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¿Último tango en Atenas?

Los pesimistas pronostican una catástrofe social en Grecia. Pero en Argentina, la crisis de 2001 fue resuelta por los ciudadanos, no por lo banqueros. English

Daniel Ozarow
30 June 2015
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Argentina - 10th anniversary of factory takeover. Demotix:Andrés Lofiego. All rights reserved.

El 5 de julio 2015 será el acto final de esta tragedia griega moderna. Los ciudadanos de Grecia votarán en un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las condiciones del paquete de rescate de la Troika que se ha calificado como "humillante" por el primer ministro Alexis Tsipras. Si hoy no se cae en default cuando habrá que pagar un plazo del préstamo de € 1,6 mil millones que se debe al FMI, entonces sucederá poco después. Sin embargo, ya que los analistas están frenéticamente planteando si las consecuencias económicas de tal resultado darán lugar o a un desastre o bien a la salvación del país, el potencial de sus ciudadanos para reunirse y participar en acciones solidarias para hacer frente a las consecuencias ha sido conspicuamente ausente del debate.

Lo cierto es que el pueblo griego no tiene por qué tener miedo del default. No sólo ellos saben que las cosas no se pueden volver mucho más graves que lo actualmente son, ya ha soportado cinco años de austeridad punitiva, vidas diezmadas y la depresión económica, sino también, teniendo en cuenta que más del 90 por ciento de los fondos de los paquetes de rescate del FMI, la UE y del Banco Central Europeo se asignan a los bancos en lugar de a los programas sociales para las personas que realmente lo necesitan, también tienen poco que perder si votan "no". Es más, ellos pueden tomar inspiración de los argentinos que, a raíz de su incumplimiento de pagos del 2001 (valorado a US$ 93 mil millones, el más grande de la historia internacional hasta el momento) demostraron una unidad extraordinaria en el apoyo mutuo para superar los tiempos difíciles en el año que lo siguió. Posteriormente el abandono de la paridad del dólar con su moneda bajo el modelo de Convertibilidad y la devaluación (el equivalente de que Grecia abandone el euro), que pasó a convertirse en la economía de más rápido crecimiento en el hemisferio occidental, a disfrutar de un crecimiento promedio del 9 por ciento entre 2003-07 .

La vida después de la deuda (default) en Argentina

Si bien el argumento económico porque el default de 2001 en Argentina funcionó y también debe ser replicado por Grecia es bien conocido, menos comprendido es la manera sumamente creativa que sus ciudadanos argentinos respondieron a sus consecuencias cuando se enfrentaron no sólo con un cataclismo social, sino también dificultades personales, la pérdida de puestos de trabajo, la confiscación de los ahorros de toda una vida, la pérdida de sus negocios, hasta sus hogares y a menudo el tener que enfrentar directamente realidades personales de pobreza. Pero fueron las acciones colectivas y solidarias en las que millones de ciudadanos participaron que amortiguaron su caída y que en el caso griego seguramente también podrían protegerlos del impacto social catastrófico esperado por tantos.

Durante el 2002, la Argentina se convirtió en una incubadora para los experimentos radicales de autogestión, la democracia participativa y la economía solidaria. Asambleas barriales surgieron en los centros urbanos del país, en el que "los ciudadanos comunes” debatieron los problemas políticos del momento y democráticamente asignaron adonde y a quien los escasos recursos se destinaron para satisfacer las necesidades de la comunidad; millones se unieron a los clubes de trueque para producir y recibir bienes y servicios esenciales, cuando los bancos se quedaron sin dinero; los trabajadores se reunieron para tomar las fábricas, los hoteles y los hospitales que habían quebrado y fueron abandonados por sus dueños para restablecer la producción; y trabajadores desocupados (los piqueteros) marcharon por las calles junto a la clase media en caída, la que golpeó con furia sus cacerolas en protesta bajo el lema "piquetero y cacerolero, nuestra lucha es la misma!"

El eco de la solidaridad que reverberó por todas partes de la sociedad en aquellos días exigía no sólo una alternativa a la austeridad neoliberal impuesta por el FMI que los argentinos habían sufrido durante una década, pero realizaba en la práctica la visión que tenía de crear un mundo más solidario y unido.

