Personalmente, tuve la mala suerte de vivir en Río de Janeiro cuando Jair Bolsonaro se convirtió en el diputado más votado en la historia del estado y en los Estados Unidos cuando Donald Trump ganó las primarias republicanas. Este año, viviendo en Portugal, la pesadilla parece volver. André Ventura, el nombre local de la extrema derecha, sigue ganando terreno a una velocidad impresionante. Su partido obtuvo el 1,29% de los votos en las elecciones legislativas de octubre de 2019, logrando elegir un diputado por primera vez. Poco más de un año después, André Ventura recibió el 12% de los votos en las elecciones presidenciales de enero de 2021.
Considerando las realidades sociales de cada uno de sus países, Trump y Bolsonaro siempre me parecieron tener discursos muy “vendibles” que serían fácilmente aceptados por la población. Ambas sociedades tenían problemas innegables y los dos futuros presidentes tenían respuestas a esos problemas. Bolsonaro era un capitán retirado del ejército brasileño, que propuso una respuesta contundente a la violencia y el crimen que azotan a Brasil. Trump era un outsider en un país que encontró en su elevado número de inmigrantes el enemigo perfecto que "les robaba oportunidades de trabajo". Ambas eran voces antidemocráticas y racistas que proponían respuestas simplistas a problemas sociales complejos.
En el continente americano parecía fácil comprender sus éxitos electorales. ¿Y André Ventura? Es importante contextualizar la situación social portuguesa.