La serie de votaciones que tendrán lugar este año en América Latina pondrán a prueba la robustez de sus sistemas democráticos. Representan una manera democrática de canalizar las tensiones políticas y sociales que irán en aumento a medida que el profundo impacto económico de la pandemia en curso de deje sentir.
Ecuador
Así, con las complicadas elecciones presidenciales de Ecuador empezó un intenso año electoral en América Latina. A casi dos semanas de esos comicios, aun no está claro quién va a enfrentarse en segunda vuelta a Arauz, el candidato del correísmo, que ganó con un 32%. Con Lasso y Pérez empatados con un 20% cada uno, la disputa por el puesto que da el pase a la segunda vuelta confunde a los electores y hace que planeen acusaciones de fraude, que minan la legitimidad de los resultados. La autoridad de la Comisión Nacional Electoral (CNE) ha quedado en cuestión, y con ello el sistema entra en crisis. Si al final gana Lasso, el candidato de la derecha, es muy probable que Arauz, con Correa, condenado por corrupción y huido a Bruselas moviendo los hilos, sea presidente en la segunda vuelta. Si gana Pérez, el candidato del movimiento indígena que propone acabar con el extractivismo, las espadas estarán en alto. Pero parece que Pérez aportaría una renovación democrática que no quiere el establishment, ni el correísta ni el anticorreísta. Por eso mismo es poco probable que la CNE resuelva a su favor.
El Salvador
No es éste un buen comienzo para el ciclo que se viene. El 28 de este mes de febrero se celebrarán las elecciones legislativas y locales en El Salvador. Una victoria de "Nuevas Ideas", el partido del actual presidente Nayib Bukele, quien llegó al poder sorpresivamente como campeón de la renovación y de la lucha contra la corrupción con su partido, reforzaría su control cada vez más férreo del país. Pero Bukele intentará apuntalar en el congreso su deriva autoritaria, su discutible manejo de las violentas bandas criminales (maras) que atenazan el país y la alargada sombra de la corrupción que también le cubre. No son buenas noticias para el juego de la pluralidad en la democracia salvadoreña en ningún caso.