Entonces, ¿cómo se puede explicar estas respuestas sociales espontáneas e insólitas? Bueno, mientras que las situaciones de emergencia, por supuesto, tienen un efecto paralizante sobre algunas personas, para muchos más de hecho amplia la capacidad de los individuos para utilizar su imaginación para buscar soluciones colectivas para superar la adversidad. Una catarata de adrenalina colectiva digamos. Al entender a los ciudadanos como agentes individuales atomizados, los economistas convenientemente han olvidado que cuando nosotros como seres humanos nos encontramos en situaciones duras, no aceptamos pasivamente nuestro destino, sino más bien, como seres sociales, establecemos lazos con otras personas para resolverlas.

Como explica el historiador argentino y participante en las asambleas populares el Dr. Ezequiel Adamovsky, "los momentos de crisis como el que enfrentamos después del default de 2001 transforman radicalmente a la gente. Ellos nos imbuyen con una energía para involucrarnos en acciones colectivas con los desconocidos que no nos suele contemplar, sin importar su origen social.”

Por qué el default no será tan grave como dicen para los griegos

Mientras que un shock pos-default que implica la puesta en marcha de políticas de emergencia monetaria y una posible salida del euro precipitaría un período durante el cual el pueblo griego experimentaría un dolor considerable, el empobrecimiento profundo y la ansiedad sobre su futuro, el impacto negativo sobre los hogares y los medios de subsistencia han sido groseramente exagerados por los analistas que no aprecian la capacidad humana innato para reunirse y ayudarse uno al otro cuando los tiempos se ponen difíciles.

De hecho, los grupos de la sociedad civil, organizaciones de ayuda social y los movimientos sociales ya han establecido un movimiento de solidaridad floreciente. En todo el país, en lugar de observar la miseria de sus compatriotas de brazos cruzados, los ciudadanos comunes están voluntariamente armando centros comunitarios de trabajo, bancos de alimentos, centros de salud y centros de asistencia jurídica para reemplazar los servicios del estado de bienestar que la austeridad ha diezmado. En una sociedad donde el 18 por ciento no tiene lo necesario para comer, un tercio no tiene obra social médica y miles se enfrentan al desahucio de sus hogares, estos los arrojan un salvavidas. Desde que llegó al poder el gobierno de Syriza la presión sobre estas iniciativas dirigidas por la sociedad civil se ha disminuido con la introducción de programas sociales que garantizan que ninguna familia se quede sin agua ni electricidad. Los lazos de parentesco, apoyo financiero o práctico de familiares y amigos, y el aumento de las remesas recibidas de los aproximadamente 11 millones de griegos que viven en el exterior actuarán como otros tapones a las privaciones que se podrían ver en el entorno pos-default.

Al seguir el ejemplo de Argentina, miles más también están participando en la red de trueque en Grecia, en el que ellos que no tienen suficientes euros debido a la pérdida de trabajo o de dificultades financieras intercambian bienes básicos como ropa y alimentos o servicios tales como clases de inglés o cortes de pelo mediante el uso del sistema de crédito llamado “TEM”. El domingo, el BCE anunció que se dejará de capitalizar a los bancos griegos, una decisión que significará que se quedarán sin dinero muy pronto. En un escenario pos-default una población desesperada recurrirá a unirse a tales clubes de trueque en una escala masiva, como 2.5 millones de argentinos lo hicieron en el 2002, cuando la disponibilidad de pesos se acabó. Estos actuarían como una alternativa contra las consecuencias del neoliberalismo devastadoras.

Según Jorge Rabey, coordinador de un club de trueque en la ciudad argentina de Santa Fe en 2002, "solo en mi ciudad, los clubes fueron utilizados por 4.000 familias. En última instancia el trueque actuó como una barrera a la pobreza y funcionó como forma de contención. Los lugares que contaban con una alta concentración de clubes disfrutaron de niveles más bajos de violencia y problemas sociales durante la crisis porque la comunidad se unió para asegurarnos que las necesidades básicas se cumplieron.” Agrega “los medios de comunicación corporativos y los élites gobernantes eran favorables a nosotros en los primeros días, ya que eran muy conscientes que el trueque estaba ayudando al sistema salvarse a sí mismo y que mantenía el orden social".

