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Es tiempo de una nueva forma de debatir sobre los derechos globales

Bienvenido a openGlobalRights; un proyecto en varios idiomas que tiene como objetivo unir a personas del sur y del norte para discutir sobre el futuro de los derechos humanos.

Leslie Vinjamuri James Ron
17 June 2013

En cualquier dimensión dada, el historial sobre derechos humanos es mixto. Los abusos de los derechos humanos siguen siendo numerosos en algunas partes del mundo, a pesar de cuatro décadas de esfuerzos conjuntos por parte de defensores comprometidos que trabajan arduamente. Cada vez más, los críticos les imputan cargos de hipocresía tanto a los Estados Unidos como al Reino Unido, estados que antes se pensaba que estaban a la vanguardia de los derechos humanos. La ambivalencia y el historial profundamente desigual de las potencias emergentes de hoy (Turquía, India, China y Brasil, por ejemplo) presentan desafíos reales para una estrategia que tiene sus fundamentos en el consenso internacional como la base para proteger los derechos humanos globalmente. Aun con las mejores intenciones, la idea de que las violaciones se pueden resolver a través de iniciativas externas se ve limitada por la realidad de que la paz y la democracia son necesarias para garantizar un comportamiento que respete los derechos. 

Así que, ¿cómo se ve el historial de derechos humanos si llevamos la conversación lejos de Occidente y hacia el Sur Global? Durante los siguientes doce meses, openGlobalRights facilitará una conversación global y multilingüe entre individuos comprometidos con el trabajo sobre derechos humanos a nivel mundial. La globalización ha revelado fracturas en los derechos humanos universales, pero las nuevas tecnologías también facilitan conversaciones previamente imposibles. openGlobalRights conectará audiencias comprometidas del Sur Global y las involucrará en un debate con practicantes, académicos y activistas a nivel mundial, especialmente sobre asuntos relevantes para el mundo no occidental. Invitamos a todos nuestros lectores a contribuir con sus propios comentarios, en cualquier idioma. E invitamos a los demás lectores a responder a esos comentarios, usando el traductor de Google si es necesario.

Los críticos dicen que las discusiones sobre derechos humanos están dominadas por las élites en Europa y América y que, a medida que la sociedad civil global se expande, muchas voces que merecen ser oídas son excluidas. En lugar de ser una meritocracia de los que sufren, afirman, la sociedad civil global es de hecho un lugar donde los contactos, la financiación y los conocimientos de “iniciados” siguen siendo cruciales. Incluso las organizaciones no gubernamentales (ONG) líderes en derechos humanos, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, toman decisiones en cuanto al dolor de quién pueden enfatizar; estas decisiones no siempre se rigen por mérito o necesidad. Y cuando nuevos contendientes tratan de que sus voces sean escuchadas, su estilo de hablar, de organizar y de hacer demandas pueden excluirlos de ser considerados. De acuerdo con los críticos, la sociedad civil global es mucho menos inclusiva de lo que asumen los optimistas.

Nuestros modestos esfuerzos para expandir el debate global sobre los derechos humanos incluyen la traducción, ya que el idioma es un mecanismo común de exclusión. En el campo de los derechos humanos, uno de los primeros pioneros de este enfoque multilingüe fue la revista académica brasileña Sur, que es una de nuestras inspiraciones y uno de nuestros socios. En este primer debate, muchos de nuestros autores están ubicados en grupos internacionales de derechos humanos o en universidades occidentales. Con el paso del tiempo, esperamos reclutar más autores del Sur Global e inspirar debate y reacciones de todos los rincones.

Las principales ONG internacionales del mundo reconocen los desafíos de la globalización, del cambio económico y demográfico y de las potencias emergentes. Para Amnistía Internacional y Human Rights Watch, este reconocimiento ha provocado el desarrollo de una nueva forma de pensar sobre la promoción de los derechos humanos. Cada organización está persiguiendo una estrategia nueva y más global, reclutando socios regionales y, en el caso de Amnistía, cambiando algunas de sus operaciones básicas de Londres a algunas ciudades del Sur Global. Los partidarios de los derechos humanos como la Fundación Ford, nuestra socia y financiadora, están acercándose para reclutar ONG regionales con perfil internacional. ¿Funcionarán estas estrategias? openGlobalRights debatirá esta posibilidad completa, transparente y críticamente.

