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La polarización, el virus que aqueja a la OEA

La tensión dentro del organismo refleja las dificultades históricas que ha tenido la construcción de espacios de diálogo y cooperación multilateral en una región marcada por la polarización política y los conflictos ideológicos.

Miguel González Palacios
7 September 2020
Luis Almagro
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Maria Patricia Leiva/OAS

La Organización de Estados Americanos (OEA) se encuentra envuelta en una nueva controversia luego de que su secretario general, el uruguayo Luis Almagro, se negara a renovar el contrato del secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el brasilero Paulo Abrao, quien ocupa el cargo desde 2016 y había sido designado para un nuevo mandato a partir del 15 de agosto.

Aunque la CIDH es un órgano autónomo de la OEA, su secretario ejecutivo ejerce como un funcionario de esta última, por lo cual el nombramiento de Abrao debía ser aprobado por Almagro. En aras de garantizar la independencia de la Comisión este trámite suele ser una simple formalidad administrativa, pero en esta ocasión Almagro se abstuvo de dar su visto bueno, apoyado en un informe que recibió del ombudsperson de su organización con 60 denuncias sobre supuesto acoso laboral en la CIDH, en las cuales estaría involucrado Abrao.

Los comisionados consideran que la decisión de Almagro representa un serio ataque a su independencia y credibilidad, que además estaría violando la presunción de inocencia y el derecho al debido proceso de Abrao, pues las denuncias mencionadas aún no han sido investigadas por las autoridades competentes. También le critican a Almagro que no les haya consultado antes de tomar su decisión, como lo establece el reglamento de la CIDH, y que haya esperado hasta el último día del contrato de Abrao para expresar sus reparos a pesar que su designación se había dado a comienzos de este año, lo cual les está generando dificultades adicionales para realizar su trabajo en un contexto ya de por sí complicado debido a la Covid-19.

Este impase administrativo parece responder al interés de algunos actores en limitar las capacidades de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el cual quedó plasmado en una declaración firmada en marzo de 2019 por cinco gobiernos de derecha suramericanos, en la que piden hacer reformas en estos organismos para fortalecer la soberanía de los Estados. Pero de forma más amplia, esta tensión refleja las dificultades históricas que ha tenido la construcción de espacios de diálogo y cooperación multilateral en una región marcada por la polarización política y los conflictos ideológicos.

¿Qué es la Organización de Estados Americanos?

La OEA es el organismo internacional en funcionamiento más antiguo del mundo. Sus orígenes se remontan a la Primera Conferencia Internacional Panamericana de 1890, en la cual se sentaron las bases para la creación de la Unión Panamericana en 1910. La organización adoptó su nombre actual en abril 1948 durante la IX Convención de las Américas celebrada en Bogotá, en la cual también adhirió al sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

De acuerdo a su carta fundacional, la misión de la OEA es promover entre los países del hemisferio "un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia" sobre la base de cuatro pilares: la democracia, los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo. Para ello, su acción se articula a través de cuatro ejes transversales: diálogo político, cooperación, mecanismos de seguimiento y cumplimiento mutuo y tratados jurídicos multilaterales.

El órgano supremo de la OEA es la Asamblea General, en la cual se reúnen anualmente los Ministros de Relaciones Exteriores de los 34 países miembros activos de la organización – todos los países independientes del hemisferio con excepción de Cuba. Luego le sigue el Consejo Permanente, integrado por embajadores de estos países que se rotan entre sí la presidencia por períodos de 3 meses siguiendo un orden alfabético, y la Secretaría General, cuyo director es elegido por la Asamblea General para servir por períodos de 5 años, cargo que ocupa actualmente Almagro.

Adicionalmente, la OEA se compone de un gran número de comités, entidades y organismos especializados, que funcionan con diferentes grados de autonomía frente a la Secretaría General y entre los cuales se encuentra la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo (AICD) y la CIDH. La sede de estos organismos y de la Secretaría General se encuentra en Washington DC.

Es por esto que durante los años de la Guerra Fría, la OEA sirvió más como un instrumento para los intereses geopolíticos estadounidenses que como un verdadero espacio de diálogo e integración panamericana

Los conflictos ideológicos de la integración panamericana

Desde sus inicios, la historia de la OEA ha estado marcada por la convulsionada vida política del continente. Durante el evento mismo de su fundación en Bogotá, a tan sólo unas cuantas cuadras del Capitolio Nacional donde se reunían los representantes de los 21 países de la Unión Panamericana, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, caudillo liberal colombiano y gran favorito para la elección presidencial de 1950, hecho que desencadenó una gran ola de violencia y sublevación popular que obligó a trasladar el evento al norte de la ciudad.

Tanto la creación de la OEA como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), firmado un año antes, fueron liderados por Estados Unidos como parte de su estrategia de contención del comunismo y de la influencia de la Unión Soviética en América Latina. Es por esto que durante los años de la Guerra Fría, la OEA sirvió más como un instrumento para los intereses geopolíticos estadounidenses que como un verdadero espacio de diálogo e integración panamericana.

El ejemplo más claro de esto fue la expulsión de Cuba de 1962 tras la adopción del socialismo en la isla, mientras que la Organización mostró una postura mucho más blanda frente a las dictaduras militares que gobernaron en la mayoría de países de América Latina prácticamente hasta la caída del Muro de Berlín.