Más allá de actuar como un sistema de seguridad financiera, la participación en los clubes y otras actividades colectivas también ayudó a una sociedad traumatizada como forma de terapia emocional, porque la interacción social con los que compartían su desgracia les dio consuelo. A menudo también solían servir como sitios de integración social, porque los ciudadanos de clase media pauperizada se encontraban e interactuaba con los habitantes de las villas de emergencia y los desempleados de larga duración por primera vez, de tal modo que se redujeron prejuicios preconcebidos sobre "el otro."

Para otros, la participación en el trueque los ayudó a recuperar su autoestima destrozada después de la pérdida de su empleo. Además ofreció beneficios a largo plazo que ayudó a la sociedad a florecer, una vez que se restableció la normalidad económica. Por ejemplo, muchos adquirieron nuevos conocimientos para los negocios que luego utilizaron a la hora de establecer microemprendimientos. María Mazzoni, investigadora de la Universidad Nacional del Comahue de Argentina explica que la participación en otros movimientos sociales posteriores al default "habilitó a muchos ciudadanos y los otorgó de una mayor comprensión de sus derechos cívicos." Ella cita el caso de una mujer que dejó a su marido después de muchos años de sufrir de maltrato porque ganó la confianza para hacerlo a través de su participación en un movimiento de okupas. Mientras tanto Adamovsky reflexiona sobre cómo la experiencia compartida de resistencia colectiva a las consecuencias del default "ayudó a los ciudadanos a aprender el poder de participar en el proceso de hacer reclamos políticos, sea un grupo de vecinos que salga a la calle para amar un cacerolazo contra la municipalidad por un apagón de luz o los escolares, que se encuentran en una generación más politizada pos-default y que suelen tomar los edificios de sus escuelas para exigir mejoras en el estado decrépito de sus aulas”.

El final alternativo a la tragedia griega

Los alarmistas que pronostican que Grecia terminará en una guerra civil tras la turbulencia de esta semana están equivocados. Si hay un brote de protesta social después del default, las causas no se deberán a la indignación generada por agravios materiales compartidos. De hecho, los griegos están relativamente mejor posicionados  para resistir el impacto financiero y psicológico de un default comparado con los argentinos en el 2001 por varias razones.

En primer lugar, una de las principales razones que muchos en la clase media argentina quedaron desamparados por el default en diciembre de 2001 se debe a que el gobierno de modo infame decretó el Corralito que congeló las cuentas bancarias de los ahorristas con el fin de prevenir el pánico bancario. La medida confiscó la totalidad de los depósitos en dólares y severamente limitó a los retiros semanales de pesos, pero se puso en práctica de manera tan sorpresiva que dejó a miles, no sólo suficientemente furiosos para reunirse fuera de la sucursal de su banco más cercano para romper sus vidrios, sino también los privó de un importante paracaídas contra el empobrecimiento. En cambio las empresas y los ciudadanos griegos, han tenido cinco años para contemplar esta posibilidad. Entre septiembre de 2009 y mayo 2015 casi la mitad de los €238 mil millones depositados en bancos nacionales se había retirado, y desde hace varios días que los ahorristas están acudiendo a los cajeros automáticos para asegurarse de que sus depósitos en euros fueron transferidos ya sea en cuentas en el extranjero o sacados y escondidos bajo el colchón. En otras palabras antes de que los bancos griegos cerraron sus puertas y se activa su propio Corralito, a diferencia del caso argentino, la gran mayoría de los ahorros de los griegos se salvaron y todavía existen como forma de protección para sus ciudadanos.