Lo que sí sabemos es lo siguiente: aunque es posible que los derechos humanos sean un valor universal, con frecuencia los esfuerzos internacionales para promoverlos han resultado ser inefectivos. En parte, esto se debe a que los críticos (justa o injustamente) han agrupado la presión sobre derechos humanos junto con otras formas de intervención occidental. Para algunos, no importa si la presión de Occidente es administrada desde la sede de Human Rights Watch, la Unión Europea, las Naciones Unidas o el Departamento de Estado de los Estados Unidos; todos son extranjeros, disruptivos y con malas intenciones. Marcada por esta visión, la defensa de los derechos humanos ha generado una reacción negativa y alienado incluso a aquellos socios locales que son potencialmente solidarios.

Los críticos también dicen que la promoción internacional de derechos puede desplazar a los movimientos de derechos locales al financiar a las ONG internacionales en lugar de las locales. Y afirman que cuando se forman alianzas entre ONG internacionales y nacionales, las nacionales son forzadas a tomar posiciones subordinadas.

Muchos de estos problemas fueron superados, al menos parcialmente, en América Latina. Allí, las organizaciones locales de derechos humanos emergieron más temprano y crecieron más rápido que en África, en Asia o en el Oriente Medio, y fue menos probable que se vieran marcadas por el neo-colonialismo. ¿Ayudó quizás que las luchas por los derechos humanos en América Latina fueran guiadas por grupos locales de derechos humanos y que tuvieran el apoyo de sectores católicos progresivos? Las instituciones regionales de derechos humanos también fueron comparativamente fuertes, y las transiciones democráticas han sido parte integral de las revoluciones de derechos del continente. Cualquiera que fuese la razón, América Latina ha tenido una experiencia más positiva con el movimiento global de derechos humanos que otras regiones sureñas y su lucha por los derechos humanos ha obtenido más atención internacional.

En nuestra primera discusión, Las potencias emergentes y los derechos humanos, nuestros contribuidores evalúan la posición que toman los nuevos estados poderosos respecto a los derechos humanos. Algunos hablan de BRICS, otros de TIMBI y aun otros de IBSA; estos y otros acrónimos abundan. Todos comparten la noción de que el poder mundial es cada vez más diverso, que los estados no occidentales ejercen más influencia y que esto podría marcar una diferencia en la manera en que avanzarán (o no) los derechos humanos a lo largo del mundo. La hipocresía de Occidente y, en especial, la disminución de su influencia frente al poder emergente dan lugar a serias dudas sobre el futuro de los derechos humanos.

Las potencias emergentes, por su parte, no pueden ser socios naturales en la lucha global por los derechos internacionales, ya que su identidades políticas, y sus políticas extranjeras, emergieron a partir de un conjunto diferente de condiciones históricas. China, India, Indonesia y Brasil se aferran a la soberanía no sólo como un mecanismo de protección, sino también como un valor moral que rivaliza con, o quizás incluso sobrepasa, los derechos humanos individuales. Y cuando estas potencias llegan a articular su compromiso con los derechos humanos, frecuentemente dan primacía a los derechos económicos y sociales sobre los derechos políticos. Y si la hipocresía es un problema para los Estados Unidos y Europa, éste puede duplicarse cuando la promoción de derechos se persigue en asociación con países que tienen profundos espacios internos de abuso de derechos humanos, injusticia y pobreza.

Recientemente, en ningún lugar ha sido más evidente la hipocresía oficial de las potencias emergentes que en Turquía. Como escribe uno de nuestros autores, los líderes islamistas de Turquía articulan un enfoque “neo-otomano” hacia la política exterior y los derechos humanos, diciendo que promocionarán los derechos humanos según su estilo propio, único y culturalmente adecuado. A partir del 11 de septiembre, los defensores de los derechos humanos argumentaban con frecuencia que el obstáculo más grande que enfrentaban era la hipocresía de los Estados Unidos. Cuando las potencias emergentes se comportan de forma similar, ¿la brecha entre la retórica y la realidad es más o menos destructiva?

Algunas potencias emergentes son profundamente escépticas acerca de la prudencia de promover los derechos humanos globalmente. ¿Qué piensan sus públicos? Históricamente, el movimiento de derechos humanos de Occidente ha tenido ambiciones globales. Por contraste, los movimientos de derechos humanos en América Latina y Europa del Este en las décadas de los 1970 y 1980 se esforzaron (quizás necesariamente) en promover los derechos humanos en casa. ¿Habrá un electorado fuera de Europa y Norteamérica que apoye la promoción de los derechos humanos en el extranjero? ¿Es concebible que las clases medias emergentes o los activistas de justicia social en Brasil, India y China apoyen, financien y exijan que sus gobiernos se comprometan a promover los derechos humanos en otros países y regiones del mundo?

