La invasión rusa de Ucrania está entrando en una nueva fase peligrosa e impredecible con radicales implicaciones geopolíticas, geoeconómicas y geodigitales.
Lo que comenzó como un intento del Kremlin de conceder unilateralmente la soberanía a los estados secesionistas de Luhansk y Donetsk se convirtió rápidamente en un asalto a gran escala para derrocar el gobierno y ocupar toda Ucrania. En cuestión de días, Estados Unidos, la Unión Europea, Australia, Canadá y Japón, así como otros socios de la OTAN, promulgaron conjuntamente amplias sanciones contra los bancos privados rusos y la élite política y empresarial, aislando gravemente al país de la economía mundial. Se impusieron sanciones antes impensables, como la restricción del acceso a SWIFT de los grandes bancos rusos, el corte de los suministros de tecnología y la restricción de los vuelos y el transporte de mercancías a Rusia.
A pesar de las solemnes promesas de apoyo a Ucrania por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas y los Estados occidentales, la OTAN está decidida a evitar el envío de fuerzas al país o la imposición de una zona de exclusión aérea por temor a provocar una guerra mundial. El ejército ruso ya ha tomado varias ciudades del sur y está preparado para invadir la capital, Kiev, y el presidente Vladímir Putin y sus generales han prometido responder a cualquier injerencia extranjera con una fuerza "devastadora", presumiblemente con armas nucleares. Lo que suceda a continuación es muy difícil de predecir, pero será la evolución más transformadora de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.