En segundo lugar, basándose en un análisis histórico de los datos empíricos de varios países a lo largo de dos siglos, la teoría sociológica de “J-Curve” afirma que las explosiones sociales o las revoluciones son más probables cuando los períodos de prosperidad económica prolongada, esperanzas elevadas y el progreso social son suplantados por un período de fuerte retroceso. Sin embargo, este no ha sido el caso de Grecia. El panorama económico ha sido sombrío durante varios años e incluso los partidarios de Syriza se dan cuenta de que su país no volverá a la prosperidad por toda una generación. Con el optimismo contenido y muchos resignados a la penumbra de su país (al menos a corto plazo), si Grecia cae en default, es más probable que la ira del pueblo se apuntará contra el FMI o a Alemania en vez de su propio gobierno, más aún ahora que la decisión ha sido delegada al electorado griego en el referéndum.

Por el contrario, muchos argentinos experimentaron mejoras importantes en sus niveles de vida a lo largo de los años 90 debido tanto a una década de crecimiento casi ininterrumpido como al hecho de que el artificialmente alto valor del peso bajo el modelo de Convertibilidad significaba que disfrutaron de una orgía de consumismo, importando televisores baratos, automóviles, celulares e incluso tomando vacaciones en el extranjero. El presidente Carlos Menem y los medios de comunicación anunciaron que la Argentina había cumplido su destino histórico de haber alcanzado el primer mundo, por lo que cuando este mito de la grandeza nacional y enriquecimiento personal repentinamente se vino abajo durante la crisis de 2001, los argentinos armaron barricadas para exigir la renuncia de su gobierno.

El golpe psicológico del rápido descenso social para siete millones de argentinos bien educados de clase media que se hicieron pobres en el año que siguió al default también agravó sus pérdidas económicas. En Grecia, en cambio la caída en desgracia – por más que sea una amarga experiencia - ha sido menos abrupta.

Como Juan, un señor de 80 años de Buenos Aires lo puso, "como seres humanos nos sentimos contentos al cantar una melodía cuando podemos anticipar los próximos acordes. Es cuando la melodía cambia repentinamente que vas a tener un problema.”

En tercer lugar, las ONG, las asociaciones religiosas, grupos de solidaridad social informales y redes que prestan ayuda social a los sectores vulnerables desde hace varios años y el primer paquete de rescate en el 2010 han estado desarrollando su infraestructura y fortaleciendo su capacidad para responder a la crisis humanitaria en Grecia. Ayudado por una afluencia de voluntarios, ahora están en buena posición para responder en caso de un aumento de las privaciones que el default puede engendrar. En comparación, la magnitud y la brusquedad del colapso de Argentina 2001 abrumaron muchas agencias de ayuda, que eran simplemente incapaces de responder adecuadamente en el momento.

En cuarto lugar, y lo más importante, la mejor posibilidad que la sociedad griega tiene de salir del default de manera positiva ese si los lazos sociales se conservan entre los sectores más pobres, los sindicatos y la clase media en caída. Esa alianza fue el cimiento de movimiento autoconvocado de solidaridad de la Argentina de 2002 y cristalizó la resistencia política a la hegemonía neoliberal que exitosamente anunciaba un modelo político-económico alternativo bajo la administración de Néstor Kirchner, y que estimuló una impresionante recuperación macroeconómica. Sin embargo desde los mediados de la primera década del siglo XXI, esta alineación de clases se ha desarticulado. Envenenado por un fuerte discurso anti-pobre que había vuelto a penetrar los campos políticos y culturales y que estuvo popularizado por los medios de comunicación, ha generado preocupaciones exageradas de “inseguridad” en la clase media, así como el miedo irracional "del otro".

Sin embargo, el pueblo griego tiene una mayor posibilidad de trascender estas divisiones sociales por dos razones. Por un lado, debido a que en Argentina el hacer al pobre y mestizo el chivo expiatorio y la proliferación de la violencia simbólica en su contra es, lamentablemente, una manifestación de la reaparición de profundas polarizaciones sociales que echan sus raíces de las dos visiones diametralmente opuestas sobre el proyecto nacional. La “popular, pro-pobre, orientado al obrero' del Peronismo choca de manera profunda con la 'anti-popular, blanco, de aspecto europeo, de clase media" del anti-peronismo, y es una escisión social que simplemente no existe en la sociedad griega. Ciertamente hay una corriente anti-inmigrante potente que ha sido explotado por Golden Dawn, pero esa amenaza se ha reducido por ahora.

