Calles vacías, mentes llenas. El temor de contraer el coronavirus ocupa el pensamiento de los residentes de Maré, el complejo de favelas de Río de Janeiro, Brasil, con una confrontación aún mayor que el resto de la ciudad, del país o hasta mismo del mundo. Otras amenazas cotidianas también atraviesan la vida en las favelas, como el desempleo, la violencia armada y la falta de derechos básicos. Para aquellos que enfrentan problemas psicológicos, la llegada de la Covid-19 hizo aún más necesaria la atención a la salud mental. Seis meses después, las actividades económicas vuelven mientras se confirman más de 14.000 casos de la enfermedad en comunidades populares de Río de Janeiro, según el mapeo del Painel Unificador Covid-19 Nas Favelas, divulgado el 5 de octubre.
Los desafíos de esta crisis fueron pronosticados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trató la pandemia no sólo como una cuestión sanitaria y humanitaria, sino también como una cuestión de salud mental. Alrededor del 30% al 50% de las personas que ya están en una situación de vulnerabilidad socioeconómica y psicosocial, como los residentes de las favelas, tienen más probabilidades de desarrollar algún malestar psicológico o enfrentar un empeoramiento de los síntomas.