democraciaAbierta: Interview

Laura Quintana: 'El gobierno colombiano ha sido sordo, no escucha, desprecia a la gente'

El incendio social de Colombia no debería constituir una sorpresa. El legítimo resentimiento social alcanzó su punto de inflamación. Laura Quintana, filósofa colombiana, analiza la situación para democraciaAbierta.

José Zepeda Laura Quintana
12 mayo 2021, 6.05pm
Protesta en Bogota, Colombia, el 5 de Mayo 2021
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María José González Beltrán/Alamy

No existen los padecimientos perpetuos, salvo en aquellos que acepten para siempre su condición. Los colombianos se rebelan a esa pretensión. Existen dos visiones de país que, por el momento, parecen irreconciliables. La una la representa las palabras de una senadora oficialista (Paloma Valencia) que pide “una acción militar contundente y sostenida para restablecer el orden social”. La otra mirada es un senador de la oposición (Jorge Enrique Robledo), que dice que “el Paro Nacional debe adelantarse atendiendo las necesidades del conjunto de los colombianos”.

Nuestra entrevistada, Laura Quintana, se presenta ella misma: “Soy filósofa de la Universidad de los Andes e hice mi maestría y doctorado, también en filosofía, en la Universidad Nacional de Colombia. Mis trabajos más recientes están encaminados a comprender las afectividades políticas. Es decir, los “estados emocionales” de la colectividad. Me he concentrado en la rabia y el resentimiento, pues me interesa distinguir estos dos afectos, comprender en qué casos son destructivos y en qué casos no lo son, y cómo cada uno mueve a la acción política”.

José Zepeda: Profesora, ¿no le parece que hay que estar demasiado desesperado para salir a protestar a las calles corriendo el riesgo de morir por una bala o por el contagio del coronavirus?

Laura Quintana: Sin duda. La gente siente una gran desesperación porque, en términos generales, aunque es un paro muy polifónico, la población está agotada de un orden social cada vez más excluyente y de un crecimiento de la pobreza. Con el 42% de pobreza, Colombia hoy presenta una elevadísima precarización, acentuada por la pandemia. Sobre todo los jóvenes, están cansados de sentirse invisibilizados, que no se cuente con ellos y de sentir que no tienen futuro. De hecho, ya en las protestas de 2019 proclamaban, como ahora: “se nos ha quitado tanto, que también se nos quitó el miedo”.

Las personas que se congregan, aunque responden a intereses, exigencias y expectativas muy diferentes, están determinadas por el deseo de ser contados, de tener futuro, porque realmente lo que se ha producido es una cierta desposesión del mañana.

JZ: Este incendio tiene origen en numerosas llamaradas y de ahí que haya más de 100 reivindicaciones de carácter social. A pesar de ello, quisiera rescatar una que me parecen esencial: la situación económica. En las últimas décadas, en Colombia la estabilidad económica ha venido aparejada con ocupar el segundo lugar de la región con una distribución de la riqueza más injusta, y es el octavo país del mundo con este defecto. La pandemia ha venido agravar la situación.

LQ: Se ha agravado por unos programas neoliberales que han sido privatizadores, desmantelado políticas sociales, impedido programas para promover los derechos sociales, y han favorecido sobre todo a los grandes capitales.

La reforma tributaria que se tumbó incluía un alto gasto militar mientras se mantienen unas condiciones sociales lamentables

Aunque es una economía que tuvo mucha estabilidad internacional, fue generadora de grandes deudas con la población, porque los programas económicos redujeron el Estado a un instrumento que podía asegurar estabilidad a la inversión extranjera, pero que precarizaron mucho más a la gente. Eso también provocó el descontento social.

La reforma tributaria que se tumbó incluía un alto gasto militar mientras se mantienen unas condiciones sociales lamentables. Es, como usted dice, el segundo país más desigual en Latinoamérica y el cuarto en América que usa sus recursos públicos para gasto militar.