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Por el otro lado, lo que contribuye a la disociación entre los sectores medios y bajos en la Argentina es la existencia simultánea de unos varios modelos productivos diversos que permitan pocos espacios para que los intereses de clase compartidos sean identificados entre ellos. Según la socióloga Dra. Maristella Svampa estos incluyen: 1) el modelo de reindustrialización y de los servicios; cuenta con el apoyo de la gran parte de la clase obrera organizada y de los sectores medios; 2) el modelo Agro, cuya compleja base social está compuesto por los grandes terratenientes rurales, los principales grupos de gran capital, sectores socialmente conservadores de la clase media y los pequeños productores; 3) el modelo 'Despojo' en las provincias del norte que implica el desplazamiento de los pueblos indígenas; y 4) el modelo de minería-exportación que se aplica en muchas partes del país, pero que está totalmente ausente en otras. Este último se compone de diferentes clases, pero aún no tienen un peso importante en la economía. Mientras tanto, en Grecia, la estructura de la economía es mucho más homogénea y en gran medida se dedica a las industrias del turismo y del petróleo. Con intereses comunes más identificables, la sociedad es menos susceptible a fragmentarse y autodestruirse, como ha sido el caso de Argentina, más recientemente. Demonstration in Athens. Demotix:Alexandros Michailidis. All rights reserved.

Finalmente, sirve de consuelo a los griegos que el gobierno de izquierdas de Syriza está realizando políticas sociales que ayudan a los más necesitados y que se negó a aceptar las demandas del último paquete de rescate de la Troika para recortar aún más los salarios del sector público y las jubilaciones y de agregar el IVA a las medicamentos y las facturas de servicios. Ahora saben que tienen unos representantes que han demostrado su compromiso genuino a las demandas de los movimientos sociales y los intereses de clase de los trabajadores y los sectores marginados de la sociedad. Seguramente van a hacer todo lo posible para aliviar su dolor cuando estallan las consecuencias del incumplimiento de pago. Esta realidad contrasta fuertemente con la gestión del gobierno pos-default del Presidente Eduardo Duhalde en Argentina (2002-03) que, con la excepción de establecer un plan social para los desempleados (Plan Jefes y Jefas del Hogar) para cooptar a sectores del movimiento piquetero y disminuir la solidaridad que existía con la clase media en caída. En realidad Duhalde gobernaba en los intereses de las grandes empresas. Presidió la represión de una marcha piquetera que se volvió un masacre en el Puente Pueyrredón en Buenos Aires en junio de 2002, no hizo nada para impedir los desalojos policiales de varias fábricas ocupadas por sus trabajadores, demonizaba continuamente los movimientos sociales autónomos que se negaron a apoyar a su gobierno y también traicionó a los ahorristas por haberse comprometido al corralón, cuando los depósitos en dólares fueron devueltos a ellos en pesos a una cuarta parte de su valor original.

Un ejemplo de cómo los trabajadores griegos podrían beneficiarse del apoyo de Syriza tras un default de maneras que eludía sus compañeros argentinas (al menos hasta la llegada del gobierno de Néstor Kirchner en 2003) es si provoca la quiebra de empresas a gran escala. Frente a la pérdida de sus puestos de trabajo y, muchas veces debidas varios meses de sueldo en un clima de desempleo masivo y caos económico, miles de trabajadores en cientos de lugares de trabajo en Argentina "recuperaron" las empresas que sus dueños habían abandonado y las organizaron democráticamente como cooperativas de trabajadores durante el periodo 2001-02. De este modo, en muchos casos se implementó la igualdad de salarios y el superávit se redistribuía en forma de puestos de trabajo, el aumento de remuneración o con fines sociales, en lugar de derivarse al dueño capitalista como ganancia. Si la política industrial pos-default del gobierno griego puede ofrecer suficiente apoyo a los trabajadores de inculcar en ellos la confianza para estallar un movimiento de empresas recuperadas por sus obreros de modo parecido al argentino que se extiende más allá de los ejemplos existentes como la fábrica  de materiales de construcción “Vio.me” la cual fue recuperada por sus obreros en la ciudad de Tesalónica, a continuación, la autogestión obrera podría convertirse en un fenómeno muy extendido. También podría contribuir a las metas macroeconómicas del país como la creación de puestos de empleo, la reducción de la desigualdad social y el rendimiento productivo, como se vio en Argentina. La posibilidad de que el movimiento se convierta en la piedra angular de una economía solidaria y transformativa no capitalista desde abajo en Grecia es enorme, y podría proporcionar un ave fénix de las llamas del default.

