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¿Los derechos humanos no son revolucionarios? ¡Qué bueno!

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Los derechos humanos ya no son “revolucionarios”, pero eso es algo bueno. EnglishFrançais


Wendy H. Wong
12 August 2015

Recientemente en openGlobalRights, Joel Pruce y Doutje Lettinga se lamentaron de la naturaleza no revolucionaria (antirrevolucionaria, incluso) de los derechos humanos. El éxito ha hecho que las ONG orientadas hacia los derechos humanos se vuelvan “blandas”, lo que les ha ganado el reproche de críticos como las músicas y activistas rusas de Pussy Riot. Con más severidad, algunos afirman que las agrupaciones internacionales como Human Rights Watch ahora son cómplices del imperialismo y el militarismo estadounidenses.

Estos críticos se equivocan en sus conclusiones, aunque sus observaciones son correctas. Sí, los derechos humanos “ya no son revolucionarios”, pero eso es algo bueno, no un punto débil. Se están incorporando conceptos de derechos humanos al lenguaje y las prácticas de los Estados poderosos y las grandes corporaciones, lo que ayuda a hacer del mundo un lugar mejor y más seguro.

Los derechos humanos ya no son el territorio de un puñado de “radicales”, se han incorporado a la corriente principal; ya no son un concepto para uso de los revolucion-arios, sino algo que todos pueden interiorizar. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, se han integrado nociones vagas y ambiciosas de lo que se necesita para preservar la dignidad humana al discurso no solo de los académicos y activistas progresistas, sino también al de activistas conservadores, funcionarios estatales, los medios de comunicación y los magnates corporativos. La ubicuidad de los derechos humanos ilustra cómo el concepto, la posibilidad y la protección de los derechos han, en efecto, perseverado. Los derechos humanos ya no son el territorio de un puñado de “radicales”, se han incorporado a la corriente principal; ya no son un concepto para uso de los revolucionarios, sino algo que todos pueden interiorizar.

Pruce tiene razón al señalar que muchos actores que no pertenecen a la esfera de los derechos humanos utilizan el término “derechos” para caracterizar sus causas. Es cierto que algunos de estos usos pueden no alinearse con la historia de los derechos humanos, como cuando los grupos religiosos o pro familia utilizan el lenguaje de los derechos para negar los derechos LGBT o promover el discurso del odio. Sin embargo, es erróneo decir que los derechos parecen “no [significar] nada en particular” porque se aplican a todos o porque aparentemente todos los utilizan. En cambio, es posible ver este uso amplio y mundano del término “derechos” como su universalización. En vez de negar los derechos de otro grupo, estos grupos están afirmando los suyos. Aunque ciertamente hay apropiaciones cuestionables del término “derechos humanos”, el mal uso del término también, perversamente, demuestra el poder de la idea de los derechos humanos.

Por ejemplo, Clifford Bob ha estudiado el uso de los derechos como armas y el despliegue del lenguaje de los derechos para causas nacionalistas y otros tipos de causas no universalistas. ¿Por qué estas personas utilizan el término “derechos” cuando podrían presentar sus causas en cualquier cantidad de maneras distintas? Como James Ron y sus colegas han descubierto a través de las encuestas de opinión, las personas a menudo tienen asociaciones positivas con los derechos humanos y una percepción favorable del término.

Para bien o para mal, los derechos humanos se han convertido en el vocabulario para muchos movimientos globales y locales contemporáneos.

No existe un movimiento único de derechos humanos. Hay movimientos de derechos humanos que reivindican formas alternativas de definir los derechos humanos, lo que implica determinar la esencia de ser humano; algo que en sí debería ser “apolítico”. Sin embargo, esto no significa que el proceso de definición sea apolítico y sin controversia. Consideremos cuánto ha avanzado el campo de los derechos humanos hasta el día de hoy: desde 1948, la ONU ha apoyado nueve tratados vinculantes adicionales y nueve protocolos facultativos que exigen la acción de los Estados para proteger los derechos humanos.

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Flickr/hobvias sudoneighm (Some rights reserved)

Free internet at the Toronto Reference library. "We have expanded our human rights lexicon, and we continue to add to it. Who would have thought digital privacy and Internet access would one day be debated as a human right in the mid-20th century?"


Hemos ampliado nuestro léxico de derechos humanos, y seguiremos añadiendo términos. ¿Quién hubiera pensado a mediados del siglo XX que la privacidad digital y el acceso a Internet algún día se discutirían como derechos humanos? O consideremos el uso de armas particularmente inhumanas o mortíferas por parte de los Estados; alguna vez, estuvo protegido contra las críticas de actores no estatales. Hoy en día, los activistas han montado campañas internacionales, como las campañas para prohibir o limitar el uso de minas terrestres antipersona (la Convención de Ottawa), las municiones en racimo, el comercio internacional de armas y las armas nucleares con la campaña Global Zero. Incluso las empresas han comenzado a incorporar los derechos humanos en sus prácticas cotidianas mediante esfuerzos de responsabilidad social corporativa como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas; iniciativas privadas de vigilancia como el  Informe ambiental, social y de gobernanza de Goldman Sachs; el replanteamiento después de la tragedia de Rana Plaza, y los llamamientos para que el sector privado responda a los crímenes de atrocidades en masa y otras violaciones de los derechos humanos.

Sí, es probable que algunas de las afirmaciones formuladas en el lenguaje de los derechos humanos sean desacertadas, pero los derechos humanos les pertenecen a todos. En consecuencia, algunos usos y comprensiones del concepto serán poco estimulantes para algunas personas, pero increíblemente gratificantes para otras.

No actuemos como si alguna persona tuviera el monopolio sobre el uso correcto del término “derechos humanos” y como si la ampliación de conceptos solo estuviera ocurriendo en la derecha política. Para algunos, definir la pobreza como una violación de derechos humanos podría resultar útil, ya que presta urgencia a las políticas de redistribución, crecimiento y bienestar. Para otros, sin embargo, la clasificación de la pobreza como un problema de derechos humanos puede ser reduccionista, imprudente y equivocada, ya que la pobreza puede estar profundamente arraigada y ser sumamente polifacética. El rechazo de esta representación de la pobreza puede venir tanto de la derecha como de la izquierda. Entonces, ¿quién está en lo “correcto”? De hecho, no existe una respuesta completamente correcta, así que no pretendamos que alguno de nosotros “sabe realmente” cuál es, y cuál no es, la definición correcta. Lo que sí sabemos es que los derechos parecen ser un marco muy atractivo para todo tipo de grupos con reivindicaciones políticas.

La lección para llevar a casa es la siguiente: los derechos humanos son cada vez más una parte de nuestro discurso moral, y como tal, se debaten, se usan y se abusan de todo tipo de maneras. Si esto significa que los derechos humanos ya no son “revolucionarios”, eso es algo más que aceptable; incluso positivo. En lo personal, siempre me parece mejor ser “aceptados y discutidos” que “subversivos pero ignorados”.

Una versión de este artículo se publicó originalmente en Duck of Minerva.

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