JZ: Otro aspecto tiene que ver con la ansiedad social de una refundación de la policía que tiene, a lo menos, dos grandes temas pendientes: de una parte, una unidad (ESMAD) que, por decirlo diplomáticamente, se ha excedido en la violencia. Y, por otro lado, depende del Ministerio de Defensa, lo que agudiza su carácter militar.

LQ: El problema fundamental con la policía y también con el Ejército es que responden a lógicas de guerra muy acentuadas en el país. Por un lado, es una respuesta guerrerista según la cual el adversario es un enemigo que hay que destruir, lo que incita a perseguir el disenso en Colombia. Este disenso, que por mucho tiempo se vinculó con los grupos guerrilleros durante el mandato de Álvaro Uribe, continuó extendiéndose con Iván Duque. El guerrillero era el terrorista.

La fuerza pública considera que el derecho a la protesta perturba el orden público, tiende a criminalizarla y asociarla con un estado de caos que hay que reprimir

A partir del vínculo entre guerrillero y disenso de cualquier tipo, se persigue todo desacuerdo. Eso implica que la fuerza pública considera que el derecho a la protesta perturba el orden público. En consecuencia, tiende a ser criminalizada y asociada con un estado de caos que hay que reprimir.

El segundo punto, es la búsqueda de enemigos internos que supuestamente amenazan el orden social. Se lleva a la práctica desde una visión excluyente, que resulta antidemocrática, porque los derechos a la protesta y a disentir son principios básicos de la democracia.

Así, la gente exige que la fuerza pública cambie de verdad esta mentalidad, integrando sobre todo los acuerdos de paz, con respeto a la oposición, con respeto al desacuerdo y a los derechos humanos.

JZ: Justamente quería menciona estos acuerdos de paz firmados en el año 2016. Durante todo este período en Colombia se han asesinado sistemáticamente a ex guerrilleros, a dirigentes sindicales, a líderes sociales. Hablamos de no menos de 904 personas.

LQ: El paro también es contra la destrucción de la promesa que implican los acuerdos de paz, destinados a acabar una guerra muy cruenta y avanzar en puntos fundamentales. Por ejemplo, políticas de restitución de tierras. Sabemos que el gran problema de la guerra en Colombia tuvo que ver con la tierra, o con una política de desposesión de la tierra por parte de las élites del país, y con intereses de grandes capitales para proyectos de extracción intensiva.

En Colombia se ha dado una reforma agraria invertida durante todos los años de guerra

Se ha dado lo que en estudios sociales se conoce como un vaciamiento territorial, que propicia el caos y el terror en los territorios para provocar el desplazamiento de las poblaciones y que esas tierras queden en manos de grandes propietarios, que las dedican a la extracción intensiva y extensiva.

En Colombia se ha dado una reforma agraria invertida durante todos los años de guerra. El acuerdo de paz incluía decisiones sobre restitución de tierras y programas para la transformación de los cultivos de coca, porque la producción de coca tuvo que ver con el conflicto armado.

Se acordaron una serie de programas destinados a hacer posible otro país, otro futuro; pero los proyectos que sí se llevan a cabo revelan la verdad fáctica que estuvo en juego en la guerra, en la que todo esto fue impulsado por empresarios que se sirvieron del paramilitarismo para perseguir sus intereses.

Creo que el gobierno actual se ha dedicado a desmantelar estos programas, porque hay una preocupación de que se descubra esa verdad. El paro también va en contra de este desmantelamiento.

JZ: Hay más temas. Por ejemplo, en políticas de salud pública. Se trata de algo fundamental, y no solo por la pandemia.

LQ: Sí, la gente está agotada de ser tratada como vidas que no valen la pena. Hemos tenido programas neoliberales que han reducido el servicio de salud a un derecho poco garantizado y han desmantelado el servicio público de salud. La Ley 100 promovida por Uribe hace muchos años, en los 90, inició ese proceso de privatización y ahora hay una reforma a la salud que quiere extender esa privatización a otros sectores públicos.