Poner fin a la deuda insostenible de Grecia - La cuestión de ilegitimidad

Como reflexión final, vale la pena señalar que la resiliencia de los ciudadanos atormentados está todo muy bien, pero para que Grecia pueda prosperar una vez más, debe liberarse de lo que se conoce universalmente como una deuda insostenible, que actualmente llegó a ser el 175 por ciento del PIB. Sin embargo, aunque un default se eliminaría temporalmente estas cadenas de deuda, en los próximos años el gobierno griego tarde o temprano tendrá que reestructurar el valor de sus bonos con sus antiguos acreedores si quiere volver a integrarse a los mercados internacionales de crédito.

En el 2005 y el 2010 el gobierno de Argentina negoció una restructuración de su deuda que afecta a casi dos tercios de su valor. Sin embargo, a pesar de ello, su deuda pública se fue por las nubes en los últimos años. Cuando se suman también las deudas privadas y externas, las deudas provinciales, los pagos que se deben al Club de París, los pasivos con acreedores como resultado de las resoluciones de los fallos del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones, las deudas pendientes a los fondos buitres como consecuencia de los fallos desfavorables en los cortes en Estados Unidos, y el valor de los dividendos de los bonos que están indexados a la tasa de crecimiento, la deuda asciende a más de US$ 300 mil millones. Esto es aún mayor de lo que era en el momento del default de 2001 en términos reales, según las mismas cifras del Ministerio de Economía argentino. Existe el peligro que el mismo aumento a la deuda podría repetirse en Grecia. Sin embargo hay una manera de estar seguro de que no suceda de ese modo y que también puede garantizar que el gobierno vuelva a ser capaz de defender su soberanía económica mientras acaba con la dependencia financiera del FMI, BCE y las naciones más fuertes de Europa.

Es notable que a pesar de la cobertura constante de la crisis en Grecia, la cuestión de la ilegitimidad de su deuda es muy poca mencionada. Sin embargo, si se analiza la historia de su deuda, se ve con claridad que sus orígenes son dudosos, deben ser investigados y luego, la proporción de la deuda considerada como odiosa, ilegítima o ilegalmente obtenida históricamente (incluso la que se ha reciclado posteriormente en forma de préstamos más recientes del FMI y el ECB) repudiada por el gobierno griego. Vamos a examinar el carácter de la deuda de Grecia en un poco más de detalle.

En primer lugar, vemos que durante la Segunda Guerra Mundial, un préstamo de 400 millones de Marcos que Grecia se vio obligada a proporcionar a Hitler cuando estaba bajo ocupación Nazi para financiar sus operaciones militares aumentó muchísimo la deuda de la nación. Cabe destacar que las reparaciones que fueron parcialmente pagados por Alemania a Grecia después de la guerra nunca incluyeron este préstamo, y por lo tanto sigue siendo parte de los orígenes de la deuda de Grecia, que ya se han reciclado en innumerables ocasiones.

Luego está la deuda contraída por la dictadura militar de Grecia, que se cuadruplicó entre el 1967 y 1974. Esto no sólo se acumuló inconstitucionalmente sino también se utilizó para reprimir al pueblo griego. Un número estimado de 3.500 personas fueron detenidas en centros de tortura a cargo de la policía militar. Esto, obviamente, se califica como deuda odiosa.

Más recientemente, la colosal deuda incurrida para la organización de los Juegos Olímpicos de Atenas del 2004 fue parcialmente acumulada debido a presuntos chantajes realizados por las multinacionales a fin de obtener contratos. Por ejemplo, Siemens presuntamente sobornó a funcionarios para ganar un contrato de Hellenic Telecom, y para venderles un nuevo sistema de seguridad para las Olímpiadas. En 2011 un comité parlamentario griego afirmó que el daño total a la economía de las prácticas fraudulentas de Siemens asciende a €2 mil millones.

