La polarización define el escenario político de Bolivia en los últimos años. La situación adquirió una nueva dimensión la madrugada del 13 de marzo, cuando la expresidenta Jeanine Áñez fue detenida por su rol en lo que muchos califican de golpe de Estado en noviembre de 2019, cuando un controvertido proceso electoral resultó en la renuncia forzosa y exilio del ex presidente Evo Morales.
Áñez y otros miembros de su gobierno interino fueron acusados de terrorismo, conspiración y sedición. Ya el domingo 14 de marzo, la jueza Regina Santa Cruz la condenó a cuatro meses de prisión preventiva.
La reacción a estos hechos fue inmediata. Un poco antes de las 3 de la madrugada, Áñez se pronunció a través de su cuenta de Twitter, pidiendo que el mundo volteara su atención a los acontecimientos.