Los médicos en Colombia tienen unas condiciones laborales difíciles, reciben muy poco salario, tienen pocas garantías sociales. La salud está a cargo de empresas privadas que siempre ponen problemas para que la gente tenga cobertura. La comunidad está harta de no poder contar con este derecho social.

JZ: Dos teorías de la conspiración o conspiranoicas, como le gusta decir a la gente. La primera dice que lo que se ha puesto en marcha en Colombia es una “revolución molecular atenuada”, frase del neofascista chileno Alexis López. Para resumir, una izquierda buscando el modo de crear el caos para destruir las instituciones del Estado.

LQ: Es una teoría problemática y recientemente invocada por el presidente Álvaro Uribe. No solo tiene que ver con ideas neonazis, sino también con algo tan serio como pretender convertir en objetivo militar a los ciudadanos que protestan. Quiere que se perciba al manifestante como a un terrorista que pone en cuestión el orden social. Lo que llama la atención es que esta noción de revolución molecular disipada realmente trastoca la noción que he estudiado, introducida por Félix Guattari y trabajada por Gilles Deleuze.

Así, originalmente la revolución molecular tiene un sentido antifascista, lo que quiere mostrar es que hay que cambiar nuestros cuerpos, hacer toda una revolución corporal, afectiva, estética, para poder luchar contra esos micro fascismos, esos fascismos moleculares que nos hacen estigmatizar a los otros, que nos llevan a despreciar la diferencia, que nos hacen temer un mundo múltiple.

Para el fascismo, que los cuerpos se vuelvan indóciles, que quieran cambiar el status quo, es peligroso

Paradójicamente, lo que sí necesitamos, es una revolución molecular que cambie las prácticas extractivas expansivas que destruyen al planeta y que pertenecen al capitalismo depredador, que está haciendo el mundo invivible. Para el fascismo, que los cuerpos se vuelvan indóciles, que quieran cambiar el status quo, es peligroso. De modo que esta afirmación de Uribe es muy desfachatada porque pone de manifiesto todo su proyecto fascista.

JZ: La segunda teoría conspiradora es la de aquella gente que acostumbra a decir lo siguiente: Mire, no es nada extraño que en lo que está pasando Maduro tenga metidas las manos.

LQ: En Colombia, los años de guerra tuvieron que ver con las narrativas de la Guerra Fría. La persona de izquierda se considera peligrosa y se desfiguró convirtiéndola en comunista guerrillero. Tuvo que ver con el hecho de que en Colombia hubo movimientos de izquierda que justificaron todas las formas de lucha, y que estuvieron vinculados con movimientos guerrilleros.

Pero, si bien en Colombia se han dado procesos de desmovilización muy importantes, en la fuerza pública no se ha desmovilizado la mentalidad de la Guerra Fría y muchos sectores de la sociedad siguen viendo a la izquierda como un peligro. Esa sensación de amenaza se incentiva al ver cómo el proyecto autoritario de izquierda, desfigurado por Maduro, llevó a Venezuela a una debacle social.

A la derecha -que se ha enriquecido con las enormes desigualdades- no le conviene que haya un proyecto redistributivo que tenga conciencia social

En Colombia, la derecha siempre ha movilizado ese temor para impedir opciones transformadoras en el país. A la derecha -que se ha enriquecido con las enormes desigualdades- no le conviene que haya un proyecto redistributivo que tenga conciencia social. Entonces, tiende a desfigurar como peligroso y amenazante toda iniciativa seria de transformación social.

JZ: Tengo la impresión de que la gente que esgrime estas teorías no se da (o no quiere darse) cuenta de que comete una injusticia. -no comprenden que es una ofensa a todos aquellos que son la mayoría de los que salen a protestar en las calles de forma pacífica porque están hartos de soportar tantas limitaciones y tantos dolores durante tantos años.

LQ: Totalmente de acuerdo. En Colombia, además, hay un nudo ciego que se retroalimenta. Es que, por una parte, están los discursos que promueven el status quo, que son regresivos en derechos, que son de derecha y ultraderecha.