Además, en abril de 2015, el Parlamento griego estableció la Comisión de la Verdad sobre la Deuda Pública y ordenó que se investigue tanto la creación y el crecimiento de la deuda pública como la forma y las razones por las que se lo incurrió. También se quiso investigar el impacto que las condiciones asociadas a los préstamos han tenido en la economía griega y como impactaron a la población. Hace apenas dos semanas, el Comité dio a conocer sus conclusiones y dictaminó que Grecia no sólo no tiene la capacidad de pagar esta deuda, sino que también no se debe pagar por su carácter ilegal, ilegítimo y odioso. El hallazgo clave fue que la deuda emergente de los acuerdos de la Troika desde 2010 representa una violación directa de los derechos humanos fundamentales de los habitantes del país.

En ese sentido, Grecia es un paso por delante de Argentina, cuya comisión de auditoría de la deuda que se estableció hace poco actualmente está investigando el origen de la deuda del país, que se remonta a la dictadura militar de 1976-1983.

Para terminar debemos preguntarnos si la propuesta para llevar a cabo auditorías de la deudas públicas para investigar su legitimidad es factible. Pues bien, en las economías en las que se han realizado, no sólo sobreviven cuando no pagan la proporción de su deuda que se determina es ilegítima, sino que cuentan con economías muy prósperas hoy. Por ejemplo, en el 2008, la Comisión de auditoría de la deuda de Ecuador encontró que el 70 por ciento de la deuda del país era ilegítima, y a través de tanto un default parcial como la compra de bonos vendidos de forma selectiva, la carga de la deuda del país se redujo en $7 mil millones. Hoy Ecuador es una de las economías con mayor crecimiento de la región.

Sin embargo, no son únicamente las naciones del sur global que o bien poseen deudas ilegítimas o han tratado de auditarlas. El gobierno noruego ha llevado a cabo una auditoría de las deudas que otros le deben, y canceló las que surgieron de los préstamos para las exportaciones con fines que se sabía en el momento que eran pocas éticas. Mientras tanto, Islandia celebró un referéndum en el que sus habitantes votaron para negarse a asumir las deudas externas de sus bancos. El resultado de la cual fue ratificada por un tribunal europeo en 2013. El país se ha beneficiado enormemente desde entonces; su economía en auge y el desempleo se bajó al 2 por ciento. Incluso en Francia, la auditoría ciudadana que se llevó a cabo por grupos de la sociedad civil dictaminó que el 60 por ciento de su deuda pública es ilegítima.

Lo que hace falta ahora urgentemente es que se establezca una conferencia de la Unión Europea que se ponga de acuerdo a cancelar la deuda en Grecia y en cualquier otro país que lo necesite. Esta decisión debe ser informada por tales auditorías públicas de las deudas y los costos financiados a través de la recuperación de fondos de los bancos y especuladores que eran los verdaderos beneficiarios de los paquetes de rescate.

En caso de que no suceda, si Grecia ahora puede ser suficientemente valiente para poner en práctica las conclusiones de la Comisión de la Verdad y negarse a pagar muchas de las deudas que se le pedirá que se renegocien un día, no significaría un armagedón financiero, al igual que el default de esta semana no lo será. Sin embargo, lo que si haría tal medida es restaurar la independencia financiera de Grecia.

En unos pocos días, los votantes griegos tendrán la oportunidad de exponer algo de esa tenacidad y resiliencia de sus homólogos argentinos en plena crisis al rechazar las condiciones humillantes del paquete de rescate de la Troika. En las palabras del poeta inglés Rudyard Kipling; Si los griegos pueden mantener la cabeza cuando todos a su alrededor pierden las suyas y los culpan por ello y si pueden confiar en ellos mismos cuando todos los dudan entonces tendrán la oportunidad de crear un futuro mejor para ellos mismos, y lograr una sociedad que sea transformada por los principios de la solidaridad y la esperanza.

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