![GetAttachment[2].jpg](https://storage.ghost.io/c/3f/80/3f804bea-4b2d-4ddf-9ff0-6ec7d0afa5fa/content/images/2026/04/GetAttachment2_pLnJoNS-1776679088891.jpg)
Coincidiendo con la votación del Bundestag para aprobar el tercer rescate de Grecia (86.000 millones de €), sus humillantes e imposibles plazos de amortización de la deuda, de reminiscencias versallescas, están encendiendo una oposición cada vez más clamorosa desde varios sectores. Esta alianza de compañeros de viaje poco habituales, como el Fondo Monetario Internacional, la Casa Blanca, el Banco Central Europeo, así como contribuyentes y activistas en toda Europa advierten que el último plan de austeridad fracasará rotundamente sin una reducción sustancial de la deuda. Sin embargo, la canciller alemana Angela Merkel y varios gobiernos de la eurozona se niegan obstinadamente a considerar tal posibilidad.
Irónicamente, parece que la nueva propuesta del ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble de una salida "temporal" de Grecia de la zona euro está ganando rápidamente terreno como única solución de compromiso que puede romper el impasse y conciliar los intereses dispares de todas las partes. De hecho, sus defensores argumentan que el retorno de la noción de este "Grexit de terciopelo" (que ya fue objeto de debate en 2012) a la mesa de negociaciones lo cambia todo al ofrecer al desgarrado pueblo griego una vía para salir de su desesperación y la oportunidad de recobrar su competitividad de golpe, así como de despejar el camino para una reducción significativa de la deuda.