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Netanyahu en campaña electoral puede agravar el aislamiento de Israel

Un próximo gobierno podría pagar el precio de que el primer ministro insista en la línea dura en materia de seguridad para ganar votos

Netanyahu en campaña electoral puede agravar el aislamiento de Israel
Benjamín Netanyahu está sacrificando la reputación internacional de Israel para ganar las elecciones | Ilia Yefimovich / AFP vía Getty Images
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Aunque Donald Trump insiste en que su plan para Gaza será aceptado, es muy improbable que Benjamín Netanyahu acepte un acuerdo de este tipo antes de las elecciones generales israelíes de octubre. Su respuesta inmediata fue clara: no habrá retirada militar israelí alguna hasta que Hamás esté completamente desarmado.

Se deduce de esto que las perspectivas para los dos millones de palestinos hacinados en apenas un tercio de la superficie original de Gaza dependen en gran medida de que Netanyahu se mantenga o no en el poder. Pero incluso si pierde, la oposición en la Knesset (parlamento) está tan dividida que no hay garantía de que un futuro gobierno busque un acuerdo justo con los palestinos.

Si bien la disminución del apoyo a Israel en Estados Unidos es una gran preocupación para Netanyahu, la opinión pública interna israelí es, por ahora, mucho más importante. En los próximos dos meses, intentará atraer la atención de los votantes hacia la seguridad nacional, machacando insistentemente en los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.

En particular, Netanyahu hará hincapié en la necesidad de que los israelíes tengan pleno control sobre Gaza. Los ataques aéreos israelíes sobre el territorio continuarán y probablemente se ampliarán, lo que provocará reacciones de Hamás. Es muy posible que también intente elevar las tensiones en la Cisjordania ocupada y en Jerusalén Oriental, cuya seguridad espera convertir en otro tema clave para los votantes.

Las incursiones de extremistas religiosos judíos, respaldadas por el gobierno, ya están aumentando en Cisjordania, alentadas por el ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, quien encabeza una poderosa facción de la coalición gobernante. Hace dos semanas, Ben Gvir lideró a más de 2.000 israelíes que irrumpieron en el recinto que rodea la mezquita de Al-Aqsa e incluso rezaron allí – para muchos, uno de los lugares más sagrados del Islam –, en lo que, según funcionarios jordanos, fue la peor violación de la historia moderna. Según un acuerdo de décadas entre Israel y Jordania que regula el statu quo de la Explanada de las Mezquitas, el ingreso no está vedado para los judíos, pero sí rezar en ella.

Netanyahu también intentará centrar su campaña en las continuas tensiones con el régimen de línea dura de Irán, así como con la milicia religiosa Hezbolá en el Líbano y los grupos paramilitares islamistas en Siria e Irak.

Los críticos pueden argumentar que muchos de estos problemas se derivan de los fracasos de la propia coalición de Netanyahu, pero esto tiene sorprendentemente poco peso en Israel en la actualidad. Incluso el argumento de que el apoyo público a Israel en EEUU se está desvaneciendo puede darse la vuelta; al fin y al cabo, Trump ha demostrado ser tan impredecible que Israel debe estar siempre preparado para actuar por su cuenta.

En cualquier caso, el peligro a largo plazo para los futuros gobiernos israelíes puede no derivarse de factores locales o regionales, sino de la comunidad internacional – en particular, de los aliados tradicionales de Israel en Occidente.

El apoyo mundial a los palestinos creció en medio de la destrucción casi total de Gaza, perpetrada por Israel desde octubre de 2023, que dejó cerca de 100.000 personas muertas o desaparecidas y a los sobrevivientes atrapados en una prisión a cielo abierto. Es probable que este apoyo no haga más que aumentar a medida que surjan más pruebas de los horrores israelíes.

En el Reino Unido, por ejemplo, se publicaron dos nuevos libros que recogen testimonios de primera mano sobre el trato que reciben los palestinos. Uno es Complicit: Britain’s Role in the Destruction of Gaza, del periodista Peter Oborne, un informe con abundantes referencias sobre el apoyo del Reino Unido a Israel; y el otro es The Gaza Tribunal: Britain’s Complicity in Genocide, que detalla las conclusiones de una investigación llevada a cabo por el exlíder laborista Jeremy Corbyn y los abogados de derechos humanos Neve Gordon y Shahd Hammouri.

El tribunal, que Corbyn puso en marcha después de que el Parlamento británico se negó a investigar, se reunió en Londres y escuchó testimonios – plagados de detalles espeluznantes – de profesionales internacionales de salud que trabajaron en los hospitales de Gaza.

En los últimos 80 años, los sucesivos gobiernos israelíes han considerado necesario destinar recursos considerables a mantener numerosas relaciones de amistad con políticos influyentes y otras figuras gubernamentales de todo el mundo. En las primeras décadas del Estado de Israel, esto no resultaba en absoluto sorprendente, dados los recuerdos de los horrores del Holocausto.

Algunas de estas relaciones se han enfriado en los últimos años. Actualmente, Netanyahu y otros miembros de su gobierno lo consideran un problema menor, pero bien podría convertirse en uno mayor en los próximos años, sobre todo porque el atroz trato que reciben los palestinos apenas llama la atención de la mayoría de los judíos israelíes.

Algunos políticos israelíes ya están empezando a preocuparse por el hecho de que varios Estados europeos están prohibiendo productos exportados desde los asentamientos ilegales de Cisjordania. Temen nuevas restricciones económicas internacionales, como boicots, desinversiones y sanciones.

Un indicador de esta tendencia puede aparecer en el Reino Unido. Los últimos gobiernos británicos mantuvieron el compromiso de controlar el rechazo público a la política de Israel hacia a los palestinos, incluyendo interpretaciones legales novedosas de terrorismo que determinaron el arresto de miles de manifestantes. Cabe esperar que el nuevo gobierno del laborista Andy Burnham enfrente una fuerte oposición si adopta el mismo enfoque. Pero si cambia de rumbo, quien sea que gane las próximas elecciones en Israel debería tomar nota.

Paul Rogers, corresponsal de seguridad internacional de openDemocracy, es profesor emérito de estudios para la paz en el Departamento de Estudios sobre la Paz y las Relaciones Internacionales de la Bradford University, y miembro honorario del Joint Service Command and Staff College. Su cuenta en X es @ProfPRogers.

Paul Rogers

Paul Rogers

Paul Rogers is Emeritus Professor of Peace Studies in the Department of Peace Studies and International Relations at Bradford University, and an Honorary Fellow at the Joint Service Command and Staff College. He is openDemocracy’s international security correspondent. He is on Twitter at: @ProfPRogers.

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