En el paro actual, no se puede hablar de derecha ni de izquierda, aunque prevalezca una demanda muy grande de transformación social

Pero por otra parte, hay una mentalidad institucionalista liberal, que muchas veces teme a las grandes transformaciones. Y esas dos mentalidades han creado nudos ciegos en el país, porque siempre se sospecha cuando hay deseo de transformación en las personas que hoy en día, de hecho, no se inscriben en ninguna opción partidista. La característica del paro actual es que no responde a configuraciones partidistas tradicionales. No se puede hablar de derecha ni de izquierda, aunque prevalezca una demanda muy grande de transformación social. Creo que necesitamos pensar de modo distinto las formas de representatividad y liderazgos tradicionales.

JZ: En toda crisis social, no hablo solo de Colombia, invariablemente, un pequeño grupo, que representa a la minoría más absoluta de la población, aprovecha la ocasión para hacer sus desmanes, para implementar la violencia, para hacer saqueos. Se trata, de una ínfima minoría, pero a veces provoca tal daño que resulta irreparable para la crisis.

LQ: Digamos que en esa cuestión que se suele llamar vandalismo, hay muchas cosas. Por un lado está el interés de los gobiernos de derecha que buscan proteger el status quo asociando la protesta con el vandalismo. Es muy importante tenerlo en cuenta, porque antes de que sucedan las protestas sociales en Colombia, siempre la ciudad se militariza. De antemano se anuncia que se va a tratar la manifestación como problema de orden público.

Segundo, hay investigaciones sobre esto, la policía infiltra la protesta para cometer actos vandálicos, para deslegitimarla.

En tercer lugar, los medios corporativos hegemónicos tienden a enfocarse sólo en los actos de vandalismo, y eso contribuye a la criminalización de la protesta.

En cuarto lugar, mucha gente cansada, a veces de verdad pasando hambre, puede cometer actos vandálicos en medio de la protesta. Esos actos tienen que ver con actores criminales que hacen parte del crimen organizado e incluso micro mafias que existen en Colombia desde hace mucho tiempo. Además, tienen que ver con sujetos simplemente agotados que aprovechan la sensación de caos para agarrar un poco, porque realmente están desesperados y porque en Colombia el orden social ha sido realmente violento con las personas y no ha habido una construcción de un espacio público incluyente.

Reducir el asunto a un desbordamiento vandálico, oculta las complejidades

Entonces, la gente realmente no tiene respeto porque siente que todo lo público ha maltratado sus intereses, malogrado mucho sus vidas. También hay una desafección hacia empresas privadas y demás, que se asocian con políticas extractivas y de desposesión social. Creo que se combinan todas estas cosas, por eso reducir el asunto a un desbordamiento vandálico, oculta las complejidades.

JZ: Soy consciente de que cada país tiene sus particularidades y su propia realidad, pero ¿no le parece que hay, de una u otra manera, cierta vinculación entre las protestas en diferentes latitudes?

LQ: Hay hartazgo con los programas económicos neoliberales y eso está presente tanto en Chile como en Colombia. Sabemos que en Chile se experimentó por primera vez el neoliberalismo y luego se trasladó a otros lugares del mundo. En Colombia hemos sufrido mucho esa política. Se han promovido nuevas formas de autoritarismo corporativo y, en el hecho, los intereses de las grandes corporaciones se funden cada vez más con los poderes del Estado.

Tenemos un Ejecutivo cooptado porque responde a esos intereses de los grandes capitales, que financiaron sus campañas. Un Legislativo que responde a esos intereses, porque hubo financiación de campañas y lobbies; incluso poderes que tienen que ver con el control judicial son atraídos por estas fuerzas. En esta situación, se pierde la división de poderes del Estado, lo que genera una enorme corrupción.

Por otro lado, en el presupuesto nacional se incluye mucho gasto público para defensa y seguridad, y no se trata el problema de fondo, que es la enorme desigualdad social. Hay un hartazgo, porque en Latinoamérica cada vez más son unos pocos los que se enriquecen y muchos los que padecen una precariedad, y su malestar es reprimido.

