La discriminación y la violencia contra las comunidades LGBTQ del Brasil están muy extendidas, aunque a menudo no se denuncian. Consideremos el caso de Julio Haag, un joven profesor de escuela, que hace unos años fue golpeado por una pedrada cuando volvía a casa después de dar clase. Su atacante afirmó que Julio, que es gay, lo miraba de forma insinuante. Años más tarde, Julio consideró la posibilidad de presentarse como candidato a la alcaldía de Sarapiranga, un pequeño municipio de Río Grande do Sul. Retiró su candidatura cuando sus perfiles en los medios sociales se vieron inundados de correos de odio homofóbico y amenazas. Le preocupaba que el siguiente mensaje que llegara a su cabeza pudiera ser una bala.
En el Brasil, las personas LGBTQ son acosadas y victimizadas de manera desproporcionada precisamente por ser quienes son. Una razón es la profunda tensión del conservadurismo social en la sociedad brasileña. Otra es que Brasil es extremadamente violento: el país tiene el mayor número absoluto de homicidios del mundo, incluyendo muchos que son resultado de crímenes de odio. Más de 150 personas transgénero fueron asesinadas en Brasil hasta septiembre de 2020. Esto es un 70% más alto que en 2019, lo que significa que el país tiene los niveles más altos de violencia contra los transexuales en el mundo según la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (ANTRA).
Las dimensiones completas de la violencia contra las personas LGBTQ aún no están claras. Esto se debe a que los datos oficiales y no gubernamentales sobre la violencia física y digital dirigida a gays, lesbianas, bisexuales, homosexuales y transexuales son irregulares y desiguales.