Una de las herencias del imperialismo occidental es el sentido de que los países, las ONG y el público occidentales tienen el derecho (más bien ¡la obligación!) de promover los derechos humanos a lo largo del mundo. A los estadounidenses y europeos les parece absolutamente normal que un grupo basado en Nueva York, y financiado por las clases media y media alta de los Estados Unidos, se preocupe por los abusos a través de Asia, África, el Oriente Medio y Latinoamérica. ¿Parecería igual de “natural” si un grupo brasileño, chino o indio, quizás financiado por la nueva riqueza proveniente del petróleo o la manufacturación, investigara abusos a nivel mundial, incluidos aquéllos en los Estados Unidos? Y si no, ¿qué nos dice esto acerca de cómo algunos han normalizado la intervención global (para bien y para mal) de Occidente, pero aun así consideran la intervención de latinoamericanos en los Estados Unidos y Asia, o de africanos en Europa y el Oriente Medio, como algo raro, innecesario o extraño?

En septiembre, comenzaremos un segundo debate que examinará los patrones de financiación global para los derechos humanos. Hasta la fecha, mucho del dinero para el trabajo local sobre derechos humanos ha procedido ya sea de fundaciones occidentales privadas, como la Ford Foundation o la Open Society Foundation, o de recursos oficiales para el desarrollo, como USAID o el PNUD. ¿Qué efectos tiene este patrón institucional y geográfico? ¿Se diversificará la financiación para el trabajo sobre derechos humanos? Y si lo hace, ¿qué sucederá? Intuimos que la autonomía, la legitimidad y la diversidad del movimiento de derechos humanos depende, al menos en parte, de la habilidad del movimiento para diversificar sus recursos de financiación.

El tercer tema de openGlobalRights examinará la posibilidad de que exista un acomodo entre la religión, las organizaciones basadas en la fe y los derechos humanos. La sociedad civil está marcada por el debate entre grupos que basan sus valores en discursos alternativos al de los derechos humanos, y la fe religiosa es quizás la alternativa más prominente. Trabajar con los agentes locales para traducir las normas de los derechos humanos de manera que resuenen en el nivel nacional puede ser más difícil de lo que parece. El conservadurismo religioso está en aumento, al igual que la religión como una fuerza en un nivel más general. La compatibilidad de lo anterior con los derechos humanos, especialmente en las desafiantes áreas del género y la familia, y la posición que toman los electorados religiosos respecto a los derechos humanos, si es que toman alguna, serán puntos centrales de nuestro debate. ¿En qué medida las creencias y los actores religiosos realmente representan un obstáculo para los derechos humanos? ¿Cómo varía el impacto de las comunidades, organizaciones y tradiciones basadas en la fe en los derechos humanos a través del mundo? ¿Es posible adaptar las actividades e ideas sobre derechos humanos para que sean más compatibles con las distintas tradiciones religiosas? Y si es posible, ¿a qué costo? ¿También pueden promover los derechos humanos las ONG basadas en la fe? Y si pueden, ¿cómo? 

Nuestro cuarto tema cuestiona si el derecho internacional bloquea los esfuerzos para hacer globales los derechos humanos. ¿Es demasiado restrictivo el conjunto internacional contemporáneo de normas, tratados y leyes? ¿Facilita o impide los esfuerzos para asegurar los derechos políticos, económicos y sociales de las personas del Sur Global? La Corte Penal Internacional tiene una norma de complementariedad, lo que significa que si los estados tienen la voluntad y la capacidad, pueden realizar los juicios en los tribunales nacionales. ¿Ha generado esto más responsabilidad o ha creado una restricción inútil? Cuando las ONG internacionales se movilizan en defensa de los derechos humanos y se refieren a estos tratados internacionales, ¿esto debilita o realza la legitimidad de las ONG locales frente al público y los gobiernos nacionales? ¿Hay algún problema al concebir los derechos humanos como leyes, en vez de cómo una forma de resistencia social, política y ética?

Al final de estos doce meses de debate, tomaremos un paso hacia atrás y evaluaremos si openGlobalRights fue útil, y si deberá continuar. Esperamos que las discusiones desarrolladas durante doce meses inspiren, frustren y comprometan. Si es así, el trabajo deberá continuar.

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