Hay prácticas de necropolítica destinadas a matar personas para poder desarrollar programas de inversión en ciertos territorios

Incluso en Colombia creo que se repite algo que se ha estudiado en África: hay prácticas de necropolítica destinadas a matar personas para poder desarrollar programas de inversión en ciertos territorios.

Sí, hay vínculos en varios lugares de Latinoamérica que ponen en cuestión los programas neoliberales, que destruyen la vida de personas, como la vida del planeta. La crisis ambiental clama por la necesidad de un cambio de modelo económico orientando hacia un capitalismo menos acaparador, menos acumulativo, más redistributivo, que ponga en cuestión estas formas de capitalismo contemporáneo salvaje.

JZ: Da la impresión, sin poder asegurarlo totalmente, que el gobierno lo que hace es apostar al desgaste de las protestas y a la agudización de las contradicciones en el seno de los que protestan.

LQ: De acuerdo. Lo estamos viendo de manera aguda porque las protestas en muchos lugares están paralizando la actividad económica. Y aunque en muchos lugares se ha comprometido mantener la circulación de alimentos, en otros ya se presenta el desabastecimiento. Ciertos sectores se han debido acordonar para protegerse, porque realmente la brutalidad policial ha sido muy grande.

Pero todo ello puede producir desapego en ciertos sectores de la población que no apoyan del todo la movilización. El Gobierno se aprovecha de ese cansancio y empieza a difundir imágenes de desabastecimiento, de gente que no puede circular, dicen que la gente se siente secuestrada. Son discursos que apuntan a deslegitimar la protesta y a invisibilizarla. Es un momento complejo porque esta manifestación no se deja conducir por los líderes de oposición, porque excede esa representatividad.

JZ: Tenemos a lo menos treinta y siete muertos, muchísimos desaparecidos, mucha gente herida. Y ahora ¿qué? ¿Cómo se supera esta grave situación?

LQ: La respuesta a esa pregunta es muy compleja, pero la conversación nacional que promueve el Gobierno no puede incluir a los mismos sectores de siempre. Tienen que sentar a personas que han tenido una representatividad en las calles, en los territorios, y escuchar. Este gobierno ha sido sordo, no escucha, desprecia realmente a la gente, solo escucha a los gremios. Hay que sentar a quienes están hoy en día las calles, escoger líderes de allí y escucharlos.

En esos diálogos tiene que prevalecer la verdad acerca de qué pasó con las personas desaparecidas. La cifra exacta no se conoce, pero se habla de 900 personas, otros, como la Defensoría del Pueblo, habla de 500 y pico. Es decir, es muy grave que en pocos días de protesta haya tantas personas desaparecidas. En cuanto a los muertos, ya las cifras parecen superar los 40. Es un caso de violencia social muy grave.

Hasta que no se escuche a la gente y no se reconozcan que los hechos tan graves no son meramente desmanes, va a ser muy difícil canalizar el descontento

Asimismo, creo que es indispensable lograr acuerdos económicos, que tengan en cuenta las necesidades de las personas, porque no se pueden diseñar programas con expertos en economía neoliberal, que desconocen por completo las condiciones de la gente. Ese era uno de los problemas de la anterior reforma tributaria, que incluía un supuesto subsidio solidario para las personas en peores condiciones económicas, pero lo hacía exigiendo un sacrificio de las clases medias, que también se sienten muy precarizadas.

Todo eso, más una conciencia de que hay que cambiar la mentalidad de la fuerza pública. Son cuestiones que van de la mano con respetar lo acordado en los acuerdos de paz, y suspender programas neoliberales como la planeada reforma de la salud, que exacerba el malestar social.

Hasta que no se escuche a la gente, hasta que no se reconozcan los hechos tan graves que no son meramente desmanes y abusos e irrespeto a los derechos humanos, va a ser muy difícil canalizar el descontento y hacer algo constructivo con él.

Pero creo que a mediano plazo Colombia está llamando a un proyecto diferente de país, y ojalá que en las elecciones del 2022 podamos elegir una opción política más consciente de los agudos problemas sociales que vive el país.

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