Mauricio García Villegas, autor de El Viejo malestar del Nuevo Mundo, está de acuerdo con Gramsci cuando dice que hay que tener el optimismo de la libertad y el pesimismo de la razón. Lo cierto es que la libertad, la racionalidad y los juicios son anhelos por los que luchar, no dones de la humanidad. Muchas veces el camino escogido ha sido otro en América Latina. Se han puesto en lo más alto los sueños, los ideales, la militancia, y en la parte más baja, la realidad.
José Zepeda: La entrevista anterior acabó con la palabra tolerancia. En América Latina conviven diversos males, pero seguramente uno de los peores es la intolerancia, que polariza y transforma al adversario en enemigo. Al enemigo se le puede hacer cualquier cosa. Profesor Mauricio García Villegas ¿cómo hemos llegado hasta aquí?
Mauricio García Villegas: Esto tiene raíces que se remontan a la época colonial. En la España de la Contrarreforma, que fue la que vino a América, había mucha intolerancia; todo un cerramiento de los espíritus en beneficio de la fe religiosa. Los científicos, por ejemplo, debían adaptar sus descubrimientos para que fueran compatibles con la doctrina católica. El dogmatismo, como dijo Octavio Paz, “es esa enfermedad del espíritu que ha hecho más daño entre los intelectuales latinoamericanos que la viruela entre los indios del siglo XVI”.