Con el regreso de la democracia en la década de 1990 y el llamado ‘giro a la izquierda’ de América Latina en la década del 2000, comenzó una nueva página en la historia del multilateralismo en el hemisferio. Bajo el liderazgo de Hugo Chávez, entonces presidente de Venezuela, nacieron nuevas organizaciones orientadas a ser espacios de cooperación multilateral sin la injerencia de Estados Unidos: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Alianza Bolivariana para América (ALBA).

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José Miguel Insulza

Este cambio en el ajedrez político latinoamericano también se vio reflejado en la elección del chileno José Miguel Insulza como secretario general de la OEA en 2005, el primero en llegar al cargo sin el apoyo de Estados Unidos. Su mandato de diez años estuvo marcado por la readmisión de Cuba al organismo en 2009 – la cual aún no ha sido formalizada por el gobierno de la isla – y por la suspensión de Honduras tras el golpe de Estado que derrocó al presidente de izquierda Manuel Zelaya.

El ‘giro a la derecha’

Almagro llegó a la Secretaría General en 2015 elegido por unanimidad luego de haberse desempeñado como canciller del gobierno de José Mujica, lo cual le mereció el apoyo de Venezuela y sus aliados. Sin embargo, desde el comienzo de su mandato Almagro comenzó a mostrar una agenda mucho más conservadora, alineada con los gobiernos de derecha que empezaron a ser elegidos en la mayoría del continente, y se convirtió en uno de los rostros más visibles de la oposición internacional al régimen de Nicolás Maduro.

De hecho, Almagro lideró la creación del Grupo de Lima – que reúne a 16 países para presionar por una salida pacífica a la crisis política de Venezuela – e impulsó la resolución de la OEA que declaró ilegítimas las elecciones presidenciales venezolanas de 2018, lo cual llevó a que este país anunciara su retiro de la Organización.

La posición de Almagro se ha hecho cada vez más radical y llegó a afirmar que el uso de la fuerza era una opción que no se podía descartar en esta crisis, y que además los países que se declaran neutrales estaban “promoviendo un proceso violento en Venezuela”. Almagro también ha expresado su apoyo incondicional al gobierno interino de Juan Guaidó, el cual participó por medio de su embajador Gustavo Tarre en la Asamblea General de la OEA de 2019 celebrada en Medellín.

El gobierno de Donald Trump ha visto en Almagro el regreso del “espíritu que mostró la OEA en los años cincuenta y sesenta” y presentó su candidatura para su segundo mandato. Pero contrario a su primera elección, esta vez Almagro debió enfrentarse a la ecuatoriana María Fernanda Espinoza, antigua canciller del gobierno de Rafael Correa, quien recibió el voto de 10 de los 34 países miembros.

Los detractores de Almagro le acusan de conducir la organización de forma parcial en lugar de facilitar el diálogo para resolver los conflictos, y de reducir la agenda hemisférica a la crisis venezolana. También critican la posición asumida por la OEA frente a las controvertidas elecciones del año pasado en Bolivia, que condujeron a la renuncia del presidente reelecto Evo Morales bajo presiones de las fuerzas armadas a finales de 2019. Y aunque algunas investigaciones independientes han refutado las acusaciones de fraude, con lo cual la salida de Morales habría sido realmente un golpe de Estado, Almagro respondió que el único golpe de Estado que hubo fue el fraude electoral de Morales.

Multilateralismo en vilo

La polarización política es un fenómeno que obstaculiza la acción colectiva para el bien común, tanto a escala nacional como internacional. En el caso de la OEA, los conflictos ideológicos originados en la Guerra Fría, encarnados hoy en día en las posturas dogmáticas de Almagro, siguen impidiendo que la organización cumpla su misión de promover la paz, la solidaridad y la colaboración entre sus miembros para procurar el bienestar de todos los habitantes del hemisferio.

En efecto, mientras la región atraviesa la peor crisis sanitaria y social de su historia y concentra el mayor número de infectados y fallecidos a causa de la Covid-19 a nivel mundial, el máximo organismo multilateral de las Américas parece seguir enfrascado en los mismos conflictos ideológicos de siempre.

La respuesta de la OEA frente a la pandemia se ha limitado básicamente a coordinar el trabajo de las instituciones internacionales e interamericanas del Grupo de Trabajo Conjunto de Cumbres (GTCC), cuyos resultados han sido exiguos frente a la magnitud de la crisis. Sin embargo, el seguimiento que ha hecho la OEA al manejo de la emergencia sanitaria se ha concentrado, nuevamente, en Venezuela y Nicaragua, lo cual contrasta con la poca atención que le ha dado a la gestión de los gobiernos de Estados Unidos y Brasil, los países más afectados por el virus en el planeta.

Hoy más que nunca, el mundo necesita del diálogo y la colaboración entre países para poder responder a desafíos que no conocen fronteras y frente a los cuales la acción unilateral de los Estados resulta insuficiente. Por ello, es indispensable que la OEA y sus directivos trasciendan las diferencias políticas entre los países miembros y se desvinculen de los intereses de los sectores que buscan acabar con el multilateralismo desde adentro.

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