
Antiguo centro de detención en Buenos Aires, Argentina. 19 Marzo 2016. EITAN ABRAMOVICH/AFP/Getty Images
Transcurrido menos de un mes de la inauguración del nuevo gobierno Macri/Cambiemos en Argentina, el nuevo liderazgo, o la nueva “gestión”, como prefiere denominarse, actuó con abrumadora rapidez. El congreso argentino, repleto de parlamentarios del partido opositor Frente Para la Victoria, perdedor de las anteriores elecciones presidenciales con solo un 2% de diferencia, cerró por vacaciones durante el caluroso mes de diciembre, cuando muchos urbanitas argentinos, indiferentes, buscan huir hacia la costa.
La batalla para clausurar tantos centros culturales como sea posible coincidió con despidos masivos de funcionarios y nuevas leyes dictadas para criminalizar las protestas contra dichos despidos. El primer y más evidente objetivo fue desmantelar el Centro Cultural Néstor Kirchner, donde los espectáculos teatrales y musicales eran gratuitos, con el objetivo de ofrecer a los más desfavorecidos y a las clases trabajadoras acceso a la alta cultura. Más ominosa aun es la batalla que está teniendo lugar para cerrar el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, un centro y un museo construidos en el interior de un antiguo centro de tortura y desaparición, la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada), que operó campo de concentración secreto a partir de 1970. El Centro Haroldo Conti recibe su nombre de un novelista lírico y ensayista argentino que, como el militante y ensayista Rodolf Walsh o el poeta surrealista Miguel Ángel Bustos, se cuenta entre los escritores asesinados durante el régimen de la junta militar.