensar que Guaidó tiene razón al decir que vamos bien. Sin embargo, de las imágenes que vemos y las noticias que leemos, hay un patrón que siempre sobresalta: la ausencia del liderazgo femenino.
Todos los estrategas y voceros claves, tanto nacionales como internacionales, son hombres: Julio Borges, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Carlos Vecchio, David Smolanksy, Henrique Capriles, Henry Ramos, Lester Toledo y Luis Almagro, por nombrar algunos. Las únicas excepciones notables a esta tendencia son Maria Corina Machado y Delsa Solorzano, quienes en los últimos años han jugado un papel muy importante en la política nacional. A pesar de esto, sus roles aún parecen secundarios en comparación a los de sus colegas masculinos.